"El Método Gršnholm"
Los cría cuervos y el factor humano
CUATRO POR UNO La obra de Jordi Galcerán, dirigida por Daniel Veronese, es excelente y cuenta con grandes actuaciones, especialmente las de Jorge Suárez y Gabriel Goity. En ella, cuatro candidatos (además de los nombrados, Martín Seefeld y Alejandra Flechner) pujan por un puesto de una empresa muy importante. Foto: AMANCIO ALEM

Más de una década atrás, en todo el mundo, sociólogos, cientistas políticos y ensayistas varios comenzaron a describir un fenómeno siniestro, nacido como consecuencia de otros fenómenos más o menos vinculados (la posmodernidad y la globalización).

El aterrador caso puede postularse del siguiente modo: el mundo actual tiene más gente que la que necesitan las empresas o fábricas; o, dicho de otro modo, por influencia de la tecnología, de la "desaparición" de las fronteras, de la constitución de nuevas regiones económicas, sobra gente; o, dicho de otro modo: no hay trabajo para todos. Famosos autores como Giddens o Rifkin lo han planteado de manera brutal: un porcentaje de la población no tiene empleo y nunca conseguirá uno; ésta es la era del "fin" del trabajo. Beck fue todavía más allá: los pobres no son necesarios para el actual sistema económico. En la Argentina de los noventa, de esta transfiguración del mercado de trabajo, devino lo que nunca había sucedido en el país: una legión de desempleados cuya tragedia infló la cifra hasta superar el 20% de la PEA -Población Económicamente Activa-. Entiéndase: millones de personas.

También de esto "habla" la obra del catalán Jordi Galcerán, "El método Gršnholm" (2003), exitosa puesta que tiene, además, una versión cinematográfica, de Marcelo Piñeyro, llamada "El Método" (2005). Quien conozca su argumento, o la haya visto en alguna de las dos funciones -CCP, 5 y 6 de mayo- protestará: dirá, con más o menos énfasis, que éste no es el tema central de la creación que aquí presentaron, con dirección de Daniel Veronese, Gabriel Goity (extraordinario en su rol de Fernando); Jorge Suárez (Enrique), también brillante, y los menos lucidos Alejandra Flechner (Mercedes/Nieves) y Martín Seefeld (Carlos). Se dirá que, en realidad, los temas esenciales son: la provocación de situaciones límite, por parte de un departamento de personal de una empresa (Dekia), a los fines de testear a cuatro eventuales candidatos a un puesto muy importante; se dirá que, entonces, la clave pasa por entrever qué es lo que cada uno de los personajes está dispuesto a hacer para obtener ese cargo -asumir bajezas, urdir traiciones, lanzar mentiras- y la exposición de todas las miserias imaginables. Se dirá que la obra expone que, para ciertas mentalidades propias de las que abundan en el mundo laboral, la ruina del otro es la única posibilidad para de éxito para uno.>

Se dirá, finalmente, con razón, que "El Método..." hunde el puñal en cada uno de nosotros porque, en el mundo actual de la competencia laboral a ultranza, se ha pasado a considerar al otro menos como un eventual competidor que como una amenaza a la que hay que destruir. En mayor o menor medida, todos hemos sido testigos o protagonistas de situaciones similares. Así, los cuatro competidores se arrojan a la realización de unos ejercicios -justamente, los que forman el método- que están basados en técnicas reales, investigadas por el autor, para la toma de personal de las empresas multinacionales.>

A diferencia de la versión cinematográfica, que es tensionada y tensionante y en la que hay mucho suspenso, la puesta teatral de Veronese es extraordinariamente graciosa, especialmente por las performances de Goity y Suárez, y abunda en situaciones tragicómicas que llevan a la carcajada. Detrás de ellas, con todo, hay algo terrible, que no se nos escapa pese a las convulsiones por las humoradas. Flechner lo dice en un momento, como al pasar: "necesitamos un hijo de puta con cara de bueno", haciendo alusión a lo que, aparentemente, quiere la firma. La obra tiene un dinamismo extraordinario; la aceleración de los candidatos marca unas conductas pseudo-histéricas, muy presentes en Goity (además pedante y soberbio) y Suárez (este último con un gran trabajo de "desdoblamiento"). Por momentos, hay expuesta una violencia y una crueldad exasperantes, pero que nadie considerará ajenas al mundo real de los negocios.>

Sobre todo esto es "El método..." pero este periodista insiste, acaso tercamente, con lo del inicio: el mundo, si se me permite la solemnidad, se ha dividido entre empleadores, empleados y desempleados, en una carrera enloquecida y terrible en la que pareciera engrosarse, únicamente, la última categoría. En las escenas, los candidatos pujan por un cargo excepcional pero, detrás de las ambiciones personales y el ego, está marcada la desesperación, presente tanto en altos ejecutivos como en un empleado cualquiera, por no quedar "afuera" del sistema o por no perder los privilegios detentados. Un cuadro detrás de otro plantea la crueldad y el afán exacerbados de candidatos y examinadores, pero Galcerán también muestra que en esta aciaga corrida -en la que hay más gente que puestos a ocupar-, todo es posible, incluso un gigantesco engaño como al que se somete a uno de ellos.>

Estanislao Giménez Corte[email protected]