MIRADAS DESDE EL PSICOANÁLISIS
Creer en mirar a los ojos
Los pibes que están en la calle, los que piden, los que tienen hambre y frío. Las imágenes más dolorosas, esas que hacen dar vuelta la cara. La tristeza de enfrentarse a un par de ojitos viejos. ¿Hay alguna posibilidad de hacer algo, desde el ámbito individual?

Mercedes Minnicelli aborda la cuestión de la infancia en riesgo desde una mirada realista, desprovista de cualquier aspiración de heroicidad. "Sin quijotadas", advierte, cuando se le pregunta qué se puede hacer por esas escenas que paralizan en la misma medida que duelen.

Psicoanalista y docente, desarrolla su trabajo en Mar del Plata. Recientemente visitó Santa Fe para dar una charla a psicólogos y profesionales, bajo el título: "Infancia, institución(es) y ley".>

El problema es complejo y habilita diversas rutas de análisis. "Todas las épocas dieron alguna forma de respuesta a lo que se llamaba niñez abandonada. En algún momento, la respuesta era tirarlos en la calle. En otro, crear orfanatos o casas-depósito, grandes instituciones. En otra, crear reformatorios. En nuestra época, viene siendo no crear nada", define.>

"De todos modos, cada región del país tiene formas. Las respuestas no están unificadas, y es mejor que no lo estén. Creo que de lo que se trata es de abrir la posibilidad de pensar hoy sobre esto, que nos desafía. Las viejas fórmulas las tenemos. Hay mucha tentación de volver al sistema de siempre, que hace menos visible el problema", sostiene.>

-El tema es por dónde se empieza...-El gran desafío es: cómo hacemos en este tránsito, donde todo es inestable y donde no existen condiciones mínimas. En estos chicos los lugares cambian, las personas cambian, los olores, los sabores.La psicología americana -no es mi línea de trabajo, pero vamos a servirnos de sus estadísticas- dice que la mudanza es uno de los factores más estresores en las personas. Es decir, existen determinadas constantes en la vida cotidiana: todos los días uno se levanta y no tiene que andar pensando dónde está el baño. Pero para estos chicos, no hay nada que esté siempre en el mismo lugar. No hay una almohada que tenga su forma, su olor. Para ellos, ni siquiera eso es constante. Entonces, ¿cómo se configura una vida cuando te estás mudando todos los días? -¿Cómo influye esto en un momento de la vida fundante, como es la infancia?-Es devastador. Devastador. Por eso, todo aquello que los haga vivir "en otro mundo" es muy tentador: el pegamento, el paco...Estamos luchando con cuestiones muy complejas. Debemos pensar a los chicos no sólo en el hoy: lo que hagamos ahora puede implicar la posibilidad de darles marco para que su vida sea viable.El paco produce un deterioro neurológico irreversible. Si pensamos a futuro, tenemos que ver que de aquí a diez años vamos a tener que llenar el país de instituciones especiales. Eso, si sobreviven. Estamos ante un problema de vida o muerte.Desde el psicoanálisis sabemos lo sustantivos que son los primeros años de vida, en lo que hace a la palabra, la mirada, la voz. Entonces, ¿qué tenemos que instituir? Miradas, palabras y voz. Mirar a los ojos. Hablarles. Ahí es donde se va dando esto que yo llamo "escrituras de la ley": la ley no es solamente la ley jurídica. Para que la ley jurídica en una nación se pueda sostener, los habitantes tienen que tener esas miradas inscriptas en sus cuerpos.

El valor de la mirada

-¿Cómo se hace para instaurar esto, en un marco donde las condiciones de vida están siempre transgrediendo los límites de lo soportable?

-Lo posible está siempre lejos del ideal. Los habitantes tienen en sus manos, por ejemplo, la posibilidad de hablarle a un chico, y que él responda. Y que, nuevamente, reciba una respuesta. Aunque sea que no le querés dar plata, porque no te parece. La posibilidad de recibir una mirada a los ojos, donde se restablezca algo de lo humano. No importa que la mirada o la palabra venga de la madre o del padre: el tema es que sea de otro ser humano.>

Cuando uno camina al lado de ellos, ve cómo la gente les da vuelta la cara. La situación se repite por todos lados. Aquí, cada quien sacará su propio repertorio.>

Incluso, a veces se piensa que dando plata se resuelve el problema. Y si te ponés a escucharlos, te das cuenta que la plata a veces no es para comer, sino para ir al cyber. Con lo cual nos están diciendo que ellos tienen muchas ganas de participar del mismo mundo que los otros chicos. Y esa puede ser una vía de alfabetización.>

Entonces, hay varios límites que imponer. Primero: el paco no puede estar al alcance de estos chicos. Segundo: un chico no alfabetizado queda afuera. Es la futura mano de obra esclava. Esto no es apocalíptico: es realidad.>

-¿Qué papel le cabe a la comunidad en todo esto?-Conozco a un grupo de mamás que veían como algo casi normal que el paco circulara entre sus hijos. Estaban muy ubicadas en el lugar de la naturalización, del "no sé qué hacer". Al trabajar con este grupo, en la medida en que fueron tomando conciencia de lo grave de la situación, se fue configurando un sostén de parte de ellas.Primero debieron ordenarse interiormente, porque son mujeres que también están devastadas por condiciones de vida muy críticas. Ellas fueron entendiendo que la palabra más significativa para cualquiera de estos chicos era la suya. Entonces, empezaron a armar una especie de redada para que, en esa zona, a sus hijos no les vendieran paco. Es la comunidad la que tomó partido; no sin conflicto, por supuesto. Los que mejor saben cuáles son los circuitos son los mismos vecinos de cada barrio. -Pero sin una estructura estatal que avale estas medidas, la posición es bastante desigual.-Desde ya. De todos modos, el Estado es un aparato muy grande, dentro del cual hay personas que están a cargo de distintas funciones. Hay gente que ejerce ese trabajo con mucha solvencia, y que no siempre cuenta con el apoyo suficiente.Si aquellas personas que están en la gestión cuentan con la decisión de los integrantes de la comunidad, que se movilizan para decir no, se puede obligar al Estado.Creo que en conjunto hay que crear otras condiciones de posibilidad para los chicos que están avasallados por el hambre, por la soledad. Ellos están solitos ante las vicisitudes de la vida, y se las arreglan como pueden.

NATALIA PANDOLFO