La raza de los cobardes felices

En el primer canto de la Divina Comedia, o sea el Infierno, Dante Alighieri comienza diciendo que, en la mitad del camino de su vida (a los 35 años) y durante la noche, se extravió en una selva oscura. Cuando el sol despuntó, se encontró al pie de un monte. Al intentar proseguir el viaje, tres animales salvajes (un león, una pantera y una loba) trataron de interceptarle el camino. En ese momento apareció Virgilio que lo reanimó y se ofreció para llevarlo a través del Infierno y el Purgatorio, hasta el Paraíso. Así se convierte el inmortal autor de La Eneida en guía de Dante. Luego de trasponer la puerta del infierno, siguiendo el itinerario señalado por el guía, van pasando por los diversos círculos del mundo de los condenados para siempre.

En el Octavo de ellos, los poetas observan a una turba que chapalea en una cloaca de excrementos humanos. Son los aduladores. El lugar en el que se debaten no puede ser más repugnante. Provoca náuseas. Las mismas náuseas que provocan el servilismo y la miseria moral de esos personajes despreciables en la vida terrena.>

Dante conocía, por su dura experiencia política, que la adulación era el signo más agudo de la depravación de las costumbres públicas y privadas. Por eso condenó a esa especie corrompida y vil, que "tiene rostro de asno, mirada de vulpeja y corazón de tigre", a uno de los más repulsivos suplicios del infierno.>

Por otra parte, para los versos dedicados a los aduladores, a pesar del exquisito y refinado lenguaje que utiliza en general el gran poeta, reserva para ellos un lenguaje vulgar y hasta soez. Palabras como "merda", "puttana"... por cierto nada musicales. Justamente porque quiere contraponerlas, con crudo realismo, a los melosos, floridos, falsos y selectos vocablos usados, jamás rectamente, porque sus intenciones tampoco son buenas. Y al ser así, en vez de perfumar, apestan.>

En un pasaje, Dante descubre entre los inmersos en el "estiércol" humano a un contemporáneo suyo. Se trata de Alejo Interminelli, caballero luquese (de Luca) de la parte Blanca (fracción política contraria a la del florentino) quien confiesa su culpa:>

"...y mientras tenía la vista fija allí dentro, vi uno con la cabeza tan sucia de excrementos, que no podía saber si era clérigo o seglar. Aquella cabeza me dijo:-�Por qué te muestras tan ávido de mirarme a mí, con preferencia a los otros, que están tan sucios como yo?Le respondí:-Porque, si mal no recuerdo, te he visto con los cabellos enjutos, y tú eres Alejo Interminelli de Luca; por eso te miro más que a todos los otros.Entonces, él, golpeándose la cabeza, exclamó:-Aquí me han sumergido las lisonjas que no se cansó de prodigar mi lengua".("Infierno" XVIII, 116-126).No elige luego una dama de su tiempo para representar a las aduladoras, sino toma de la literatura clásica la figura de Taide, célebre cortesana, adulona e interesada. La ven, sucia, desmelenada y desgarrándose las carnes con sus uñas llenas de inmundicia: "Ésa es Thais, la prostituta, que cuando su amante le preguntó:`�Tengo grandes méritos a tus ojos?' ella contestó: Sí, maravillosos. Y con esto queden saciadas nuestras miradas". (Infierno XVIII, 133-136)."El excesivo comedimiento y la afectación de agradar al amo engendran esas carcomas del carácter. No son delitos ante las leyes, ni vicios para la moral de ciertas épocas: son compatibles con la `honestidad'. Pero no con la `virtud'. Nunca. La sensibilidad a los elogios es legítima en sus orígenes.Ellas son una medida indirecta del mérito. Se fundan en la estima, el reconocimiento, la amistad, la simpatía o el amor. El elogio sincero y desinteresado no rebaja a quien lo otorga ni ofende a quien lo recibe, aún cuando es injusto; puede ser un error, no es una indignidad. La adulación lo es siempre: es desleal e interesada (...) El adulón pertenece a la raza de los `cobardes felices'. La adulación es una injusticia. Engaña". (José Ingenieros).

Nidya Mondino de Forni