Entrevista a Natalio Botana
"El país vive en una democracia de confrontación y conflicto"
El escritor y analista político presentó en Rosario "Hegemonía y poder", su último libro. En diálogo con El Litoral, señaló que en el escenario político que emergió tras 2001, persiste una fuerte crisis de representación, que no logró ser superada a pesar de los avances en materia económica y fiscal.

-¿Hay algún elemento común que determine que la Argentina oscile entre la hegemonía y la ingobernabilidad?

-Una de las causas es la histórica debilidad de los partidos políticos en la Argentina. Y esta falencia queda muy clara cuando se contrasta la historia del país con otras naciones del Mercosur, como Chile y Uruguay. En 1983 creí que se gestaba un sistema bipartidista, tras la paliza que le propinó Raúl Alfonsín al peronismo. Había un gran partido nacional que era la Unión Cívica Radical (UCR), que había renovado profundamente su liderazgo. Y el peronismo se vio obligado a ingresar en un proceso de análisis y revisión interna que lo llevó a pensar seriamente en pasar de movimiento a partido. Pero la marcha de la democracia desembocó luego en la crisis de 2001. Y ahí confluyeron tres crisis, dos de ellas superadas, como la monetaria y fiscal, y otra que persiste hasta hoy, como es la de representación -sobre todo a nivel nacional, ya que en algunas provincias, como Santa Fe, todavía persiste el sistema de partidos.>

Y en este momento tenemos el contrapunto entre una intención hegemónica de parte del Ejecutivo nacional, de construir una organización a partir de los recursos gubernamentales captando gobernadores e intendentes, y la búsqueda del respaldo popular, sobre todo a merced de los buenos rendimientos económicos. Frente a ese proyecto no tenemos partidos de oposición, sino coaliciones laxas. Pero no hay competencia entre partidos, como sí existe en Uruguay, con el Frente Amplio y los colorados y blancos. En Argentina esta posibilidad de elección no existe con esa claridad. Entonces, la sociedad se ha movido para otro lado, que es un lugar muy complicado en relación al componente republicano de la democracia. Porque la oposición no se hace por medio de partidos políticos, sino a través de la confrontación social en la calle.>

-¿Hay una hegemonía más acentuada en esta gestión que en otras?-El gobierno de Néstor Kirchner tiene una característica: es hegemónico con algunos y muy poco con otros, como frente al poder de la calle. Es muy hegemónico frente al ordenamiento institucional de la república, como con la Justicia, el Congreso, el manejo presupuestario. Frente al poder de la calle es más cuidadoso. En el año 98 publiqué un libro que se llamó "El siglo de la libertad y el miedo". El miedo en la Argentina sigue planeando, porque hay un temor muy grande y justificado, dado que cuando se trata de imponer el orden legal las fuerzas de seguridad no responden. Entonces, en los últimos años hemos tenido una cosecha de sangre terrible, que tiene su última representación en el asesinato del profesor Carlos Fuentealba en Neuquén.Kirchner es hegemónico en ese aspecto, pero por otro lado hay un estilo de confrontación en este gobierno muy superior a los anteriores. Un viejo teórico de la política hablaba que la esencia de la política era dialéctica del amigo y del enemigo. Y durante estos últimos cuatro años se han construido enemigos sistemáticamente. La Argentina debería transitar por la deliberación y el consenso. En cambio el país vive en una democracia de confrontación y conflicto. -¿Cuáles son los equilibrios y los consensos de este gobierno? -Los mecanismos de consenso que se han implementado durante estos últimos años son muy pocos. Igualmente, el gobierno ha funcionado con eficacia. Sería un error y una falta de perspectiva de mi parte decir lo contrario. Pero lo que sí puedo afirmar es que lo ha hecho sobre la base de una mayoría disciplinada en el Congreso y de una política de confrontación permanente. En cambio, creo que lo que requiere la Argentina en este momento es abrir más el juego, proyectar a la opinión pública que el diálogo es posible. La democracia, como creación humana, totalmente falible, si no tiene reservas de diálogo y consenso puede caer en la posibilidad de morir por inanición. La democracia soporta un nivel de conflicto, pero en determinados estratos. Si la democracia es inundada de conflictos no mediados, sino incentivados, se hace muy complicado. Pero en las provincias siempre hay reservas de moderación. -¿Cómo analiza la relación tensa que Kirchner mantiene con la identidad peronista?-Desde su origen mismo siempre hubo una relación tensa con la identidad peronista. Por la característica gregaria (como decía Perón) del movimiento peronista donde está todo. Y por lo que puede ser el eje central que une diferentes experiencias peronistas y que indica que el peronismo es un gran aparato de poder. No ha habido fuerza política en el siglo XX que haya administrado el poder con la virtuosidad maquiavelista con que lo ha hecho el peronismo. La identidad de este movimiento se va reformulando con lo que llamo el "transformismo peronista". En el libro cito a un actor italiano que llegó a la Argentina a principios del siglo XX, que hacía él mismo todos los personajes de una obra. Y el peronismo tiene esa capacidad de adaptación extraordinaria como este actor que cambia de vestuario muy rápidamente. Entonces, uno se pregunta: ¿qué tienen que ver Carlos Menem con Néstor Kirchner?. Desde el punto de vista ideológico, nada. Pero con respecto al uso del poder, son idénticos.

Votar en Santa Fe

-En la feria del Libro en Buenos Aires, usted dijo que le gustaría ser santafesino para tener opciones a la hora de votar.

-En el libro "Hegemonía y Poder", hago una clasificación de hegemonía por provincias. Y Santa Fe está arriba del ranking, porque no hubo alternancia en el poder desde 1983. Sin embargo, lo que sucede ahora en Santa Fe es muy interesante, tras la aparición del socialismo a partir de la gestión en Rosario. Pero dije esto para marcar un fuerte contraste en el público, con respecto al panorama electoral en la ciudad de Buenos Aires. En Santa Fe va a haber una competencia entre partidos o fuerzas bien definidas. Incluso, una elección de internas abiertas, algo que me parece formidable. En Santa Fe las cosas empiezan a decantar.

Germán de los Santos