Las ironías no disimulan los problemas reales

Contra la tendencia mundial, en la Argentina el dólar sube. La ironía que se hace circular entre los economistas tiene un primer aspecto que debe quedar aclarado: no se trata sólo de que el billete norteamericano sube, sino de que, a la vez, el peso argentino desciende.

En medio de las polémicas que aparecieron el fin de semana entre el gobierno y sectores de la economía, ya no hay margen para culpar por el valor del dólar a los bancos ni a los fondos especulativos. Al fin y al cabo, el negocio del dinero es para ganar dinero, no para perderlo. La gran diferencia está en que ya no se invierte exclusivamente en papeles privados: la tentación son los bonos de la deuda argentina cuyos rendimientos se basan en el comportamiento de los precios. Ahí está el quid de la cuestión y lo que permite entender los dichos del presidente. Su frase no fue antojadiza, sino de mercado: "Quieren que la gente crea que la inflación es más alta para poder ganar más". En rigor, la falta de respuesta demostró que a pocos les preocupa quién compra los bonos. La cuestión central es por qué el gobierno emite deuda en forma permanente.>

La respuesta a esta pregunta explica el comportamiento del dólar en las últimas semanas. Y para avalar aquello de la evidente desconfianza por lo que se dice y no se hace, apareció el Banco Central interviniendo en el mercado con 150 millones de dólares a efectos de calmar a la encabritada moneda estadounidense o, mejor dicho, despertar al golpeado peso.>

Nadie desconoce que la deuda tiene un alto costo; lo malo es que el gobierno parece ignorarlo, porque la baja del peso respecto del dólar aumenta aún más las presiones sobre los precios internos y la caída del poder de compra de los sectores de ingresos fijos. Bien señalan algunos expertos: se intenta disimular -claro que sin mucho éxito- este fenómeno mediante el empleo de distintas herramientas. Así, por ejemplo, el caso de los precios máximos, denominados por este gobierno como acuerdos de precios a fin de simular una situación ganar-ganar para todas las partes involucradas. Hay un dato preciso: las góndolas vacías en los supermercados son síntomas de esta política. A ello debe añadirse la falta de actualización de las tarifas de los servicios públicos, fijadas en una relación peso-dólar correspondiente al período de la predevaluación.>

No parece haber duda de que el gobierno trata de disimular la falta de derrame de un modelo económico de dólar artificialmente alto, economía cerrada que protege a sectores tradicionalmente no competitivos internacionalmente y del ingreso de los sectores más competitivos a través de los impuestos a las exportaciones, que representan cerca del 15 por ciento del ingreso fiscal. Pero la otra punta refleja que los precios no regulados suben y los regulados están fijos, aunque muestran crecientes problemas de abastecimiento.>

Éstos son los primeros síntomas de lo que puede ocurrir después de diciembre. Así, salvo el contexto internacional -como nunca tan favorable-, comenzará, si los cambios no se ejecutan, un proceso de ralentización de la economía.>