La naturaleza de animal político del presidente Néstor Kirchner hace que siempre se muestre en campaña, pese a que él asegura que no lo está. Este tic, que quizás el presidente no advierta porque lo tiene demasiado arraigado tras muchos años de gestión, le ha permitido hacer ante la Asamblea Legislativa una suerte de "Discurso sobre el Estado de la Nación" en el que hasta se dio el gusto de justificar la palabra maldita, "inflación", sin que nadie se hiciera cruces, ni siquiera por aquel recuerdo que fulminó a Raúl Alfonsín.
La extensa y, aún para su gusto, cansadora alocución presidencial tuvo tres partes centrales: mucho de marketing por lo pasado, poco sobre el derrotero a seguir en lo que queda de este complicado año electoral y algunas notorias lagunas sobre cuestiones más que conflictivas.>
En la enumeración hacia atrás, Kirchner se lució con dominio de la escena y varios ases en su mano: desgranó un preciso inventario de todos sus logros estadísticos en materia económica y social que, como todas las comparaciones siempre permiten alguna manipulación, y las mezcló con jugosas entrelíneas fuera de libreto que justificaron esos méritos desde el plano de las ideas.>
En este aspecto, Kirchner está seguro de que la gente quiere lo que él pregona y por eso se puso de modo permanente del otro lado, al estilo de discriminar entre réprobos y elegidos, a "los representantes de las escuelas económicas que nos asesoraban" y a la maldad intrínseca de la década del 90. "Déjennos con nuestro manejo primario de la administración con sentido nacional", propuso con ironía.>
También habló de salir de las "recetas únicas y enlatadas" y defendió su heterodoxo "modelo argentino" de cuño bien peronista que prioriza el consumo, la inversión del Estado en infraestructura, especialmente para que no se la vuelva a considerar un gasto, y la activa participación estatal en las empresas. >
"Queremos una sociedad viva", dijo el presidente para criticar lo que llamó el "país de los gerentes" y para apropiarse del "derrame que tanto nos prometieron". En este aspecto, Kirchner tomó un riesgo muy alto con su definición más controvertida: "Es natural que algunas variables tengan alguna movilidad. Tenemos algo de inflación, pero bajamos la pobreza", explicó sin tomar en cuenta que son los pobres los que más sufren cuando ese poquito que no molesta se espiraliza.>
En cuanto a las cosas que no dijo habría que consignar que Kirchner para nada contempló la actual situación internacional, de la que la Argentina depende hoy de modo notorio. Un estornudo más fuerte de China, con baja de precios de commodities podría provocar en la economía una menor recaudación por menores retenciones, el achicamiento de subsidios y el sinceramiento de los precios, con un sacudón social más que manifiesto.>
En el discurso no hubo mención alguna sobre el principal flagelo que la sociedad hoy reconoce como su karma: la "inseguridad", palabra que ni siquiera fue pronunciada. >
Otra cuasiomisión presidencial fue la cuestión del medio ambiente, hasta el año pasado, fruto del desvelo oficial para justificar el caso del conflicto con el Uruguay por las pasteras, plano que desapareció para darle lugar al dolor que el presidente dijo que siente por la divergencia, que ahora se coloca en el plano de las relaciones exteriores.>
Tampoco Kirchner explicó por qué la Argentina tiene poca inserción internacional y que hoy Venezuela parezca su casi único aliado y amigo preferencial. "Nadie se subordina ideológicamente a nadie", explicó para justificar el acercamiento a Hugo Chávez.>
Por último, la cuestión de las reservas internacionales también tiene sus bemoles, ya que no es del todo cierto que sean "genuinas" y que la contrapartida de ellas no sea el endeudamiento, como en los años 90. >
Debido a la triangulación que hace el Banco Central de la República Argentina para sacar dinero del circulante, buena parte de ellas han sido compradas con Letras y no con superávit fiscal, el único modo genuino que tiene el tesoro de obtenerlas para sí.>
Además, muchas de ellas están indexadas por CER y a plazos menores que los bonos 2007/08, justamente lo que Kirchner criticó de los "magos de la economía" que hicieron el canje, lo que no habría "recomendado" él, dijo. >
Su espíritu de político en campaña lo traicionó una vez más, ya que aquel "mago" era nada más ni nada menos que Roberto Lavagna.>
Hugo E. Grimaldi (DyN)