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Opinión
Edición del Martes 28 de agosto de 2007
Triunfos absolutos que evidencian una república enclenque

El resultado de las elecciones en Tucumán fue previsible. El candidato oficialista obtuvo casi el ochenta por ciento de los votos, un porcentaje que los cientistas políticos califican de "paraguayo" para referirse a comicios que se parecen más a un plebiscito que a elecciones democráticas en sociedades pluralistas y abiertas.

El principal logro político del gobernador Alperovich fue habilitar legalmente su reelección, un tema que fue puesto en tela de juicio luego de la derrota oficialista en Misiones. Justamente, lo sucedido el año pasado en la provincia yerbatera pareció marcar un punto de inflexión en esta cuestión. La decisión de los gobernadores de Buenos Aires y Jujuy de declinar la posibilidad de forzar el ordenamiento constitucional para asegurar la reelección de sus gobernadores se inscribió en ese contexto.>

Está claro que este cambio no obedeció a convicciones republicanas sino a conductas nacidas de la necesidad. En primer lugar, el gobierno nacional consideró que, de reiterarse lo sucedido en Misiones, podrían ponerse en tela de juicio sus propias ambiciones de reproducción del poder. En consecuencia, el presidente Kirchner ordenó a sus gobernadores limitar o manejar con prudencia sus propias ambiciones reeleccionistas privilegiando en todos los casos la estrategia nacional.>

Desde Misiones a la fecha, ha corrido mucha agua por debajo de los puentes y hoy ese brote de cultura republicana ha sido sacrificado en el altar de las necesidades del momento. En Tucumán, la maniobra política de Alperovich para asegurarse la reelección se realizó bajo el paraguas legal de lo que en la jerga política local se llamó el "acople", un dispositivo legal que permitía a diferentes caudillos que competían entre ellos en los departamentos o en las ciudades y pueblos del interior, tributar electoralmente al gobernador.>

Tucumán es una de la provincias consideradas pobres. La marginalidad social y económica se complementa con un sistema político clientelístico y prebendario. El llamado "Jardín de la República" se ha ido deteriorando al ritmo de gobernantes autoritarios, en un caso, y demagogos e insensibles, en el otro. El recurso de la reelección política es funcional a una clase dirigente y a una sociedad que por un camino u otro no han sabido o no han querido transformar a la provincia en la línea del progreso.>

Lamentablemente, lo sucedido en Tucumán no es una excepción en la Argentina. En otro contexto y con un nivel de realizaciones económicas notables, Rodríguez Saá obtuvo en la provincia de San Luis alrededor del ochenta por ciento de los votos, niveles de adhesión que cuestionan por sí mismos la pluralidad de los electores y la calidad de las instituciones republicanas, sobre todo en una provincia que desde hace más de veinte años es controlada por la misma familia.>

En todos los casos, aparece la debilidad de la oposición para armar y proponer alternativas superadoras o para articular al menos un consenso aceptable. Esta realidad testimonia la existencia de sociedades devastadas por la demagogia y el autoritarismo, así como de procesos de cooptación y manipulación de las energías opositoras desde las estructuras del poder.>





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