Era la época del posresurgimiento, en la que Italia, curadas en parte las grandes heridas del pasado, se disponía a afianzar su conciencia histórica y socio-política, así como ya lo habían experimentado otros pueblos de Europa y del mundo.
Por otra parte, se sabe que la humanidad desde sus albores y durante su peregrinar sintió la constante necesidad de canalizar sus aspiraciones personales y sociales por medio de instituciones capaces de nuclear y a la vez responder a todas sus iniciativas.>
A la organización de una de estas instituciones se abocó el gran escritor Giosué Carducci, recogiendo las propuestas coincidentes del cónsul general de Italia en Alejandría de Egipto y del triestino Giacomo Venezian, sobre la necesidad de crear escuelas italianas en el exterior. Contando además con el beneplácito de los representantes más ilustres del pensamiento y de la cultura italiana se lanza un manifiesto invitando a los italianos a adherirse al proyecto:>