Las autoridades chinas han llevado por primera vez a los tribunales la polémica del patrimonio robado por extranjeros en siglos anteriores, al exigir a un estadounidense de origen hispano que devuelva objetos budistas sustraídos por uno de sus antepasados, informó hoy Radio Internacional de China.
En la denuncia, presentada en un tribunal de la ciudad de Luoyang (centro del país), se pide al ciudadano estadounidense, cuyo nombre no se ha hecho público, que devuelva a China dos cabezas de estatuas budistas de las grutas de Longmen, parte del Patrimonio Mundial de la Unesco.>
El demandado reconoció el robo este año, cuando se presentó ante la Asociación de Coleccionistas de China para que calcularan el valor de las estatuas y admitió que uno de sus ascendientes se las llevó de forma ilegal del país asiático en los años 30 del siglo XX, según informó la emisora oficial china.>
Relató que su antepasado sobornó a habitantes locales con dos dólares de plata para que sustrajeran las cabezas y más tarde las transportó en secreto a Estados Unidos.>
El caso fue presentado en el Tribunal Popular Intermedio de Luoyang por el abogado Liu Yang, que ya había intentado sin éxito presentar la denuncia en otras cortes de la Justicia china.>
La prensa nacional manifestó ciertas dudas sobre el hecho de que, al haber fallecido el autor del delito, sea uno de sus descendientes el demandado, pero el letrado Liu señaló que éste último es el dueño de las dos piezas de arte, por lo que la denuncia es pertinente.>
China estima que más de 10 millones de obras de arte y restos históricos fueron sustraídos por extranjeros, sobre todo antes de la fundación del régimen comunista en 1949, y el país ha puesto en marcha una campaña para recuperarlas.>
La iniciativa incluye ayudar a magnates chinos para que participen en las subastas de estos tesoros del patrimonio y también presionar a grandes galerías de arte del mundo, como el Museo Británico, para que devuelvan las colecciones de China al país.>
Otra gran parte del patrimonio histórico chino se perdió durante la Revolución Cultural (1966-76), cuando los guardias rojos en todo el país destruyeron templos, palacios y otros lugares que según ellos representaban el decadente feudalismo de la era imperial.>