Juan Manuel Fernández[email protected]
Desde que la roya asiática de la soja ingresó en los cultivos argentinos, en marzo de 2002, los especialistas se ocuparon de evitar que cunda el pánico entre los productores informándolos y explicándoles que se trata de una enfermedad controlable siempre y cuando se realicen detecciones tempranas y tratamientos efectivos.
Esta, la cuarta campaña con presencia del hongo Phakopsora pachyrhizi, no presentaba mayores inconvenientes (incluso los primeros casos tardaron en aparecer), hasta que las generosas lluvias de verano se tornaron constantes durante las últimas dos semanas.>
Ahora, con gran cantidad de casos detectados en territorio santafesino, la actitud de los profesionales sigue siendo la misma, aunque las condiciones climáticas aportan una alta dosis de preocupación: el permanente mojado de los cultivos favorece la proliferación del hongo, la falta de piso impide entrar a los lotes a realizar los tratamientos sanitarios y los escasos períodos sin precipitaciones son insuficientes para que los fungicidas (que hoy sólo pueden aplicarse por avión) se incorporen adecuadamente a los cultivos.>
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Para Edith Weder, asesora técnica de Agricultores Federados Argentinos en Humboldt -en cuyo campo experimental se detectó el domingo 4 de marzo el primer caso de roya de Las Colonias-, "el tema es bastante complicado pero no como para que los productores se puedan asustar".
El lote en cuestión forma parte del Programa Nacional de Roya y se encontraba en R2 al momento de la detección, mientras que la severidad fue mínima (1%) ya que presentó apenas una pústula por folíolo.>
En los campos particulares, en tanto, la experiencia de años anteriores llevó a un gran número de agricultores a estar prevenidos. "Gracias al trabajo que se viene haciendo durante las últimas tres campañas los productores han tomado conciencia sobre las enfermedades de fin de ciclo e incluyeron fungicidas con las últimas aplicaciones de insecticidas que realizaron", comentó Weder, y estimó que aproximadamente un 70% de la soja de primera de la zona ya está pulverizada.>
Ahora toda la atención se concentra sobre las de segunda, que todavía no se trataron a la espera de que aparezca alguna enfermedad. Sobre estos cultivos la preocupación crece "porque no hay piso ni lo va a haber por un buen tiempo y hay condiciones para que la situación se prolongue", explicó la asesora de AFA.>
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Como es lógico, en tales circunstancias se recurre a las aplicaciones aéreas "que si se hacen bien y a conciencia, si quienes están trabajando con los aeroaplicadores lo hacen bien, dan exactamente el mismo resultado que las terrestres y eso no debería preocupar".
Pero la persistencia de las precipitaciones complica también este tipo de tratamiento, puesto que -según comentó Weder- se necesitan al menos 10 horas sin lluvias después de la aplicación para que la planta no se "lave" y asimile correctamente el fungicida.>
Por su parte, la fitopatóloga Margarita Sillón estimó que si la roya sigue el mismo patrón de comportamiento que en Entre Ríos (donde tardó un mes en expandirse por el territorio) la diseminación en la provincia sería lenta, sobre todo si se tiene en cuenta la baja incidencia que muestran los casos detectados. "Nos va a dar tiempo para aplicar", comentó, y agregó que puede haber un margen de entre 7 y 10 días para efectuar el tratamiento, aunque depende de las características que presente el lote, sobre todo en función del desarrollo del cultivo. Si bien consideró que hoy la roya es una más entre las enfermedades de fin de ciclo, señaló que no "hay que dormirse" y aumentar la frecuencia de los controles.>
Al respecto, le experta manifestó que -hasta que se detectó el caso de Humboldt- en el laboratorio se recibieron menos muestras particulares que el año pasado; "como que todos estaban esperando que alguien de el primer alerta", explicó.>
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Para Weder, en esta campaña los chacareros cuentan con la ventaja de tener precios relativos que juegan a su favor por el repunte de los precios de pizarra. "El año pasado el tratamiento nos salía 2 o 2.5 quintales, mientras que este año nos sale un 1 o 1.3 quintales y el productor lo paga con el sólo hecho de lograr calidad", explicó.
Justamente, los fungicidas pueden ser útiles frente a otra de las preocupaciones que acarrean los problemas climáticos: el resultado final de la cosecha. "Estamos viendo que, como vienen los pronósticos, las condiciones climáticas se van a mantener durante todo marzo y principios de abril; por lo tanto se nos va a prolongar la cosecha y eso hace que la calidad caiga; si tienen aplicación de fungicidas no cae como cuando no lo tienen", explicó la especialista de Humboldt.>
Margarita Sillón, por su parte, coincidió con este diagnóstico y consideró que tanto para prevenir mermas en la calidad de los granos como para estar a resguardo de las enfermedades de fin de ciclo y roya hay que adecuar el tratamiento al estado del cultivo. "Si están más retrasados, por ejemplo en R2, se necesitará una combinación con mayor residualidad, como la mezcla de triazoles y estrobirulinas; en cambio, si están más avanzados -entre R5 y R6- se puede adoptar otra estrategia más económicas como dos triazoles o con carbendazim, que previene la proliferación de hongos y protege la calidad de grano", aseguró.>
Tenemos tiempo para actuar correctamente: evaluar la situación y no tomar decisiones apresuradas.
La irrupción temprana de la Roya de la Soja en la provincia de Santa Fe nos encuentra con conocimientos adquiridos a lo largo de las últimas tres campañas y posibilidades de hacer las cosas bien.>
Ya que no existen cultivares comerciales resistentes, la única herramienta es el manejo y control con fungicidas a partir de la detección temprana de la enfermedad.>
Algunas recomendaciones para actuar a tiempo:>
1. Infórmese. Los informes semanales de fuentes como el SINAVIMO, la Red Provincial de Roya y el RiiA lo mantienen al tanto de la aparición de la enfermedad en la región.>
2. Trabaje con profesionales. Para la identificación temprana de la enfermedad es necesaria la actuación de personal entrenado y el uso de equipamiento adecuado. Asesórese sobre el fungicida a utilizar. No todos tienen la misma eficacia de acción.>
3. Haga aplicaciones preventivas sólo si se declara foco de roya en la región; si no puede realizar diagnósticos precisos en el lote y si las condiciones climáticas son favorables para la infección y desarrollo de la enfermedad. Si los lotes están en estado de susceptibilidad (R 3-5, nunca antes de R1 o en R7) tenga en cuenta que los tratamientos demasiado tempranos pueden determinar la necesidad de otra aplicación y los muy tardíos no traen beneficios.>
4. Las aplicaciones, cuando se detecta la enfermedad en el lote, tienen la ventaja de que si se manifiesta en estados fenológicos avanzados (R4-R5) es posible que no se requiera más de una aplicación.>
5. Regule los pulverizadores. Para lograr un control efectivo con cualquiera de las estrategias de prevención hay que contar con pulverizadores bien regulados y realizar aplicaciones con altos caudales de agua y de alto impacto (30-60 gotas/cm2) que aseguren un adecuado mojado foliar. Hay que llegar especialmente a las hojas inferiores, donde se localizan la mayor cantidad de urediniosoros. Es importante evitar la deriva y evaporación de gotas.>
6. Controle la aplicación. Mirar para otro lado le puede salir caro. Exija por lo que paga.>
7. Evalúe la inversión. Analice las variaciones de los costos por la aplicación de fungicidas. En los lotes de baja productividad o con alto riesgo de poseerla (sobre todo si son alquilados) los márgenes pueden resultar negativos.>
Pizarra a favor
El buen momento de las cotizaciones abarata, en términos relativos, el costo del tratamiento. Mientras en la campaña anterior se necesitaban entre 2 y 2.5 quintales por hectárea, en la presente el costo del tratamiento sanitario se cubre con 1 o 1.5 quintales.