El imprescindible velatorio
Señores directores: En los últimos días, un bebé prematuro y un anciano, los dos extremos de la vida terrenal, fueron declarados muertos y luego "revivieron". No es la primera vez que se producen estos mal llamados "milagros", ni será la última. No hubo negligencia, impericia o mala praxis. Los profesionales de la salud que analizaron los signos vitales hicieron el único diagnóstico posible: en ese momento, estaban "clínicamente muertos".
El paro cardíaco, la ausencia de pulso y respiración, la ausencia de calor corporal y reflejos, la rigidez cadavérica y algunos otros no son siempre los signos definitivos de la muerte.>
Desde siempre, ha habido en la humanidad un muy pequeño porcentaje de casos en los que, no obstante estos signos evidentes, la persona revivió.>
Es difícil decir cuál es el signo definitivo o verdadero de la muerte. Los signos externos son de "muerte física", pero la persona puede encontrarse en estado de trance, catalepsia, éxtasis u otros estados desconocidos y no registrables todavía por la aparatología disponible.>
En la era del conocimiento y la tecnología, quizás el único signo definitivo y seguro en un ciento por ciento sea el inicio de la descomposición del cuerpo.>
Hay mucho por aprender todavía sobre el hombre y sus estados de conciencia, más allá de la simple división de despierto, dormido o muerto.>
Salvo situaciones de muertes con mutilación o destrucción importante del cuerpo físico que hacen imposible el reinicio de la vida, en toda otra circunstancia y particularmente ante el habitual diagnóstico de muerte por "paro cardíaco", no se debe enterrar a nadie inmediatamente. No se puede anticipar si esa persona no es uno de esos pocos casos "especiales", que podría revivir.>
Como sabiamente siempre se hizo, hay que "velar el cuerpo", un día como mínimo, por precaución.>
Dr. Osvaldo Gutiérrez Páris - Matr. 5763. LE: 6.305.438. Santo Tomé.>
Noche
Señores directores: Pluma en mano/ sin poder dormir,/ te miro, noche.// -No sigas oscura/ cegando la tierra.// íLlénate de luces!// -De negro me asustas,/ recuerdo el abismo,/ la soledad, la muerte.// íNo sigas oscura!// íCámbiate de traje!// Si de fiesta te vistes/ con el broche de luna/ y la capa de estrellas,/ íme pareces otra!// Brilla la calle,/ el agua, la fuente...// Me gustas noche/ y te miro tanto,/ que ya llega el sueño/ prendido en tu brillo,/ soñando tu encanto,/ oyendo el silencio/ que también arrulla/ sin notas, sin cantos.// íNoche!// íVístete de fiesta!/ y no olvides ponerte/ tu broche de luna/ y tu capa de estrellas.
María Angélica Francia de Dalla Fontana - L.C.: 7.160.917. Ciudad.>