| |
Inta Rafaela
La pastura es el alimento de menor costo y brinda a lo largo de todo el año un excelente volumen de forraje de calidad que combinado adecuadamente con forrajes conservados y concentrados, permite obtener buenas producciones y mantener altas cargas.
En los sistemas pastoriles, maximizar la producción de forraje mejora la rentabilidad porque se abaratan los costos de producción y podemos sostener durante todo el año cargas más elevadas.>
La planificación es una tarea clave y para eso es necesario reunirnos con el técnico para realizar un balance entre la oferta de alimentos (propios y comprados) y la demanda (cantidad de animales y producción de las vacas).
El punto de partida de la planificación es calcular cuánto sembrar de pasturas y verdeos en función de lo que ya tengo en el campo y de las necesidades del tambo.>
A partir de ahí, organizar una rotación de cultivos enfocada a maximizar la producción de forraje aprovechable por hectárea minimizando los efectos de la estacionalidad. Esto supone decidir qué cultivo tendrá cada potrero durante una determinada cantidad de años y en función de esto calcular la superficie a sembrar anualmente. >
Así podremos mejorar el aprovechamiento del pasto aumentando la producción y persistencia de las praderas porque respetamos los tiempos de descanso necesarios para que se recupere.>
La rotación consiste en alternar los cultivos anuales y/o perennes según una secuencia previamente establecida para maximizar y estabilizar la producción de forrajes cuidando el suelo.>
Sembrar praderas y verdeos. La idea es tratar de hacerlo entre marzo y mediados de abril.
En todo esto tiene mucho que ver el cultivo anterior a la siembra. Lo ideal en una rotación es que los cultivos antecesores desocupen temprano el lote, dejen poco rastrojo en superficie de fácil descomposición, además de permitir hacer un barbecho adecuado (ya sea convencional o químico).>
Hay que tener en cuenta que, a medida que se atrasa la fecha de siembra, aumentan los riesgos de fracasar en la implantación y se retrasa su primer aprovechamiento.>
Si por diferentes motivos se realiza la siembra de la pradera en forma tardía (por ejemplo en mayo), recuerde que para no dañarla, recién podría utilizarla a partir de agosto o setiembre.>
Seguramente todo esto será mas fácil de conseguir si usted ya tiene empastado el campo.>
Es muy probable que los beneficios de la planificación alimenticia (en especial la producción de pasto), no se vean en su tambo en el corto plazo pero no tenga dudas que va a asegurarle el negocio por mucho tiempo.>
Para no "quedarnos cortos" de superficie de pasturas, hay que tener en cuenta la demanda de alimentos, la superficie dedicada a cada actividad (tambo, agricultura, etc) el forraje a conservar y los alimentos a comprar.>
Lo importantes es actuar a tiempo. Implantamos una pastura de alfalfa con el objetivo de obtener 8 cortes promedio al año o 10.000 kg MS/ ha año.
Para poder alcanzarlo hay que controlar adecuadamente las malezas y los insectos durante los meses previos a la siembra y los primeros después de la implantación.>
Con respecto a las malezas, la idea es evitar una situación que es bastante común en los potreros que destinamos a la pastura: el control resulta tardío. Se realiza cuando las malezas ya están muy desarrolladas, las dosis recomendadas resultan ineficientes o lleva a aumentarlas, aumentando también los costos, con resultados no siempre exitosos.>
Para esto, la elección del lote es el primer momento importante que se relaciona con el control, ya que una buena rotación disminuye notablemente la cantidad de malezas que aparecerán en la pastura.>
Para decidir el lote a sembrar y los tratamientos a realizar hay que tener en cuenta en primer lugar la presencia de malezas perennes (gramón, cebollín, pasto puna) que son las más difíciles de controlar, y luego las anuales (mastuerzo, bolsa de pastor, cardos, nabos, caapiquí, bowlesia, ortiga mansa, baraval) cuya agresividad dependerá del año y la cantidad de semilla que exista en el suelo.>
Los tratamientos totales (glifosato) previos a la siembra son una alternativa para el control de las perennes. En pre siembra, herbicidas de amplio espectro con residualidad permiten controlar la mayoría de las anuales. En post emergencia es factible usar herbicidas específicos en función de las malezas predominantes que hayan escapado a los tratamientos anteriores. >
Para lograr buenas pasturas (muchas, de calidad y persistentes) es muy importante evitar la competencia inicial de las malezas.>
Antes de sembrar hay que recorrer el lote (monitoreo) para determinar la presencia de insectos de suelo (gusano blanco, grillo, gorgojos, hormigas) que suelen ser más agresivos en siembra directa. Para grillos y gusanos blancos no basta realizar una observación superficial, hay que salir con pala en mano y registrar la cantidad de insectos por metro cuadrado. El umbral de daño de estos insectos es 7-8 por metro cuadrado. Si se supera esta cantidad se recomienda tratar la semilla con insecticida.
Una vez nacida la pastura las recorridas por el lote deben continuar periódicamente para detectar la presencia de pulgones y trips, en especial durante los primeros meses. Además, según el clima, puede haber aún presencia de isocas desfoliadoras. La presencia de cualquiera de estos insectos en pasturas recién implantadas es crítica para poder mantener un buen stand de plantas. Los tratamientos curativos son la solución para este problemas.>
El objetivo de la fertilización es suministrarle a la planta de todos los nutrientes necesarios para su óptimo crecimiento. Con la puesta en práctica de esta técnica se consigue incrementar la producción de forraje, mejorar la calidad de la pastura (mayor digestibilidad), y aumentar el período de aprovechamiento.
Los requerimientos nutricionales varían con la especie y con el estado de desarrollo de la planta:>
En las gramíneas (avena, raigras, etc) las necesidades de fósforo son importantes en la implantación mientras que el nitrógeno pasa a tener un rol más importante durante el macollaje.>
En las leguminosas, como la alfalfa, el fósforo siempre es importante mientras que el nitrógeno es necesario para el establecimiento de las plantas que van naciendo.>
Pero además, el efecto de la fertilización depende de la cantidad de nutrientes que aporta el suelo por lo que habrá diferencias importantes entre zonas. Entonces: �Cómo sabemos si nuestro suelo tiene los nutrientes necesarios? A partir de un análisis químico de la parte superficial del suelo (0 a 20 cm).>
La muestra a analizar debe ser representativa del lote a implantar: se aconseja la utilización de un barreno balde con capacidad suficiente para almacenar por lo menos 30 toques distribuidos al azar.>
La muestra debe conservarse en un recipiente limpio en la heladera para que llegue en óptimas condiciones al laboratorio de análisis. >
Las determinaciones a pedir para los suelos de la región central son: materia orgánica (MO), fósforo extractable (P), azufre de sulfatos (S-SO4), índice de acidez (pH). Algún otro, según el criterio del asesor.>
El asesor los interpretará y si es necesario fertilizar, indicará el producto a utilizar, la dosis, formas y frecuencia de aplicación. El intento vale la pena si el diagnóstico realizado fue correcto los beneficios serán muy evidentes y a simple vista.
Una vez que ha sido diagnosticada la deficiencia de algún nutriente (puede ser más de uno), se debe decidir: el fertilizante a utilizar, la dosis, y la forma de aplicación. Esta puede ser al voleo, o en líneas debajo o al costado de la línea de siembra. Esta última es la más eficiente y la que permite trabajar con las menores dosis de fertilizante.
El momento de aplicación: en las pasturas que van a ser implantadas se recomienda la aplicación del fertilizante al momento de la siembra o antes de la última rastreada. En las ya establecidas se recomienda fertilizar en otoño (cuando se producen las primeras lluvias) o primavera. El momento óptimo de aplicación del fertilizante se define en función del producto a emplear y el efecto buscado.
La fertilización a la siembra estimula el crecimiento y el desarrollo temprano de la pastura, provocando aumentos en la producción de pasto. Para incrementarla aún más hay que refertilizar anualmente, lo que a la vez favorece la persistencia. El pasto es nuestro negocio. Y la fertilización correcta permite producir más materia seca aportando a la rentabilidad y sustentabilidad del sistema.