Consejo Directivo de Carsfe
De manera incipiente, más como una cuestión protocolar todavía sin convicción y espacio, el gobierno nacional abrió por fin una suerte de diálogo con las entidades que representan al campo. El diálogo en sí mismo, sobre todo cuando se viene de la ausencia del mismo, es auspicioso porque permite re-conocer a dos actores indispensables: el gobierno que con aciertos trata de sostener el buen momento de la macroeconomía, y el campo, que fue y es uno de los sectores en dar señales y tirar hacia adelante tras la enorme crisis de la salida de la convertibilidad.>
El diálogo implica necesariamente reconocer al otro, escucharlo, tratar de comprenderlo. Es la conversación entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas. Y aun más: es la discusión o trato en busca de acuerdo con respeto por el otro y por su opinión, incluso si ésta es diferente de la que nosotros sostenemos y pretendemos imponer, están sentadas las bases mismas de la democracia, un sistema que se construye precisamente a partir de la búsqueda del común respetando las diferencias. Estas cuestiones, que parecen principistas o figuras de la retórica tienen sin embargo plena actualidad en este momento de las relaciones entre gobierno y del campo argentino.>
Es que el campo ha venido soportando en los últimos años insólitas agresiones por parte del gobierno. Pocas veces un sector de nuestra economía recibió tantos cambios de reglas de juego, además de resistir hasta la descalificación o "demonización" del mismo, como si los productores fuéramos enemigos del gobierno, del país o del rumbo -que todos queremos superador y apuntando a metas y logros postergados por décadas para los argentinos. >
En este pasado reciente perdimos los productores, el gobierno y fundamentalmente el país. >
Entendemos que con el nombramiento del nuevo Secretario de Agricultura se instauró una política de apertura y trabajo en conjunto. Falta, desde luego, darle contenido a esa forma de diálogo incipiente, falta reinstalar la idea y la cultura del diálogo maduro como una instancia superadora y necesaria para la construcción de políticas estables con espacios para consolidarlas.>
El campo hará su parte. Sólo pretendemos una actitud similar del otro lado, correspondencia, respeto y reconocimiento. El diálogo no es, en definitiva, sólo la conversación entre dos actores; es la forma en que un país que quiere ser grande y adulto trate sus problemas y diferencias. >
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