El presidente seguirá los resultados en Olivos
El gobierno se prepara para un balance sin lamentos ni alegrías
Más de 2 millones y medio de porteños y más de 92.000 fueguinos definían hoy quiénes gobernarán la ciudad de Buenos Aires y la provincia más austral del país, durante cuatro años.. 

Ni dramatismo, ni triunfalismo, prometen. Sobre la base de esta premisa, el gobierno nacional se preparaba para hacerle frente desde esta misma noche al efecto político que pueden depararle los resultados de los ballottages en Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego.

Horacio Serafini (CMI)

Fuentes gubernamentales aseguraron que el presidente difícilmente hará referencia a los comicios, contra lo que ha sido su costumbre, en los que con seguridad Mauricio Macri se convertirá desde la oposición en el nuevo jefe de gobierno porteño y, en un final cerrado, el oficialista Hugo Cóccaro o la candidata del ARI, Fabiana Ríos, definirán al nuevo mandatario fueguino.

Tras descansar un día en El Calafate, Néstor Kirchner regresó anoche a la Capital Federal y aguardará en la residencia de Olivos los resultados de la jornada electoral.>

Para mañana, la agenda presidencial prevé actividad desde primera hora. A las 9.30 recibirá en audiencia al "transversal" intendente de Morón, Martín Sabatella, para firmar un acuerdo con la Anses que favorecerá a jubilados de ese municipio. Por la tarde, a las 18, otro acuerdo (obras de infraestructura para La Matanza), esta vez en un acto público en el Salón Sur, servirá para su reaparición pública. "Pero no está previsto que haga balance alguno (de los ballottages)", dijo una fuente presidencial.>

Si en definitiva Kirchner y sus principales ministros-voceros se comportan de este modo, será porque un eventual triunfo de Cóccaro en Tierra del Fuego estaría lejos de poder compensar políticamente una victoria de Macri en el segundo distrito electoral nacional y escaparate del país, aun cuando fuera por menos del 22 por ciento de diferencia sobre Macri que logró en la primera vuelta del 3 de junio.>

"No hay derrota digna. A los Kirchner, como a cualquiera en el poder, no les gusta perder ni a la bolita", se sincera una fuente cercana al jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Y recurre a la expresión pública de deseo más escuchada en el oficialismo durante las últimas tres semanas: "Vamos por el milagro".>

Saben, sin embargo, que el "milagro" supone la casi quimera de que la totalidad del 17 por ciento de los porteños de "voto antiMacri" el 3 de junio (11 de la arista Elisa Carrió más 6 en blanco) vayan al ministro-candidato. >

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Ensayos de explicaciones

Por eso ya comienzan a ensayar explicaciones que apuntan al menos a salir medianamente bien parado del desafío porteño. El propio Alberto Fernández, parte especialmente interesada por ser el promotor de la candidatura de Filmus, dijo el viernes que el gobierno nacional "parecía carecer de tener algún tipo de presencia en la Ciudad de Buenos Aires, y ahora está en segunda vuelta".

Consuelo de tontos, diría alguien, pero consuelo al fin. En esa misma línea de explicaciones, aquélla fuente insistió en que el Ejecutivo ya ganó cuando en la primera vuelta desplazó al jefe de gobierno Jorge Telerman y con él a Carrió que lo apoyaba como plataforma de relanzamiento ("ni un triunfo de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego oxigenará su candidatura") y, según sus palabras, "puso en ridículo" al candidato radical-justicialista Roberto Lavagna, con sus apoyos repartidos para el 3 de julio.>

"Por eso, cualquiera sea la diferencia, y más si es menor al 22 por ciento de la primera vuelta, es ganancia para el Gobierno, en un distrito donde el peronismo sólo ganó una vez, con Erman González, en 1993", se consoló la fuente.>

La cuestión es si un triunfo de Macri puede significar un esbozo de riesgo para la presidencial de octubre. El líder de PRO deslizó que después de hoy "colaborará" en el armado de una alternativa de oposición, pero también ha descartado que pueda resignar su condición de gobernante electo porteño para asumir la candidatura.>

También el gobierno lo cree así. "La falta de cumplimiento con la palabra dada tiene un peso electoral particular en un electorado tan particular como el porteño, lo que en alguna medida se extiende a la provincia de Buenos Aires", diagnosticó la fuente. El caso del aliado macrista Juan Carlos Blumberg parece ilustrativo: después que tuvo que admitir que no es ingeniero, la intención de voto que tenía bajó de 11 a 5 por ciento, según datos que maneja la Rosada.>

De lo que están seguros en la Rosada es que un triunfo de Macri e incluso de Ríos en Tierra del Fuego, en nada incidirá sobre los planes para octubre. "Compensaremos", dice otra fuente, con la mirada puesta en cómo sigue el calendario electoral: en agosto, San Juan, La Rioja y Tucumán, con triunfos en los que abrevará Kirchner, y una derrota en San Luis. Y con la confirmación de la estrategia seguida por el presidente después de la aleccionadora caída en la constituyente de Misiones de octubre pasado: "Sumar de una y otra canasta", como lo hizo en Entre Ríos.>

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