ANALISIS
Cercanía y distancia
Por Horacio Serafini (CMI)

"Bárbaro", dijo, con voz apenas audible, mientras arrastraba su lánguida humanidad sobre el piso enmarmolado del lobby del hotel de la cadena japonesa Nikko, frente a los bosques de Chapultepec, rumbo al ascensor, con Cristina a su izquierda y la comitiva detrás, también extenuados por el cambio horario y la pesadez, combinación de resolana, nubes de vapor y de smog, de la media tarde del verano mexicano.

A aquel calificativo recurrió el presidente Néstor Kirchner ante la consulta de dos medios argentinos para referirse al feeling con su colega Felipe Calderón, cuando ya había acabado el programa oficial de su primera jornada de visita de Estado.>

"Lo importante de todo esto es la relación bilateral, el proceso de integración y la relación con los otros bloques", explicó el presidente. Y agregó, en lo que puede interpretarse como el único momento del día en que marcó diferencias con Calderón: "Hay que ser coherente", en alusión a su discurso a la hora del almuerzo.>

Kirchner había refrescado allí, desde un soñado miniatril móvil sobre la mesa de cabecera, su compromiso con el enjuiciamiento por las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, en un discurso de fuerte tono ideológico. Pero también el desafío de "saldar la deuda de los derechos fundamentales en democracia, ante la pobreza que lleva al analfabetismo, las enfermedades y el desempleo". �Una manera de marcar la cancha ideológica en la que se reconoce, ante un Calderón de raigambre en la derecha, a pesar del acuerdo de asociación estratégica firmado ayer?>

Calderón lo observaba con disimulado asombro, casi el mismo que denotaba el poderoso empresario mexicano Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, que departía amigablemente -curiosidades de la vuelta de la historia- con el ex montonero y hoy diputado kirchnerista Miguel Bonasso, en una de las 40 mesas desplegadas en el Salón Alcázar del Castillo de Chapultepec, que en su origen fue la residencia que se mandó a construir el emperador Maximiliano de Austria hasta la reforma prorepública de Benito Juárez, a mediados del siglo XIX. >

La jornada había comenzado cerca del mediodía. Kirchner, su esposa y la comitiva fueron recibidos con los honores de rigor por Calderón, su esposa y su comitiva, en el amplísimo Patio Central del monumental Palacio Nacional, la Rosada mexicana pero multiplicada la nuestra por cuatro.>

Siguió luego con una reunión de Kirchner y Calderón de 30 minutos a solas, que se amplió por otra media hora a la candidata, al canciller Jorge Taiana y al embajador argentino en México, Jorge Yoma, con sus contrapartes mexicanas, sin, por supuesto, la esposa de Calderón. El tema energético estuvo en la conversación, dijo Yoma, sin dar más detalles.>