| Propuesta INDECente
El mismo día, Kirchner se dejó caer por la oficina de Alberto Fernández, mientras éste recibía a delegados sindicales del Indec y a un amigo de la casa, Hugo Yasky, el titular de la CTA. Ahí nomás, convinieron algo que se formalizará este martes: la reincorporación de técnicos cesanteados y el pago de los días de huelga como punto de partida hacia la "normalización" de la agencia. El dinero no es problema, como horas antes había demostrado el gobierno, aumentando por decreto en 14.219 millones de pesos el presupuesto nacional. Así nomás, de un plumazo, porque era necesario y urgente. Pero si algo no hubo -no podía haber- en la reunión fue precisión sobre cómo y cuándo se sincerará el IPC. En todo caso, dicen fuentes confiables, el emprolijamiento no será retroactivo (como sí lo son los recientemente sancionados retoques a Ganancias, que harán que uno de cada cuatro argentinos cobre alguna forma de "aguinaldo" semanas antes de las elecciones). La clave será "empalmar" la variación de los datos nuevos (futuros) con la de los viejos (de hoy), y dejarle a los historiadores los varios puntos de inflación que Moreno rebanó para la causa K. Lo contrario sería un presente griego para el próximo habitante de la Rosada, que debería pagar los miles de millones de pesos en bonos ajustables que el fisco se ahorró manipulando la inflación. Mientras, el falseamiento del IPC afectó otras cifras, como la Canasta Básica y las de pobreza e indigencia. Y los técnicos todavía se preguntan cómo hizo el Indec para calcular la tasa de desempleo del primer trimestre (otro de los anticipos K que se confirmó la semana pasada) luego de diezmar la división que la calculaba. Regiamente ajena a ésa y a otras polémicas -como el conflicto en Santa Cruz y los bolsazos y valijazos de dinero que huele mal- la senadora Cristina Fernández de Kirchner dijo el jueves que es hora de pensar "a largo plazo". Ahora se puede, dijo la candidata oficialista, porque -entre otras cosas- la gestión de su esposo sentó "las condiciones macroeconómicas para que la actividad privada tomara un fuerte sesgo exportador". El día anterior, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) había precisado en un exhaustivo informe que entre 1990 y 2000 las exportaciones argentinas crecieron, en cantidad, al 7,8 por ciento anual. Y entre 2001 y 2006, al 6,8 por ciento anual. Al rescate de esa flaqueza vinieron los generosos precios de la soja, el trigo, el maíz. En síntesis, la afirmación de Cristina tiene tanta verdad como el IPC de Moreno. Pero ¿a quién le pueden importar las estadísticas? |

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