Quien haya tenido la oportunidad de leer a lo largo de estos años los escritos de Raúl Suffriti (contador público, otrora dirigente sindical y últimamente novelista) relacionados con la problemática del tango y sus múltiples dimensiones, seguramente no habrá dejado de advertir los alcances de un enfoque, a partir del cual esta expresión artística, más allá de su valor precisamente estético y de su capacidad de generar sentimientos de toda índole, deviene en venero en el que se juegan las infinitas posibilidades de la condición humana.
Distante a su vez de esa retórica sensiblera, esquemática y no exenta de un simplismo a veces ingenuo de la crítica convencional del género como así también del protocolo de rigurosa objetividad exigible en determinados espacios académicos, Suffriti opta por una modalidad indagadora que no se limita a la mera referencia ni se atiene a las "citas de autoridad" sobre el tema. Más bien podría decirse que sus categorías de análisis han de provenir de una especial predisposición a encontrar, -en el caso concreto de la poética de Enrique Santos Discépolo- materia prima para "meditar gozando" sobre aquellos temas que tienen que ver con estados existenciales caros a sus motivaciones personales: desde planteos de raíz ética a la búsqueda denodada de trascendencia, desde la opción decididamente política a una mirada filosófica del mundo capaz cuenta de la razón y del sentido del "oficio de vivir".>
Desde la perspectiva citada, Las claves reiterativas de Enrique Santos Discépolo y Algo sobre la muerte de Enrique Santos Discépolo (dos enfoques editados de modo original en un solo volumen) no pueden ser leídos sino como partes de un encadenamiento discursivo de largo aliento cuyo sentido último se encuentra en el acto de revisar y confirmar datos, plantearse una y otra vez añejos y nuevos interrogantes, formular marcos hipotéticos, descifrar enigmas suscitados tanto por la inaprensible personalidad del autor de "Cambalache" como por la riqueza de su universo poético. Inagotable como el caudal de virtualidades que el mismo ofrece, es la inquietud afectiva e intelectual de Suffriti por hallar vías de ingreso a sus rincones más recónditos, a sabiendas de que no se trata de lidiar con un "creador más" o con un compositor de versos dotado de mayor o menor capacidad en el arte de rimar y ritmar con cierta felicidad. Por el contrario, la intención del autor que nos ocupa es la de hurgar en el orbe creativo de un "peso pesado" de la cultura nacional (a pesar de su precariedad física), alguien lo suficientemente insólito y contradictorio como para plantear descarnadamente los costados oscuros de una sociedad poco proclive a apiadarse de aquéllos dejados a merced de una suerte que suele ser "grela" y al mismo tiempo un sujeto marcado por una rara vulnerabilidad que lo hace pasible a desalientos y depresiones.>
Alguien que llegó a ser profeta en su tierra (el profeta que "tuvo razón" al decir de Sergio Pujol) pero con un alto costo adicional cuando tuvo la osadía de enfrentarse a los poderes reales y simbólicos operantes en la última etapa de su vida.>
Resulta llamativa, desde este ángulo, la forma en que Suffriti trabaja las dimensiones humanas y poéticas de Discepolin configurando una suerte de imaginario a partir del cual adquieren nueva vida composiciones paradigmáticas del poeta del "talento enorme y su nariz". No tanto en este caso por las resonancias íntimas que todo buen tango produce sino por las posibilidades de buceador que de alguna manera permiten emerger un "nuevo" Discépolo con su modo tan particular de hacer política, plantear problemas que hubieran desvelado a más de un teólogo y actuar como llamador persistente ante la "indiferencia" de sus contemporáneos para decirles que "la tierra está maldita y el amor con gripe en cama".>
�Cómo rastrear esa lucidez profética? �De qué forma pueden ser elaboradas y así convertidas en experiencias de vida? Suffriti insinúa un comienzo: "Sólo hay que leerlas para ver (...) condensados en dos o tres minutos toda una exposición clara y bella sobre los aspectos más importantes de las relaciones sociales, de la vida y los misterios del hombre".>
Lejos de quedarse, empero, en la superficie de la anécdota, esa invitación a la lectura implica no sólo llegar al meollo de la indagación y encontrar así el sentido último de todo un trabajo de exploración sino también del señalamiento de un camino a partir del cual es factible interpretar el mundo en clave discepoliana desde variadas perspectivas.>
Podría llevarse a cabo ese camino rastreando algunas de las obsesiones que "horadaron el alma" del creador, tales como el espanto de ser considerado un gil o la necesidad imperiosa de sacudir la mentalidad de la gente (sin dejar de lado la necesidad compulsiva de ser redimido y redimir a toda costa). Se podría también, siguiendo la línea de análisis del autor que nos ocupa, partir del drama íntimo o de la lacerada pintura de los antivalores que corroen una sociedad o hacer pie en el episodio jocoso protagonizado por la chorra engañadora o en la dolorida imprecación a un Dios acaso demasiado distraído. Cualesquiera sean las manifestaciones aludidas en ese universo cargado de paradojas como es el discepoliano, la mirada exploradora estará dirigida a interpretar a la luz de una conciencia contemporánea la densidad semántica de ese "mensaje". Dicho de otra manera, Suffriti se suma a aquellos que desde décadas vienen tratando de aproximar y "aprojimar" a Discépolo y con ello hacerlo más vivo y actuante. Sin dejar de tener en cuenta que, a su condición de lector entrenado en los avatares interpretativos del tango se le agrega un sentido de lo religioso y un impulso militante de vida capaz de hacernos ver de qué manera el hacedor de "Cafetín de Buenos Aires">
-parafraseando a Jorge Gottling- es capaz no sólo de seguir "mordiendo" sino de hacernos sentir más disponibles, más inquietos y sobre todo más humano.>
Por Osvaldo Raúl Valli