¿Leyó alguna vez las Cartas que Hernán Cortés escribió sobre sus viajes y sus conquistas a su arribo al Nuevo Mundo? Allí, Cortés se toma el trabajo de registrar, a modo de diario personal, sus apreciaciones sobre lo observado. Estas Cartas nos permiten conocer, de primera mano, el grado de desarrollo que las culturas precolombinas habían logrado por un lado y las ideas que sustentaban la cultura del conquistador por el otro.
En la Carta Segunda, página 65 a 71, nos describe la ciudad de Tenochtitlán: "... Esta gran ciudad de Temixtitán está fundada en esta laguna. Tiene cuatro entradas, todas de calzada hecha a mano, tan anchas como dos lanzas jinetas. Es tan grande como Sevilla y Córdoba. Tiene muchas plazas, donde hay continuos mercados y trato de comprar y vender... Cada género de mercaduría se vende en su calle, sin que entremetan otra mercaduría ninguna, y en esto tienen mucha orden...>
"...Y por no ser más prolijo en la relación de las cosas deste gran ciudad (aunque no acabaría tan aína) no quiero decir más sino que en su servicio y trato de la gente della hay la manera casi de vivir que en España, y con tanto concierto y orden como allá, y que considerando esta gente ser bárbara y tan apartada del conocimiento de Dios y de la comunicación de otras naciones de razón, es cosa admirable ver la que tienen en todas las cosas". (Hernán Cortés: "Cartas de la conquista de México". Ed. Sarpe, Madrid, 1985).>
La descripción que nos enseña Cortés, de puño y letra, primero de la ciudad de Tenochtitlán y luego de la corte de Moctezuma, considerando a esta corte "bárbara" tan vasta, tan lujosa, que supera en boato a todas las cortes de Europa conocidas hasta ese momento, nos asombra y nos maravilla. Son páginas cargadas de descripciones que no podrían resumirse sin quitarle el sentido, y sobre todo... que casi no se puede creer que nos esté describiendo una ciudad precolombina.>
Su lectura nos permite profundizar en lo que habrá sido esa ciudad, magnífica por sus adelantos tecnológicos, que sorprenden al conquistador: su traza, su organización, su producción, su tecnología, su economía, su arte, sus industrias, sus costumbres, sus preocupaciones, sus maneras de entender lo trascendente: en fin, su patrimonio cultural.>
Cuando se habla de cultura, se realiza un recorte de la realidad. Entendiendo por cultura todo lo que el hombre hace. Podemos simplificar, -por esa necesidad de etiquetar que tiene el hombre-, el mundo en natural y cultural.>
Se realiza el corte que determina al campo cultural, así como hay un campo social, uno político, uno religioso, uno económico, etc: el campo cultural, entonces entendido para la organización política dentro de un plan que contenga todos los lineamientos para su desarrollo global.>
La cultura no tiene una sola definición; hay tantas como estudiosos que escriben sobre ella. Los especialistas todavía no se han puesto de acuerdo en una definitiva.>
Por esto, pretender que la cultura se lleva a algún lugar o se saca de algún lugar para que los que "no la tienen", puedan poseerla, responde a un verdadero arcaísmo cultural, que remite al último párrafo de la descripción de Cortés, propio de fines de la Edad Media y del Renacimiento, de entender la cultura desde una posición etnocéntrica.>
Cada barrio de una ciudad tiene una identidad: propia e intransferible. La diversidad cultural permite la singularidad cultural: cada barrio posee características propias: sus músicos, artistas y artesanos, negocios, mercado, personajes, trabajadores y profesionales, infraestructura, servicios, etc., que determinan un paisaje cultural, una unidad paisajística que conforma una estructura citadina particular. Lo heterogéneo como singularidad para cada unidad paisajística, para cada barrio. Lo intangible que vertebra lo tangible y le da sentido: el sentido está dado por la amalgama perfecta que da el conocer y el saber hacer: conocimiento y experiencia, tanto para resolver los pequeños problemas cotidianos como para los grandes avances científicos, tecnológicos o artísticos.>
No entender esto, nos pone a la altura de lo que pudo haber comprendido Hernán Cortés de la cultura de Moctezuma, cuando quedó deslumbrado a su llegada a la capital azteca. Y que queda patente en el último párrafo seleccionado, donde queda admirado por "la razón" que descubre en estas criaturas "bárbaras tan apartadas del conocimiento de Dios y de la razón".>
No hay que sacar la cultura ni llevarla a ninguna parte: hay que descentralizar los equipamientos y servicios culturales, construir los adecuados donde no haya, recrear y valorizar la propia cultura de cada barrio, otorgar las oportunidades para que los vecinos puedan comprender cada hecho cultural propio, que lo identifica con su barrio y con su entorno, que no es menos que el del Centro o el del Casco fundacional. Difundir, en todo caso, exponentes de otras culturas y épocas, para que el vecino pueda optar y elegir dentro de lo que se denomina industria cultural: el libro, el teatro, el cine, el coleccionismo, la música, el diseño, la tecnología digital, los medios, desarrollando la apreciación por estas expresiones.>
Recién llegado a este punto, el del campo cultural, y con estas salvedades y aclaraciones, podemos sí ponernos a pensar y diseñar la política cultural que vertebre los planes, programas y proyectos que permitan al ciudadano disfrutar del producto cultural propio y ajeno, sin falsas apreciaciones, sin pretendidos acercamientos, donde quienes lo deseen, tengan la oportunidad de aprehender, aprender y enseñar, teniendo siempre presente el sentido que crea cultura. Educar la apreciación por el hecho cultural debe ser un punto de cualquier política cultural. Crear públicos críticos que cuiden su patrimonio, otro punto.>
Podemos escuchar a Marta Argerich, en el teatro, vistiendo jeans y zapatillas. Y podemos ir a ver una película al Wall Mart con tapado de piel. Pero no vamos a poder apreciar a una Orquesta Sinfónica en un tinglado o en la calle. El rock se aprecia mejor en grandes espacios abiertos, con enormes equipos de sonido. También lo podríamos apreciar en un teatro, pero a nivel acústico: un buen teatro se caracteriza justamente por su acústica preparada para que pueda escucharse hasta el menor acorde desde la última grada, sin amplificación. Y, un buen cuadro, necesita ciertas condiciones de luz y ubicación apropiada para poder apreciarlo; lo mismo que la lectura necesita del silencio. Así como una buena comida criolla necesita de los ingredientes adecuados y del fuego para su cocción. >
Muchos consideran que el arte tiene un componente sacro: esto es así porque el arte está muy ligado a lo espiritual. Con relación a esto, la persona formalmente religiosa se encuentra mejor con Dios en una iglesia, una mezquita o una sinagoga: a nadie se le ocurre acercarle la misa a su casa.>
Que haya vecinos que no puedan ir al teatro, al cine, a la escuela, a comprarse un libro o un disco, porque no tienen los medios para hacerlo, no es un problema del campo cultural sino que es un problema del campo social y político. >
Se trata entonces, de gestionar lo cultural, no sólo administrar; de conocer, no sólo improvisar. Culto es aquel que conoce mucho su propia cultura y no el que conoce un poco de muchas culturas diferentes. Y sólo se ama (se cuida y se aprecia) lo que se conoce.>
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