SEÑAL DE AJUSTE

Tan lunes

Ilustración Lucas Cejas.. 

-Yo soy esta noche la voz del pueblo-, declaró Diego Armando Maradona, el lunes, en su debut como jurado de "Bailando por un sueño 3".

-Más que nunca, Diego, más que nunca-, lo sobó Marcelo Tinelli, que lo había presentado como tal, es decir, como vocero de "la gente", luego de señalar la silla que había dejado vacía el irritable Gerardo Sofovich, con la música de fondo de "El Padrino".

En ese contexto de adulaciones empalagosas donde lo festejan hasta la exasperación y lo llaman "ídolo", el ex jugador se comportó con humildad, aplastado por la erudición de Reina Reech, Moria Casán y Jorge Lafauci, cuyos conocimientos sobre charleston y lambada, los ritmos de la jornada, dejaron sin palabras a La Voz del Pueblo que, saludablemente, se limitó a votar guiado por su intuición y reconociendo de su falta de sapiencia en materia coreográfica.>

El impacto producido por la presencia de Maradona sucedía a otros acontecimientos igualmente interesantes para el espectador que venía del prime time del 13, ya que, en "Sos mi vida", el Comandante Rayo había revolcado a Terremoto Díaz (Toti Ciliberto). En el rol del enmascarado con calzas, el cobarde Quique (Carlos Belloso) había sido reemplazado por Martín Quesada (Facundo Arana). En realidad, el galán también fue sustituido, en este caso por un doble, ya que le dolían los riñones, según se anunció previamente en los medios, escamoteando la magia del encuentro.>

La lucha entre ambos gladiadores baratos fue una noticia anticipada en campaña de prensa, como todo lo que se considera "acontecimiento" en una tira, es decir bodas, muertes, nuevas identidades y desfloraciones. Al final del capítulo, el verdadero impacto lo produjo la aparición de la hermana de Quique, interpretada por el mismo Belloso, una re-trola que seguramente se convertirá en una fuerte atracción de "Sos mi vida", ya que los constantes anuncios de casamiento con La Monita de parte de Martín Quesada ya comenzaron a aburrir a los seguidores.>

Nadie se aburre, en cambio, con "Bailando por un sueño", aun cuando existen los amargados de siempre que no se explican la atracción lograda por el programa de Marcelo Tinelli, a quien todos consideraban acabado después del Mundial. El formato reúne los atributos infalibles de la tele, es su quintaesencia misma: un show musical de aquellos que ya no se veían en la pantalla pequeña, un concurso con suspenso, chicas lindas, la resurrección de figuras olvidadas que todos ya creían momificadas, un animador carismático, sobreactuación de un jurado arbitrario, voto popular, malicia, vanidad y competencia, leves acciones de beneficencia y peleas que no son reales ni falsas, porque son peleas mediáticas, es decir, una categoría nueva en la historia de la civilización que no puede ser analizada en los términos de los griegos. Todo en vivo y con público.>

El día anterior, desde el púlpito, monseñor Bergoglio había denunciado la marginación de la clase pasiva, y a la noche siguiente, como ejemplo vivo del sermón, ahí estaba María Valenzuela, descalza, bailando lambada con un correntino que podía ser su nieto. Todo tiene su precio: le dolía la cintura y estaba con antiinflamatorios, de manera que el movimiento de cadera llamado "latigazo" no fue bien logrado, como hizo constar el jurado, con una expresión un poco desubicada de Moria Casán. "Le faltó alegría", dijo de la exhibición de Valenzuela, sin considerar un dolor de cintura que sólo fue interpretado humanamente por Maradona, al premiarla con diez puntos y compararla con el heroísmo del jugador que aun estropeado sale a la cancha.>

De la un poco fatigosa jornada de lunes habría que destacar la incorporación del santafesino Guillermo Conforte, de buen debut bailando con Carla Conte; el triunfo de Eliana Guercio y su soñador Diego Viera, y la eliminación de Evangelina Carrozo, la reina del corso de Gualeguaychú, quien, por lo visto, tiene más futuro en la farándula que cortando rutas.>

Roberto Maurer