Santa Fe vivirá una recuperación que no será breve por su propia conformación geográfica. Ubicada en una llanura, rodeada de cursos de agua, con una situación de napas altas y sin el equipamiento suficiente para hacer frente a la conjunción de ríos y precipitaciones, los santafesinos debemos prepararnos para planificar una ciudad distinta en el mediano y largo plazo y, en lo inmediato, para recuperar los niveles de convivencia.
No todo se podrá resolver de un día para el otro. Por el contrario, la emergencia será prolongada pero, necesariamente, la ciudad deberá ir normalizándose en todos los niveles ocupacionales.>
Esto significa que, a pesar de los enormes quebrantos que ha traído el agua a la capital y en las zonas rurales productivas, la región deberá extremar esfuerzos para el abastecimiento de bienes de primera necesidad y de los insumos industriales. Además, para que sus vías de comunicación queden expeditas lo antes posible y pueda circular el transporte donde viaja la población a sus lugares de trabajo. Por el bien de todos, la actividad económica deberá volver lo antes posible.>
El tejido social viene sufriendo desde antes de la crisis económica de 2001 y de la catástrofe hídrica ocurrida dos años después. Ambos hechos profundizaron los dramas personales pero también, en épocas recientes, se observó una mejoría en las posibilidades laborales que comenzó a traer alivio a los hogares con recursos más reducidos y medios. >
Ambas situaciones -la muy mala y la un poco mejor- son objetivas; se palparon en una cantidad de hechos y estadísticas. Pero, en los últimos días, volvieron algunas prácticas indeseables: el pedido de ayuda sin medida y la irrupción sobre los derechos de los otros, a partir de la realización de "piquetes" o el cobro de "peajes" para poder circular. Ayer, por la tarde, hubo por lo menos siete. >
La contracara de estas actitudes ha sido la manifiesta falta de autoridad para evitar estas conductas: a modo de ejemplo, "el dejar hacer" de las fuerzas de seguridad.>
A caballo de que vivimos un tiempo electoral, todo vale a la hora de pedir y todo parece estar permitido, cualquiera sea la circunstancia. Pero es tiempo de que la autoridad realmente aparezca. >
En una emergencia, siempre es necesario que uno mande y otro obedezca para que las acciones sigan los cursos para las cuales fueron planificadas y se puedan llevar adelante.>
Pero esto será una realidad sólo si cada estamento asume las responsabilidades propias y el orden vuelve a las rutas y calles, y a la actividad privada.>
De no actuar, la emergencia será mucho más larga de lo que dispongan los imponderables climáticos y más dolorosa para los que menos tienen, porque la otra arista que se observa es el hartazgo de muchos ciudadanos frente a lo que evalúan como una falta de decisión política para poner orden. Y éste no está anudado necesariamente con la represión.>