En menos de una semana el director técnico Ramón Díaz transitó desde el apoyo a Macri a la adhesión a Filmus. Borocotó no lo hubiera hecho tan rápido, aunque sería bueno conocer las razones que se ponen en juego para estimular estas decisiones.
No es la primera vez que Díaz interviene en política. En su momento lo hizo apoyando a Menem y durante la dictadura militar, cada vez que tuvo oportunidad, expresó su agradecimiento a los generales de turno. Podría decirse que a Díaz le sucede lo mismo que al amigo de mi tío; el nunca cambiaba, lo que cambiaban eran los gobiernos.>
Pertenece también a la política la decisión de este riojano de no adherir a un paro simbólico que propuso la AFA en solidaridad con José Luis Cabezas. >
Díaz no es un hombre de andar haciendo favores gratis. Seguramente si le hubieran ofrecido algo que a él le interesara, hubiera expresado una adhesión emotiva y sincera, tan sincera como la que ahora lo moviliza para apoyar a Filmus y en su momento -hace de esto apenas una semana- lo inspiró para adherir a Macri.>
De todos modos no carguemos demasiado las tintas. Díaz sólo es un director técnico cuyas opiniones no merecerían un comentario si no fuera que en esta Argentina los personajes de la farándula parecen representar a ciertas franjas de la opinión pública, franjas que, para mi gusto parecen cada vez más amplias. En realidad, podría decirse que Díaz es hasta inocente; un oportunista ventajero que nunca dijo que pretendiera ser otra cosa que lo que es. El riojano tiene un solo argumento que lo favorece y es que quienes lo manipulan para que haga lo que hace son iguales o peores que él, con la diferencia de que no son jugadores de fútbol.>
En la Argentina observamos que crece la economía, pero no crece la justicia y mucho menos la moral. No pretendo un país habitado por santos, entre otras cosas porque yo tampoco lo soy, y Dios me libre de semejantes pretensiones, pero sí creo que es legítimo y deseable reclamar un mínimo de decencia, un mínimo de coherencia interior, un mínimo de responsabilidad. En definitiva, el hecho de que a nadie se le exija que sea un santo no puede ser una coartada para transformarse en un canalla.>
Repito, no pretendo que quienes nos gobiernan sean santos, pretendo que sean un poquito mejores que nosotros. Es bueno y deseable para una sociedad saber que en el gobernante reconocen aquellos valores que hacen más noble al ser humano, como es trágico para una sociedad cuando sabe que los que gobiernan expresan sus peores vicios.>
Defiendo la libertad de prensa porque creo en la democracia y creo en mi trabajo. Entiendo que no hay república sin libertad de prensa y sin libertades civiles y políticas que la hagan posible. Entiendo, incluso, como lo entendía Tocqueville, que la libertad de prensa genera algunos excesos que hay que padecer porque el precio a pagar por su corrección es mucho más alto.>
Dicho esto, creo tener autoridad moral para condenar a cierto periodismo amarillo y sensacionalista que organiza linchamientos colectivos no porque su preocupación sea la información o la opinión crítica, sino el rating alentando las peores pasiones de una sociedad. Los ejemplos abundan -y si no miremos lo que sucedió en un hospital de nuestra ciudad- pero el más elocuente a mi gusto lo expresa lo que está pasando con Facundo Macarrón, un chico de veinte años que -�es necesario recordarlo?- hasta que no se demuestre lo contrario es inocente.>
La señora Hebe de Bonafini acaba de obtener para su organización el beneficio de una radio otorgada por el presidente de la Nación. Ahora entiendo por qué se equivocó Raúl Alfonsín en su relación con esta señora, o ahora entiendo por qué esta señora nunca le perdonó a Alfonsín sus supuestas defecciones en materia de derechos humanos, más allá de que el presidente radical llevó, en tiempos difíciles, a toda la junta militar a los tribunales. Ella ahora mantiene "relaciones carnales" con el actual presidente, tan interesado durante los años ochenta en los derechos humanos como yo en la colección de autitos de carrera y ositos de felpa.>
Alguien me dirá que a Hebe de Bonafini hay que reconocerle lo que hizo durante la dictadura. Yo diría que ese recuerdo vale, pero no sólo para ella, sino para los miles de ciudadanos que resistieron y resistimos a la dictadura, a menos que alguien suponga que sólo ella se jugó el cuero en esos años. Diría, por último, que nadie tiene derecho a estar emitiendo cheques morales en blanco por un acto ejercido hace treinta años.>
En la tapa de los diarios se informa que los estudiantes del Colegio Pellegrini impiden que asuman las nuevas autoridades. Ya hace un mes que no se dan clases en el colegio y la sensación existente es que por ese camino se va a perder el año, o, según se mire, se va a ganar, porque como ocurre en estos pagos, después de estar meses sin dar clases todo se resuelve promoviendo a todos, y esta decisión es reivindicada como un acto popular y democrático.>
De todos modos, yo tendría muy poco que decir de los adolescentes que participan de este jolgorio ya que entiendo que a los catorce años se pueden hacer estas cosas y otras peores porque, entre otras cosas, es la ley la que los declara inimputables. En todo caso, a quienes hay que reprocharles en serio su conductas es a los docentes y a los padres que estimulan estas iniciativas en nombre de una supuesta democratización de la educación, un tema que a los miitantes de la ultraizquerda les importa tanto como le puede importar a un barrabrava de Boca la lectura de los cuartetos de Eliot.>
Tal como se demostró el año pasado con la elección del rector de la UBA, las movilizaciones estudiantiles supuestamente espontáneas e idealistas fueron manipuladas por otras fracciones de poder, "tan burguesas" como las que pretendían cuestionar. Nadie debe asombrarse de que los chicos sean revoltosos y en más de un caso algo tontos, lo que debe preocuparnos es que sean manipulados, usados como preservativos por los mayores para obtener dividendos propios. Los chicos están en su derecho de creer que con sus bloqueos institucionales están contribuyendo a la revolución social, lo que no se puede admitir es que esas energías adolescentes sean digitadas por profesores Peter Pan y políticos intrigantes y tramposos.>
No recuerdo quién dijo que estas movilizaciones estudiantiles recuerdan a las llevadas adelante por los reformistas de 1918. El que dice semejante cosa es un ignorante o un portador de la mala fe. Entre Deodoro Roca y los cazadores de rentas universitarias de la ulltraizquierda -y no sólo de la ultraizquierda- hay un abismo intelectual y ético.>
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