Los rivales del sur de Asia celebran uno hoy y el otro mañana la liberación del Imperio Británico
Pakistán e India cumplen 60 años de independencia
Pakistán e India celebran el 60° aniversario de su independencia y partición con un proceso de diálogo abierto pero interrumpido por la crisis paquistaní, que produjo ayer el gesto de la liberación de 134 indios prisioneros en el país vecino y hoy de 113 paquistaníes de las cárceles indias.
EFE-AFP-Télam
Pakistán celebra hoy su independencia del Imperio Británico, que fue concedida tras decidir una partición de la India, para dar así una nación a su población musulmana. La India conmemora un día después el aniversario de aquel momento de la independencia, que se tiñó con la sangre de millones de personas.> Con tres guerras a sus espaldas y una rivalidad que los llevó en la década pasada a dotarse del arma nuclear, las dos naciones surasiáticas emprendieron un "proceso de paz" en 2004, sólo cinco años después de su último enfrentamiento armado en Kargil (Cachemira).> Desde entonces, estas "dos hermanas" han intentado superar sus rencores con unas negociaciones sujetas a interrupciones, como la que produjeron en julio de 2006 los atentados de Bombay -de los que Delhi acusó a Islamabad- o la crisis política que azota en la actualidad a Pakistán.> Ayer mismo, Pakistán entregó a la India a 134 personas (entre ellos, 18 niños) y hoy, en un gesto recíproco, fueron liberados 113 paquistaníes presos en cárceles indias.>
"Acuerdo"
El "gran" acuerdo fruto de este diálogo llegó en febrero pasado, cuando los ministros de Exteriores firmaron un pacto para reducir el riesgo de accidentes con armas nucleares durante las pruebas realizadas por ambos países. El acuerdo fue suscripto a raíz de que tanto Pakistán como India sufrieran el zarpazo del terrorismo, con un atentado en el único tren que une Delhi con Lahore, ocurrido en suelo indio, pero con una mayoría de víctimas paquistaníes.> Ese atentado, que causó la muerte de 68 personas, hizo avanzar la creación de una estrategia antiterrorista conjunta que ha dado, hasta ahora, pocos resultados visibles.> La India sigue viendo la mano de los servicios secretos paquistaníes detrás de todos los atentados que padece, del mismo modo que achaca a infiltrados de Pakistán la violencia en el territorio de Cachemira.> En esta región, motivo de dos de las guerras indo-paquistaníes, impera la violencia, con una población mayoritariamente musulmana que clama por liberarse de la "atadura" india.> Un sondeo en la capital de Cachemira, Srinagar, revela que el 87 % de sus habitantes prefieren la independencia y sólo el 3 % la unión con Pakistán.> Pakistán ha propuesto repetidamente a la India una solución que pase por el autogobierno cachemir y la desmilitarización de la zona, pero el Ejecutivo indio rechaza cualquier reducción de efectivos de su ejército.>
Una Pakistán inestable
Sesenta años después de la lucha que llevó a la independencia y partición del subcontinente indio entre la India y Pakistán, este último país todavía ha de consolidar una democracia genuina. La historia política del Pakistán independiente se ha caracterizado por períodos alternos de gobierno autoritario militar y de poder civil, con el denominador común de la inestabilidad.> Si, según la organización estadounidense Fondo para la Paz, Pakistán aparece este año en el puesto número 12 del ranking de Estados fallidos (peor que Sierra Leona o Corea del Norte), ello se debe en parte a la emergencia del islamismo radical, pero también a la incertidumbre que rodea al régimen del presidente Pervez Musharraf.> Musharraf, que llegó al poder en octubre de 1999 siendo jefe del Ejército con un golpe de Estado incruento, inició más tarde un proceso de legitimación con vistas a dotarse de una corteza democrática, y en 2002 convocó un referéndum que prorrogó su "mandato" hasta este año.> El general y presidente busca la reválida en ambos cargos en plena crisis y no da muestras de estar dispuesto a ceder en su planes pese a las críticas internas y de sus aliados exteriores.> Pakistán paga todavía la política de islamización llevada a cabo por el general Zia ul-Haq, que en la década de 1980 potenció, con la bendición de Estados Unidos, el radicalismo mujaidín para luchar contra los soviéticos en Afganistán.>
India, superpotencia
En tanto, sesenta años después de lograr la independencia, India quiere ser una superpotencia mundial y lo muestra con sus éxitos económicos, sus armas atómicas y su presencia a nivel internacional, aunque el gigante asiático todavía no consiguió superar el subdesarrollo. India se entusiasma con las predicciones de los bancos extranjeros, que prevén que sea la tercera economía del mundo en 2025, por delante de Japón. Para 2050, India espera ser la primera potencia económica, codo a codo con China y habiendo dejado atrás a Estados Unidos.> De momento, su Producto Bruto Interno (PBI) supera el billón de dólares, lo que la convierte en la 11a. economía del planeta. Su crecimiento es del 9,4 %, el segundo mayor del mundo, por detrás de China.> Los rascacielos y los centros comerciales crecen rápidamente en las megalópolis de Bombay, Nueva Delhi, Madras o Bangalore. La Bolsa vive momentos de euforia, y las inversiones extranjeras fluyen sin cesar. Además, desde hace un año, los conglomerados familiares indios están adquiriendo compañías occidentales.> A nivel internacional, Nueva Delhi, potencia atómica, quiere ser reconocida como un actor regional y mundial. India y Estados Unidos concluyeron recientemente un acuerdo sobre energía nuclear con fines civiles.> Por otro lado, el subcontinente indio sigue siendo un "campeón" de la miseria y la desigualdad. El primer ministro Manmohan Singh, del Partido del Congreso, elegido en 2004 con la promesa de reducir la pobreza, procura calmar el entusiasmo recordando el subdesarrollo que sufre el país.> De 457 millones de trabajadores, casi nueve de cada diez ganan menos de medio dólar al día. Entre los niños de menos de tres años, el 46 % sufre malnutrición. Además, la tasa de alfabetización no supera el 60 % y 78 % de los indios no tiene baños.> India tiene también el mayor número de seropositivos en todo el mundo.> Y en el índice de desarrollo, el país ocupa el 126° lugar.>
Los cachemires quieren que caiga "el muro"
La región dividida de Cachemira sigue siendo un punto de fricción entre India y Pakistán desde su independencia, en agosto de 1947, pero 60 años más tarde, las familias cachemires quieren ver caer este nuevo "muro de Berlín". La región, situada en el Himalaya y símbolo de la partición del antiguo Imperio Británico de las Indias, está dividida entre una provincia india y otra paquistaní por una Línea de Control, convertida en la frontera de facto desde 1949. Muchas familias cachemires encarnan esta fractura. Mughlia Begum tenía 18 años el 15 de agosto de 1947 cuando perdió contacto con su padre Abdul Aziz, quien permaneció en Peshawar (actual Pakistán) trabajando como cocinero. Su padre volvió a casarse, pero en varias oportunidades trató de cruzar la frontera para volver a ver a su primera mujer y a sus cuatro hijas. Sin embargo, nunca lo logró. "Nos enteramos de su muerte por un telegrama" en 1980, dos meses después de su fallecimiento, cuenta la nuera de Begum, Hafiza Nazir. En Cachemira, los dramas de las familias y amigos separados son abundantes, víctimas todos ellos de la migración forzada más traumatizante que ha vivido el mundo moderno. Cuando el subcontinente se escindió, Habib Ullah, que hoy tiene 90 años, vivía en Karachi, en el sur de Pakistán. Tras una breve visita a la Cachemira india en 1983, pudo volver allí este año durante un mes, gracias a la flexibilización de los procesos consulares entre India y Pakistán. "Estoy feliz de estar con mi hermano y mis seres queridos", dice Habib Ullah. Pero "esta frontera, que no reconocemos, tiene que caer", insiste.
Sangrienta partición
El último virrey de las Indias británicas, Lord Mountbatten, lo recordaba como un día de gozo con aquel "picnic" gigante, pero el primer día de la independencia india, el 15 de agosto de 1947, inició también una partición sangrienta entre el nuevo Estado indio y Pakistán. A medianoche en punto, entre el 14 y el 15 de agosto de 1947, Lord Mountbatten entregó el poder a los indios en una ceremonia en el imponente Parlamento de Nueva Delhi, ante los futuros dirigentes indios y los maharajás. En el exterior del edificio, una masa inmensa cantaba y admiraba los fuegos artificiales. Era el día de la "cita con el destino", según las palabras del primer jefe de gobierno de la India independiente, Jawaharlal Nehru, quien proclamó que el país "despertaba a la vida y la libertad". India festejaba su independencia, pero sin Mahatma Ghandi, cuyo movimiento no violento contra la colonización desempeñó un papel esencial en la independencia. En Calcuta, Gandhi meditaba y se lamentaba ya por la "monstruosa vivisección" de la ex colonia británica. Sus temores estaban fundados. La partición en dos Estados independientes, India y Pakistán, trajo la migración forzosa más grande y sangrienta que ha conocido el mundo moderno. Entre abril y noviembre de 1947, una masa de entre 10 y 15 millones de personas atravesó la frontera en los dos sentidos: los musulmanes hacia el noroeste, en dirección del nuevo Pakistán, y hacia el este, donde se encuentra el actual Bangladesh, y los hindúes hacia el sur, rumbo a India. En las masacres que desencadenaron estas migraciones, entre 500.000 y un millón de refugiados murieron asesinados en las carreteras o en los vagones de "los trenes de la muerte". Los autores eran, por un lado, musulmanes, y del otro hindúes y sijs, armados de hachas, cuchillos o palos de hockey. La cólera por la partición, la pérdida de territorios, casas y granjas fue atizada por los rumores, que incitaban a la carnicería. Al no querer la ONU ocuparse de ello, el trazado de las fronteras fue confiado a un inglés que nunca había puesto los pies en la región, Sir Cyril Ratcliffe, quien dispuso de 36 días en una oficina de Nueva Delhi para dibujar la línea fronteriza entre ambos países. Sesenta años más tarde, y al cabo de tres guerras indo-paquistaníes y del nacimiento en 1971 de Bangladesh, el antiguo Pakistán Oriental, el símbolo de este pasado sangriento sigue siendo Cachemira, donde la guerrilla islamista ha causado al menos 44.000 muertos desde 1989, el doble según la rebelión.
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