SEÑAL DE AJUSTE
La novela de una novela
Por Roberto Maurer

Para estas horas, Soledad Silveyra tal vez ya haya abandonado "La ley del amor". Quienes vieron el capítulo del miércoles, pudieron disfrutar de una despedida intensa, si saben conservar la imagen de la jueza federal Renata Guerrico, su personaje, tirada sobre una mesa con Cepeda encima suyo, como un panadero que se vuelca con decisión sobre la masa, besándose furiosamente, luego de hacer el koala, la simpática posición sexual que en las últimas semanas difundió Roció Marengo con inocencia infantil.

La deserción de la figura principal es una consecuencia de la filosofía del productor Quique Estevanez, quien, aseguran los estudiosos, organiza elencos superpoblados en los cuales las altas y las bajas no alteran el curso ciego de los acontecimientos, como si quisiera sostener para siempre una continuidad que, sabemos, puede ser interrumpida en cualquier momento por un descenso del rating. Así como lo mataron a Bonín (otro amor de Silveyra), lo introdujeron a Gorgatti, 87 años y ex alumno de las clases de declamación de Alfonsina Storni, entre otros cambios.>

Nadie es imprescindible, ni siquiera Soledad Silveyra que, es posible, se vaya porque ya no tolera la multiplicación de protagonistas y la exigencia de enamorarse a cada rato de hombres distintos, incluso del rudo Cepeda.>

Como en la existencia misma, se viven con incertidumbre los imponderables de "La ley del amor". �Quién pudo haber adivinado el regreso de Raúl Taibo, el lunes, el protagonista de la novela, Ignacio Pinedo, la pareja rescatada del pasado por la jueza, que imprevistamente había muerto en un accidente en la ruta? En realidad, el actor de irresistibles ojos azules aceptó integrar la pareja protagónica confiando en que la novela terminaba en mayo, ya que había programado un viaje a Machu Picchu. El rating resultó razonable y Telefé decidió mantener la tira, aun sin Taibo, que dejó a Silveyra por las ruinas, o sea que no fue un cambio grande. Y se buscaron consuelos sentimentales a la jueza en los inmediatamente convocados Pablo Alarcón como Alberto, el concertista, y Miguel Habud, como Cepeda, uno vuelve del extranjero y el otro del pasado.>

A PURO MASAJE

En una telenovela, la amnesia es una herramienta tan necesaria como el amor y el odio, al menos en las emergencias: es un renacer, se borra el pasado o se lo mantiene en estado latente, como reserva de futuras sorpresas. Ignacio reapareció esta semana, vivo, pero sin memoria (se entiende que Taibo regresó de Machu Picchu, y se subió otra vez al tren de la tarde). Había sido encontrado por un puestero que lo trasladó a un dispensario cuya médica (Victoria Carreras, otra flamante incorporación) lo cuidó durante un año. "Yo no dejé de hacerte masajes todos los días", le cuenta ahora, mirando con ternura al paciente, a quien sacó del coma con la lectura de un cuento de su amiga Estefanía (Carolina Papaleo, otra convocada).

Ignacio ha despertado, y se relaciona por teléfono con Estefanía, a quien no conoce. Son conversaciones lánguidas, donde cada uno agarra el tubo como si fuera un pedazo del otro, en un acercamiento de perros famélicos. El pobre amnésico se autodefine como "el hombre sin nombre", y ella le da uno: Julio. Ignacio (ahora Julio) puede adivinar que los ojos de Estefanía están inundados por las lágrimas. Ella:>

-Quiero decirte que soy una mujer muy triste.>

-Y yo soy un hombre que lo perdió todo, me olvidé hasta del significado de la palabra tristeza.>

HARTA O CONFUNDIDA, SE VA

Nadie se puede engañar acerca del nuevo encarrilamiento sentimental. Resucitaron a Taibo, ya no para correr a los brazos de Silveyra, el amor con el cual se inició la historia: en una jugada magistral, lo están uniendo por teléfono a Papaleo, es decir que han reunido a la pareja de "Una voz en el teléfono", un Migré de 1990.

Ante la coyuntura de que su compañero de rubro, una vez recuperada su salud, se haya enamorado de otro personaje, convirtiendo a Papaleo en protagonista, Soledad Silveyra presentó su renuncia, harta de los cambios, o confundida por ellos.>

Piénsese en el dilema de Tolstoi, si Ana Karenina hubiera abandonado a "Ana Karenina" por la mitad. Sin vacilaciones, los guionistas de Estevanez siguen manteniendo a "La ley del amor" con vida: es un animal que va perdiendo sus miembros mientras le crecen otros, y ya no se sabe si es el mismo del principio u otro nuevo. Mientras tanto, �qué harán con Pablo Alarcón, cuyo personaje fue creado a los fines de consolar a Silveyra en ausencia de Ignacio?>