Rogelio Alaniz
Cuando a Menem los escándalos le estallaban en las manos todas las semanas sostuvo que era víctima de "las casualidades permanentes". Algo así como que la mala suerte o la conspiración aviesa de sus enemigos, eran los responsables de hacerle vivir situaciones incómodas. El gobierno de Kirchner está recurriendo a esa teoría, o a esa coartada, para justificar situaciones en las que, o sus funcionarios son corruptos o son estúpidos. Ambas causales de inhabilitación para ejercer la función pública.
No terminó de disiparse el efecto del célebre "bañogate" de Felisa Miceli, cuando se produce el "portafoliogate" de un anónimo personaje portador de una valija de 800.000 dólares que la traslada gracias a los servicios de un avión contratado con el dinero de los contribuyentes argentinos. La explicación oficial es tan "sencilla" que instala una vez más la sospecha de que ciertos funcionarios de alto rango subestiman de manera abusiva la inteligencia de los argentinos.>
No otra cosa puede decirse cuando se escucha por boca de personas supuestamente responsables el argumento de que el valijero Antonini subió al avión por cuenta propia o protegido por los funcionarios venezolanos. El problema es que el avión no era venezolano, sino que había sido alquilado por funcionarios argentinos y, por lo tanto, eran ellos los exclusivos responsables de lo que allí ocurriera, salvo que alguien se crea en serio que Antonini estaba haciendo dedo en la ruta y el avión paró para levantarlo.>
Si por razones de sentido común descartamos la teoría del autostop, queda en pie la posibilidad de que el valijero haya subido protegido por los ejecutivos de la petrolera venezolana que venían en el avión. En principio, habría que preguntarse por qué funcionarios argentinos de tercer rango, supuestamente encargados de misiones menores, se dedican a alquilar un avión privado al precio de 90.000 dólares cuando el pasaje en avión de línea sale 700 dólares.>
Daría la impresión de que así como en los tiempos de Menem la debilidad de los menemistas eran los autos caros, en los tiempos de Kirchner la debilidad son los aviones privados. Así parecen probarlo los testimonios de Romina Picolotti y Cristina Fernández, quienes no se mueven ni a la esquina si no lo hacen en su propio avión, eso sí, alquilado con dinero público.>
Y ya que estamos comparando, recuerdo cuando en una oportunidad, de esto hace más de veinte años, entrevisté a Arturo Frondizi y me comentó que los viajes al exterior los hacía en avión de línea. Una valija, un portafolio con papeles y un libro para leer en el viaje le alcanzaba al entonces presidente de la Nación para viajar y conversar con Kennedy, De Gaulle, Adenauer o Wilson. Como diría el tango: "...eran otros hombres más hombres los nuestros".>
Pero volvamos a la valija de los 800.000 dólares. A favor del gobierno puede decirse que el sistema de la aduana funcionó con eficacia. Diría que con la misma eficacia que funcionó la brigada que descubrió el paquete en el baño de la ministra de Economía. También puede apuntarse a su favor que Uberti renunció, un dato a destacar atendiendo a que en los tiempos de Menem los funcionarios procesados continuaban en el poder o, como en el caso de la coima a los senadores, hasta el día de la fecha De la Rúa sigue defendiendo la integridad moral de sus operadores y de los senadores seducidos por la irresistible Banelco.>
Digamos que el gobierno en estos temas parece comportarse "correctamente". Aunque ya se sabe que los pensamientos "correctos", como las conductas "correctas" son máscaras que ocultan o disimulan lo importante. Yo no soy partidario del principio de la "sabiduría popular" que suele seducir a los demagogos de todos los tiempos, pero debo admitir que atendiendo a lo que sucede en las esferas del poder, la desconfianza instintiva de la sociedad a los poderosos debe ser, por lo menos, interpretada.>
Digo esto porque entiendo que para la mayoría de la gente lo sucedido en la aduana efectivamente es, como postula el oficialismo, un episodio menor. Pero sólo hasta allí llega la coincidencia entre pueblo y gobierno, porque para la opinión pública el episodio es menor porque, en realidad, lo sucedido es apenas una muestra pequeña de los altos niveles de corrupción que circulan en el interior del poder.>
Algo parecido se pensó con el caso del paquete de Miceli. El descuido se produce no porque sean tontos, sino porque el principio de impunidad es tan grande y los negocios suman cifras tan altas que nadie se preocupa demasiado por un miserable paquete de 100.000 dólares o una modesta valija de 800.000 dólares. Después de todo, "quién no tiene un millón de dólares afuera", dijo en su momento Carlos Alberto Reutemann -más conocido como el "filósofo de Guadalupe"- para explicar por qué no había declarado sus cuentas en el extranjero.>
Los dirigentes de la oposición piden la renuncia de De Vido, considerado el principal responsable de todas estas corruptelas. Si esto sucediera -cosa que no es fácil porque ningún gobierno se desprende de su recaudador más importante- de allí no podemos deducir que la candidatura de Cristina vaya a correr riesgos en las elecciones de octubre, entre otras cosas, porque puede ser posible que sea la mismísima Cristina la que en algún momento pida la cabeza del operador más desgastado del oficialismo.>
En una nota anterior dije que el principal enemigo del gobierno era el gobierno mismo, con sus errores y su internismo caníbal. Al respecto son cada vez más consistentes los rumores de que De Vido fue víctima en la aduana de una operación de los Fernández, una gentil devolución de atenciones a la operación montada por De Vido contra Felisa Miceli.>
Dos seguridades tiene el oficialismo en la actual coyuntura: la sociedad nunca castigó la corrupción de los gobiernos peronistas, por lo que, mientras las variables económicas y sociales se mantengan, no hay motivos para temer un ataque de moralina de una sociedad cuyos sectores mayoritarios no han tenido ningún empacho en votarlo a Menem.>
La segunda certeza es de carácter más coyuntural, pero no por ello menos efectiva: ningún gobierno pierde el poder si no existe una propuesta, un liderazgo, en condiciones de reemplazarlo. Ese liderazgo está ausente o no alcanza. Dicho en términos futboleros: el gobierno nacional, con su torpeza, se las ingenia para que la pelota esté siempre peligrosamente picando en su área chica, pero como no existe ningún jugador capacitado para hacer el gol, se las arregla para salir del paso.>
Continuando con la metáfora deportiva, podría decirse que la posibilidad de derrota del gobierno depende más de un gol en contra que del talento ofensivo de sus rivales, una conclusión algo melancólica, muy a la altura de los límites de una oposición cuya estrategia más audaz, y al mismo tiempo más realista, se conforma con arañar el veinte por ciento de los votos.>