En los alrededores del club Colón y Unión
Reclamos de vecinos y comerciantes por inseguridad a la salida de la cancha
Los destrozos tienen cansados a comerciantes y vecinos que dicen sentirse desprotegidos. Foto: Néstor Gallegos

Las quejas surgen cada vez que los equipos santafesinos juegan en sus estadios. Después de cada partido hay robos, violencia, mucha basura desparramada y controles policiales ineficaces.

Alrededor del fútbol se mueven muchas cosas, desde las más vistosas hasta las más tristes y a veces, eso que es simplemente un juego, se vuelve una complicación para mucha gente.

Que ese deporte es una manifestación popular y cultural de nuestros tiempos, nadie lo duda, un ritual para muchos, sentido de pertenencia, un momento para compartir con quien ama los mismos colores, un motivo de conversación obligado, "argentinidad al palo". >

A la vez y por otro lado, con la pasión como excusa, se mueven masas de gente a la que poco o nada le interesa el amor a un club, el dinero tergiversa el simple juego y hasta se cometen horribles crímenes, como ocurrió la última semana en el estadio de River Plate. Santa Fe no está ajena a esa realidad y se ve cada vez que Colón o Unión juegan en sus canchas. >

En bulevar Zavalla al 1202, a pocos metros del Brigadier López, Néstor Gutiérrez, tiene su local de venta y reparación de motos y su vivienda particular donde habita, junto a su esposa y dos hijos. En varias oportunidades, su propiedad fue robada, según explicó Gutiérrez cuando el público sale del estadio, lo que lo llevó a tomar medidas drásticas. >

"Los que generan problemas no son los hinchas de fútbol. Los líos empiezan temprano; se venden igual bebidas alcohólicas antes del partido y muchos se ponen violentos. Los colectivos especiales que pusieron para llegar a la cancha llegan muy llenos y no de hinchas precisamente", explica Néstor y aclara que "lo peor pasa después del partido". >

Según el mecánico, los operativos policiales terminan inmediatamente después de que finaliza el encuentro y es cuando ocurren los inconvenientes; "queda toda la zona desprotegida, sale una marea de gente de la cancha y acá no hay forma de resguardarse de nada. Si la policía sabe cuánto tiempo se demora en despejar la zona, que extiendan el horario. Cuando jugó Colón con Racing, entró a mi casa, por un pasillo, un tipo que se había robado una bicicleta; eran las once de la noche y como estábamos todos, los perros no ladraron", recuerda. En la casa de los Gutiérrez hay cuatro perros -es la única alarma que nunca se desconecta, dijo Néstor- y desde 2003, un arma.>

"Me quedé con el arma cargada desde la inundación, todos sabemos lo que pasó con los robos. Estuvimos cuatro días sin luz y defendiéndonos a los tiros, usé el arma y no tengo ni miedo ni vergüenza de decirlo", relata Néstor y asegura que la sabe manejar, "pero no tengo por qué hacerlo, ni llegar a extremos. Pago impuestos para que me protejan, es un deber del Estado, no mío; además vivo con mi familia. �Qué tengo que hacer con un arma cargada en mi casa arriesgándome a que pase cualquier cosa?".>

La última vez que los Gutiérrez fueron víctimas de un robo les sustrajeron del taller una caja con 18 repuestos especiales para motos de carreras, por un valor de 350 dólares cada uno. En estos momentos en el local atienden con la puerta cerrada y bajo la "supervisión" de cuatro ovejeros alemán. "A esos repuestos ahora los venden como pedazos de aluminio por dos mangos y a mí me significa mucho tiempo de laburo", se lamentó Gutiérrez.>

Son menores

En otros locales de la zona, también advierten sobre la situación, pero nadie quiere brindar muchos detalles "porque si hablás o denunciás, después viene la familia de los que roban y te amenazan, te meten miedo. Todos sabemos quiénes son y dónde viven", comenta un comerciante.

La mayoría de los consultados sobre la cuestión coinciden en el modo de operar de algunas "banditas" -como dijeron- y el estado en el que están: son chicos, preadolescentes -de 8 a 15 años-, muy violentos que aprovechan el amontonamiento de gente, rodean a una persona, la aprietan contra una pared o la empujan a un pasillo y le roban. En casi todos los casos, hay personas mayores que los mandan y hasta les señalan a quién atracar.>

"Los días de partido, ves a esos chicos con bolsas de pegamento, roban donde pueden, entran de a varios y no los podés controlar, también hacen sus necesidades en las veredas; ahora trato de cerrar antes de que llegue la gente a la cancha", explica otro vendedor y aclara que después de varias denuncias en la comisaría de la zona no obtuvieron respuestas y "si me sintiera protegido, yo pongo la cara, pero no puedo, porque el próximo partido me incendian el negocio, no tenemos el respaldo de nadie".>

Además de cerrar antes del comienzo del partido o directamente, no abrir, las rejas son otra estrategia, ya muy conocida, de los negocios para protegerse de los robos, también tratan de cuidarse entre los mismos vendedores y se aseguran que al momento del partido haya más de dos personas atendiendo. A la vez reconocen que "la inseguridad y la violencia, que tenemos acá no es diferente a ningún lugar de la ciudad, en todos lados, no me parece que tengamos que hablar de lo que se vive cuando hay partido solamente. Santa Fe es una ciudad muy pobre y eso no tiene nada que ver con el fútbol", opina una comerciante. >

En la otra avenida

En los alrededores del Club Unión se vive una situación similar a la de Colón, pero no cuando hay partido, sino cada vez que bandas hacen sus presentaciones en el estadio, según explicaron los comerciantes de la zona. Lo que es lógico ya que, por ejemplo, San Martín de San Juan no mueve la misma cantidad de público que cualquier club que juega en primera división.

"Cuando hay partido no tenemos problema, pero sí con los recitales. La gente se amontona en la puerta o se quedan en las veredas tirados y la gente del barrio tiene miedo de entrar", explica la cajera de un negocio de avenida Freyre casi bulevar.>

En los kioscos de la zona consultados aseguran que no tienen inconvenientes porque "tratamos de atender cinco personas y se controla" dice Leandro y sobre la venta de alcohol explicó que no lo hacen "porque estamos controlados por la Municipalidad". >

"Si hay partido o recitales cambiamos la atención, bajamos la reja, la gente entra de a poco, en el local no dejamos juntar más de seis clientes. Se para una persona en la puerta, otra en las heladeras y otra en la caja para que sepa qué cobrar. A veces, como no les vendemos alcohol, tenemos problemas, la gente se enoja", manifestó otra kiosquera y contó que "cuando tocó La Renga vino muchísima gente, llegaban a las seis de la mañana y se quedaron hasta después del recital o hasta el otro día en los alrededores del club". >

"La basura que queda acá es impresionante, orinan por todos lados. Capaz que se juntan 20 mil personas y no tienen baño, usan las casas, los negocios, los árboles, las veredas, los pasillos, donde quieren. Además es mentira que no venden alcohol, lo consiguen igual en los carribares. De bulevar para el norte es tierra de nadie, hay de todo", describe una comerciante.>

Desarrollo supeditado

En la charla con los vecinos y comerciantes de la zona del club Colón, surgió muchas veces el comentario sobre la necesidad de medidas urgentes para revertir la situación de inseguridad que viven.

Un dato muy curioso que brindó uno de los consultados fue sobre cómo se afectó la vida de los vecinos del barrio, el trabajo de los negocios y la construcción o refacción de los mismos.

Según contaron, hace un tiempo abrió sus puertas al público una concesionaria de autos cuyo local tiene el frente vidriado, que ahora se volvió una preocupación. "Hicieron una vidriera gigante y ahora tienen terror. Es un negocio muy lindo, le da una mejor imagen al barrio, lo revaloriza, pero antes de hacer algo así tenés que pensarlo dos veces; estamos limitados por la inseguridad", explicó un vendedor.

Una de las ideas de los comerciantes de la zona fue crear una asociación similar a la de Aristóbulo del Valle, para fomentar el crecimiento y la instalación de negocios en el barrio. Pero fue sólo eso, una idea, ya que "no podemos ofrecerle a nadie que venga acá con estas condiciones".