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Opinión
Edición del Domingo 22 de abril de 2007
El papel de un cardenal y el milagro de Madrid
Por Joaquín Morales Solá

Un milagro ocurrió en Madrid. Argentinos y uruguayos reanudaron un diálogo interrumpido durante un año sobre el único conflicto serio que los separa. La solución demorará, pero el clima ha cambiado, por fin. A miles de kilómetros de allí, en Buenos Aires, un pastor religioso que tiene el alto rango de cardenal de la Iglesia Católica, Jorge Bergoglio, fue metido por la política en pobres trasiegos electorales. Bergoglio es un militante del diálogo entre las tres religiones monoteístas y, en ese sentido, la experiencia argentina es única en el mundo. La Iglesia no es indiferente, además, a la devastación del sistema de partidos y a la consecuente devaluación de la democracia. Aquí, el milagro sucedió al revés: se vio lo que no existía.

Los milagreros de Madrid estaban, en realidad, en Buenos Aires y en Montevideo. Kirchner y Tabaré Vázquez tienen sólo dos condiciones comunes: los dos creen que las conspiraciones existen y ambos se reservan la decisión final en casi todo. Ellos les dieron las instrucciones definitivas a los negociadores de Madrid.>

Las cosas habían comenzado mal en España. El ministro argentino Alberto Fernández y el canciller uruguayo, Reinaldo Gargano, se metieron en un entrevero de palabras cada vez más ardientes. El enviado real Juan Antonio Yáñez y Gonzalo Fernández, secretario general de la Presidencia uruguaya, amigo personal del Fernández argentino, los tomaron de los pelos a los dos y los sacaron del agua antes de que se ahogaran en sus propias discordias. >

Gonzalo Fernández tiene más poder que Gargano en Uruguay. Expresa cabalmente las palabras y las posiciones de Tabaré Vázquez. Eso lo sabían los argentinos. El problema es que Gargano también camina y habla , acotaron funcionarios de Kirchner. Alberto Fernández le meneó las covachas de la historia y Gargano lo desafió con el contoneo de un compadrito. La sensatez llegó más pronto que tarde: fue cuando los dos Fernández enfrentaron el diálogo sobre las posibles soluciones y no desde los reproches. Las cosas han llegado ya demasiado lejos , argumentó con precisión el uruguayo.>

Hay coincidencia en que nada se hubiera logrado sin la gestión eficaz y sutil del embajador español Yáñez, a quien todos reconocen una enorme capacidad para atrapar la síntesis de los problemas. Tuvo hallazgos notables: la "localización" de Botnia no es lo mismo que la "relocalización"; la fórmula conformó a todos. Un temor se disipó al final: el rey Juan Carlos no sólo no se irá de la negociación, como recelaban en el sur de América, sino que subió el rango de su papel. Gestor de buenos oficios, se llama ahora, en lugar del otrora facilitador. Gestor es menos que mediador, pero más que facilitador.>

El diálogo se ha reanudado y no es poco. Pero los dos actores centrales del conflicto, los asambleístas de Gualeguaychú y la empresa Botnia, están todavía fuera de ese clima. El caso de los asambleístas llevará seguramente la solución definitiva del problema para después de las elecciones; Kirchner no correrá el riesgo de una represión violenta después del maestro muerto en Neuquén. Es la debilidad presidencial que los fanáticos asambleístas han advertido y no se equivocan. Un trabajo político se impone en el litoral entrerriano para reponer la cordura en su sociedad.>

La empresa Botnia ha boicoteado todos los acercamientos entre la Argentina y Uruguay. Lo ha hecho en tres momentos cruciales para un entendimiento, incluso en los últimos días. Ni la diplomacia finlandesa pudo encontrar razones sobre los actos de una empresa que debería ser la primera interesada en una solución al conflicto. Botnia aparece y desaparece, sin aportar nunca nada.>

Por el contrario, Bergoglio está siempre para los que lo llaman. Y lo llaman peronistas, radicales, socialistas, aristas, macristas y seguidores de López Murphy. Atribuirle intereses electorales es no conocerlo , han dicho a su lado. La primera prioridad de Bergoglio no es la política, sino el diálogo entre las religiones. Ha conseguido el respeto inmutable de dirigentes judíos, islámicos y evangélicos. Acaba de hacer suya una idea de su amigo Omar Aboud, dirigente islámico, para que se declare a Buenos Aires capital mundial del diálogo interreligioso.>

Promotor convencido de instalar en la Argentina una cultura del diálogo, es fácil para la política confundir sus seguras convicciones con sus presuntos intereses. ¿Habla con Elisa Carrió? Habla. Es conocida la condición de creyente de ella y su relación frecuente con Bergoglio. ¿Habla con Telerman? Habla. Telerman es otro creyente y es, además, jefe del gobierno de la Capital, sede de la misión pastoral del cardenal.>

Pero también hablan con él desde los socialistas (lo hacía con el recientemente fallecido Norberto La Porta y lo hace con el líder partidario, Rubén Giustinianni) hasta Mauricio Macri y Gabriela Michetti. Primero busquemos en qué estamos de acuerdo; dejemos de lado las disidencias , promueve el cardenal.>

Bergoglio no se niega a dar un consejo, a deslizar un punto de vista o a indicar un camino. ¿Por qué no debería hacerlo ante los políticos que golpean su puerta? Líder del ala centrista de los obispos, aplastantemente mayoritaria en la Iglesia, le preocupa también, como a casi todos los obispos, la salud de la democracia y la falta de alternativas políticas. Los matices diferentes en el Episcopado son sólo matices, propios de cualquier institución abierta al debate interno. La Iglesia está alineada detrás de Bergoglio , asegura un obispo.>

Un problema de la conducción católica consiste en que el diálogo está cortado con las instituciones de la Constitución. El presidente de la Cámara de Diputados, Balestrini, concedió una audiencia pedida por la mesa ejecutiva de los obispos, pero luego la canceló. Ordenes que le llegaron desde donde se dan las órdenes. El vicepresidente Daniel Scioli nunca contestó otro pedido de audiencia. Bergoglio quería terminar su recorrido institucional visitando al jefe del Estado. Dicen que Kirchner barrunta que el cardenal no iría a la entrevista con él, desairándolo, y que por eso quiere que empiece por él. Se equivoca; Bergoglio lo verá para concluir el recorrido.>

En cambio, la conducción de los obispos fue recibida en el acto por la Corte Suprema de Justicia. A Bergoglio le gustan los aires de independencia con los que se mueve la Corte. Hace dos años escribió un documento del Episcopado sobre la división de los poderes, que tiene vigencia en estos días; dice ese texto que es necesario que los argentinos "nos ajustemos al imperio de la ley, respetemos las decisiones de la Justicia y superemos personalismos exagerados". >

Estaba hablando de un problema en San Luis. Pero el sayo le cabe, como hecho a medida, al ministro del Interior, Aníbal Fernández, que denunció ante el Consejo de la Magistratura a un juez que investiga supuestos hechos de corrupción de funcionarios del propio gobierno de Fernández.>

El ministro ha tirado la carta, sin quererlo, al cesto de los papeles inútiles. Se la envió al presidente de la Corte en su calidad de presidente del Consejo de la Magistratura, pero el presidente de la Corte no es más presidente de ese organismo desde hace casi un año. Fernández tenía la orden de golpear y golpeó a ciegas. Sólo un milagro lo pudo salvar a tiempo de los estragos de su memoria. Pero el milagro sucedió en Madrid, no en Buenos Aires.>





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