| |
Superando los códigos del teatro romántico y basándose en el texto ibseniano, que toman como ineludible referencia, conducen al espectador, progresivamente, con una fría racionalidad, hasta el núcleo del drama. Así revelan el nudo de falsedades, hipocresías y convencionalismos que arruinan la existencia de Nora, la protagonista.
Cuando el drama se desdobla en tragedia y entra en el desenlace, la obra se precipita. La última escena de "House..." estrenada por el Grupo Andamio Contiguo en Taiarte pudo haber sido inverosímil para los coetáneos de Ibsen, cómodamente instalados en los convencionalismos de la teatralidad, pero hoy es un trago amargo y dificultoso en virtud del prestigio del melodrama, que es lo que acaba siendo el espectáculo, sin perder por ello el carácter emblemático, fundamental, que tiene para el teatro de nuestros días.>
Cuando Nora da el portazo final nos abandona. Parece una fugitiva hacia su propio ser, hacia su íntima sexualidad no realizada, hacia su virtud, que le exige desbancar todo lo falso de su existencia. Allí está su mesiánica actuación, el acto de "salvajismo" que le confiere la libertad. En su rostro hay un gesto inteligente, que le da un ardor de innovadora y pionera de un orden nuevo. Tiene el valor para cambiar lo que no nos gusta de nuestro alrededor y emprender un nuevo viaje, para aprehender una nueva visión de la historia.>
Nora huye de la "armonía" y de la "familia" y busca la utopía como amante ideal. Por eso, en el fondo, hay un nivel de cheques, dinero, documentos, falsificaciones, porque el concepto de propiedad no embarca sólo al hombre. Para Rodolfo, su marido, la imagen de su esposa es un dato intuitivo, es una forma de cultura. La ve como divina, pese a que ella alberga un propósito inmediato, que es romper con el hogar, porque se funde en un sueño mutuo de aceptar la idea heideggeriana de que la verdad es el descubrimiento del ser en sí mismo. Forja un idilio de ruptura con lo masculino y es un ser complementario. En su pensamiento surge con fuerza la idea de que en ella -como un eco cartesiano- "no hay nada cierto sino yo".>
Leandro es el hombre que presta el dinero y ese dato muestra con claridad cómo la adaptación juega de modo cuidadoso con el tema de los "préstamos" que hacemos en la vida y cómo luego los recogemos o los perdemos para siempre. "House..." es también una obra que se dibuja sobre el tema de la imposibilidad de recuperar el "préstamo" afectivo, y con esa alegoría se van abriendo sucesivas dimensiones éticas. Ayudar a otra persona sin que se entere, hacer el bien sin que el otro lo sepa. Esos aspectos morales son precisos y añaden un nivel moral a una obra que con final de sabor despiadado, amargo, hace reflexionar sobre los niveles de "préstamo" del alma humana. Cuando el marido de Nora lee la carta en la que el �prestamista? reclama el dinero añorado, se abre una nueva brecha de indignante perplejidad y la obra entra en un nuevo nivel. Lo oculto se hace público, lo proscripto se hace evidencia.>
Desde la dirección general, Norma Cabrera detecta con inteligencia la peligrosa trampa del original, aquellos puntos con los que el anacronismo podía debilitarla. Acechanzas que elude con una sabia contención expositiva y un grado de estilización expresado tanto en el modelo interpretativo como en un vestuario -de Cecilia Mazzetti- exquisito, también protagonista. En el elenco se destacan la soberbia interpretación de Rubén von der Thüsen, en el mejor trabajo de su larga trayectoria, y la excelencia en la labor de Silvia Debona. Ambos captan con precisión las turbulencias de sus personajes y ambos les entregan cuerpo y alma, sin dubitaciones. Están muy bien Cecilia Mazzetti como la ambigua Renata, tratando de cazar su presa y Juan Francisco Bressán, perfecto en su rol del amigo conquistador. Se suman con corrección los trabajos de Daniela Arnaudo y Lara Margaritini.>
Sobre el final, Nora hace crecer cada vez más nuestra admiración hacia las mujeres con valor, con personalidad. Rompe con el mundo de falsedad y de engaño que la rodea. Se siente débil e inexperta, pero sabe lo que quiere. Y sabe que luchará cuanto sea necesario para conseguirlo. Su valor no tiene freno. Hay un juego de luces y de sombras en su mundo, pero ella encuentra la claridad.>
Andamio Contiguo celebra con esta puesta en escena sus primeros e intensos quince años de existencia en el teatro santafesino. De la mejor manera: con talento, sin fondant, coronando un postre exquisito con una frutilla para recordar.>
Roberto Schneider