SOCIEDAD / EFEMÉRIDES
Hacia la plenitud de la vida
Los años maduros.

El 26 de julio se celebra el Día del Abuelo. Buen momento para recordar que la ancianidad no es un residuo del pasado, sino una etapa que tiene su propia dinámica. Envejecer puede ser la oportunidad para descubrir el inmenso caudal de experiencias y sabiduría que los años traen consigo.

Tercera edad, adulto mayor, ancianidad: son éstas expresiones que se usan a veces indistintamente, con límites imprecisos y hasta confusos, para referirse a edades de la vida pasada la década de los 60 años.

Como al igual que en otras edades, no pueden establecerse límites exactos. Pero, en general, se hace referencia a esa etapa en que la juventud ha transcurrido y se producen en la persona, modificaciones físicas, biológicas, psicológicas. Pero hay algo que queda claro: esa determinada edad, pasada la juventud, no es un residuo del pasado sino que tiene su propia dinámica.>

El envejecimiento es una realidad de la existencia que debe tomarse con la misma aceptación o naturalidad con que se han vivido las otras etapas. Envejecer no es un fracaso; por el contrario, agradeciendo los años que se han prolongado en la vida, debe descubrirse el inmenso caudal que se lleva consigo: experiencias, sabiduría; y encauzar estas fuerzas comprendiendo las limitaciones que son naturales.>

Vivir saludablemente los años maduros

Llevar benéficamente los años de la madurez y de la ancianidad es algo que depende de cada persona y también del entorno.

Desde la propia interioridad, hay que saber prepararse para esta etapa, en la que, sin el ropaje exterior de la juventud, aparecen las verdaderas características de cada personalidad. Habría que enseñar a todos a planificar estos años, de modo de adoptar prácticas de salud positivas y personales (dieta equilibrada, ejercicios adecuados); de mantener o crecer en las vivencias culturales y espirituales, asumiendo los aspectos positivos de la edad del envejecimiento ; la vejez es un camino, una evolución, una fase de la vida que hay que aprender a vivir: optar por quedar instalado en el pasado, añorándolo o abrirse activamente y con fortaleza a la vida que se tiene en adelante: "se es viejo cuando se empieza a actuar como viejo".>

Integrarse a sectores en los que puedan seguir desenvolviéndose como personas activas, participantes y creadoras, inclusive dentro de grupos más jóvenes, mantendrá viva esa dinámica de la que hablábamos y que tanto bien hace.>

Desde el entorno

Los hijos, los nietos, el apoyo mutuo de familiares, amigos y pares, contribuyen a reforzar las conductas del adulto mayor para los días plenos.

Formar a los hijos para que ayuden a sus progenitores a envejecer en forma activa, favorece de manera efectiva a esta etapa, animándolos a concurrir a programas, cursos, talleres dirigidos o a sacar a la luz capacidades que se poseían y quizás no se pusieron en práctica por el cúmulo de obligaciones familiares o de la vida laboral activa.>

También los poderes públicos tienen la responsabilidad de planificar y desarrollar políticas para cuidar a los mayores como se merecen, en virtud de lo realizado en el paso de las generaciones. El progreso económico, cuando lo hay, debe ir acompañado por el progreso y el bienestar social. La sociedad, en su totalidad, debe procurar comprender los años mayores y ancianos, y proporcionarles apoyo e incentivos para que permanezcan integrados a la red social.>

La jubilación como jubileo

La jubilación es un permiso social para desligarse del trabajo. Se supone que a los 60-65 años, el hombre o la mujer tienen derecho a ella por su aporte al mundo laboral, a la sociedad y para gozar de un descanso merecido. Jubilarse no es acabar una vida, es transformarla. Tomada con buen espíritu, preparación, puede ser creativa y fecunda. No debe asumirse como "retiro de la circulación", sino en el sentido de júbilo, alegría, regocijo.

Hay preguntas que secretamente rondan en la pre-jubilación: �me podré arreglar económicamente?, �en qué ocuparé mi tiempo?, �qué pasará con mi salud y mi vida activa?. Salvo el primer tema, el económico, que es por cierto muy especial, lo demás puede planificarse con antelación.>

Con la jubilación puede comenzar una vida nueva, sugestiva, interesante y transformadora, si se encuentra cómo encararla. Si a partir de ella se acusa sólo la falta de ocupación, el tiempo y las horas quietas y vacías, puede perder su sentido de jubileo y correr el riesgo que la tercera edad se convierta en una "edad de tercera".>

Bien entendida, ella mejora la vida, procura mayor tiempo para las mejores acciones de la vida: cuidar la salud, gozar de la familia, conocer, reconocer y disfrutar de los amigos, dedicarle tiempo sin apresuramientos a lo que antes no se disfrutaba. Todo ello aunado con la ocupación gratificante de hobbies, servicios comunitarios, religiosos, el aprendizaje de nuevas tecnologías que interesan pero no había tiempo para aprenderlas, el deporte que se había dejado como algo secundario y hasta el sencillo disfrute del ocio.>

Estas distintas opciones personales se ven también enriquecidas con la oferta de programas que ayudan a ocupar el tiempo y a mantener ágiles las mentes y los cuerpos. En nuestra ciudad hay muchas propuestas; sólo hay que tener la voluntad de comenzar, porque al realizar tareas que los satisfagan, los jubilados fomentan su autoestima personal, potencian las experiencias adquiridas y siguen siendo útiles a la sociedad.>

Esta apertura de la mente, se siente luego en el corazón, ponen en búsqueda continua la paz interior y el sentido grupal, sabiendo que siempre habrá alguien dispuesto a escuchar y compartir.>

La jubilación es así un estreno, un nueva manera de comenzar. En el mundo en que vivimos, el horizonte se ha ampliado asombrosamente; el jubilado que ha optado por "vivir" y no por "transcurrir", encuentra innumerables opciones de autorrealización, de autoafirmación, que a la vez se transforman en actitudes de innegable servicio y beneficios a la red social.>

Ser abuelos: cuando el corazón se ensancha

Una de las grandes alegrías de la vida es tener nietos, biológicos o del corazón, puesto que ellos transforman al adulto mayor en la inigualable condición de abuelos. Al aunarse las dos edades de la existencia, se contribuye a la armonía familiar y al crecimiento personal mutuo, en todos los aspectos. Uno pone la sabiduría madura; el otro, la espontaneidad, la ocurrencia, e invitan a aquéllos a asimilar el camino del progreso y la actualización. �Qué abuelo no a esperado a su nieto para solucionar algún problema en la aventura de la computadora o para manejar el video-reproductor cuando se ha paralizado imprevistamente?

Abuelos jóvenes, abuelos mayores, con ocupaciones propias o colaboradores incondicionalmente: una gracia a la que hay que aprovechar con la consigna de vivir con alegría y agradecimiento. El inmenso amor que se puede brindar, matizado con la comprensión y adaptación a la nueva familia que han formado sus hijos, será el objetivo y la recompensa de poder transitar estos años de la vida.>

Y en el corazón de los nietos, siempre hay un espacio de ternura para sus abuelos; o de recuerdos cargados de afectos, si ya no se los tiene, porque han encontrado en ellos apoyo, cuidados, consejos y también risas con la que matizar su vida familiar.>

Todos los días están presentes los abuelos, pero en el mes de julio, precisamente el 26, se los recuerda especialmente por una festividad religiosa: la de San Joaquín y Santa Ana, reconocidos por una antigua tradición cristiana, como los abuelos de Jesús, padres de María. Para todos ellos, nuestro afectuoso saludo en ese día.>

(*) Fuentes consultadas: Izquierdo Moreno, Ciriaco Larrañaga, Ignacio Publicación "Vida Ascendente".

Recuperar el tiempo

Algunos testimonios.

Ana cuenta: "Al llegar mi momento de jubilarme, algunos me decían `no te jubiles, te vas a enfermar, te deprimís'. Yo me preparé anímicamente para esto. Siento que he recuperado un tiempo que no conocía: estar con la familia, con amigos, salir de paseo sin urgencias. Adiós a esas tardes de domingo tan feas, pensando en el lunes. Para mí resultó una de las épocas con más gusto de mis años".

"Con mi mujer hicimos del ocio, un pasaje a la alegría, de disfrutar tantas cosas que no podíamos antes. Miramos la cartelera de salidas culturales (hay muchos gratuitos o con precios especiales), nos enganchamos con los hijos, los nietos, la parroquia. Todo es como nuevo para nosotros", dice Juan Carlos.>

Por su parte, Pablo cuenta su experiencia desde el rol de hijo. "Mis viejos revivieron cuando se jubilaron. Yo tenía un poco de miedo. Me preguntaba `�Y ahora qué van a hacer?'. Pero están en todos lados, los veo contentos y más tranquilos. El único problema es que a las 8 y media del domingo nos madrugan con el teléfono para coordinar la hora de reunirnos", bromea.>

Textos de Beatriz Gudiño y Raquel Colli de Trucco del Equipo Arquidiocesano de adultos mayores y ancianos (*).>