En la Galería Arcimboldo de Capital Federal
Fotos con el teléfono en la mirada de Fredy Heer
El artista dice que busca mostrar algo que pueda ser visto muchas veces. "En esto radica mi identidad de fotógrafo".

El fotógrafo santafesino Fredy Heer inaugurará en setiembre próximo una muestra de fotografías con una característica que las distingue: fueron tomadas con su teléfono celular. Será en Arcimboldo Galería de Arte -de la también santafesina Pelusa Borthwick- ubicada en Reconquista 761, PB "14" de la Capital Federal, en el Gabinete de Arte y Política que puede visitarse de lunes a viernes de 15 a 20.

La Primera Serie de esta exposición se inaugurará el próximo 10 de setiembre y la Segunda Serie el 23 de setiembre, ambas a las 19, y podrán ser visitadas hasta el 10 de octubre.>

Fotógrafo de larga y aquilatada trayectoria, Heer es también compañero de tareas en El Litoral. Muchos santafesinos recordarán su excelente exposición realizada hace algunos años en la Casa de la Cultural. Confiesa que aunque esté bastante separado de la actividad de prensa, sí se siente cerca de la composición instantánea. "Busco mostrar -nos dice- algo que pueda ser visto muchas veces, en esto radica mi identidad de fotógrafo. Hacerla intervenir en cada mirada, para defender una idea de la fotografía y una posición fotográfica. A través de los lugares comunes, momentos de la vida cotidiana son escena de una manera de ser argentino, las imágenes del barrio me dan los elementos.>

"Creo que la foto -destaca Fredy- puede buscarse en los lugares menos fotográficos de la cultura popular, callejera: una bicicleta apoyada indolentemente en un caño, un lema, un cartel callejero, inscripciones en los colectivos (viejos resabios de las inscripciones en los carros del pasado), una vidriera cambiante y efímera como los sucesos del siglo".>

Imágenes "robadas"

A Fredy le gusta caminar por las calles porteñas. Así, "voy `robando', encontrando y creando sobre la marcha. Veo algo que puede ser interesante, lo decido en el momento y disparo. Claro que da la tranquilidad de que muchos creen que estoy hablando o enviando un mensaje, pero igual tengo que rápidamente componer la foto. Y es algo que vengo haciendo desde hace varios años con las cámaras comunes. Siempre retratando personas, calles, bares, con una cámara cerca".

Le gusta poner de relieve que cambia los estrépitos de las nuevas creaciones por la naturalidad de las entonaciones populares, "lo singular prestigiado de los salones por la gracia de lo común, ser original por la vocación de ser anónimo y poder ser repetido por siempre. Ser todo para todos, en esta búsqueda debo sufrir un retiro, ser anónimo para poder circular ilimitadamente, variar y reproducirme. Así, borrado el autor, la obra puede ser".>

Para el fotógrafo, es imposible tocar luego la imagen, "recortar algo o descubrir que me molestó una columna, árbol, persona o lo que sea". Por el tamaño, la poca resolución de las imágenes, "pesan, en la jerga informática... casi nada así que sólo se pueden copiar en 10 x 15 cm".>

"Muchos -dice- me preguntan y comentan que quieren aprender fotografía digital. No existe, sólo la fotografía. Se tiene que tener en claro que lo importante es el resultado, cuando uno ve una imagen linda, impactante, dolorosa, tranquila... qué importa el soporte con que fue obtenida".>

Finalmente, destaca el gesto de Pelusa Borthwick, "quien hizo lo posible en esta época del año en que está todo programado, para darle un lugar a una muestra como ésta que es casi una nueva modalidad".>

La muerte de los ordinarios

En el imaginario popular, fotógrafo es el que tiene una cámara importante, cara, con muchos megapixeles; una cámara profesional, de preferencia con un teleobjetivo bien largo. Son esos aparatos extraordinarios los que lo distinguen del ordinario, del común de la gente, que apenas cuenta con una camarita incorporada al celular.

�Por qué un hombre que ha dirigido los departamentos de fotografía de una agencia y un diario capitalinos, que tiene un estudio en su propia casa, que cuenta con equipos caros y teleobjetivos largos, propone una muestra de fotos sacadas con un teléfono?

Hubo un tiempo en que las cámaras eran una caja mágica que sólo revelaba secretos a un puñado de elegidos. Tal vez cualquiera podía aprender los rudimentos técnicos, pero no todos tenían el poder de darle órdenes a las gentes y los perros, a las casas y los muebles, a las polleras y los zapatos, a los objetos, al viento y a la mismísima luz, sin que ninguno de ellos se dieran cuenta.

Sólo esos fotógrafos podían componer la escena, espontánea o montada, en el lugar indicado y en el momento justo.

Hoy las cámaras des-lumbran a las gentes y a las cosas; les roban la luz y la sombra. Basta que aparezca un lente en escena para que todos -excitados, ordinarios- inclinen como reflejo condicionado sus cuerpos y cabezas, como torres de Pisa, para reproducir sonrisas repetidas a muerte.

Fredy Heer usa el teléfono para pasar desapercibido, para que la lente no des-lumbre. Lo usa como aquellos elegidos porque sabe ver y componer, y eso es lo que revela, a quien lo quiera ver.

Ignacio H.

De la redacción de El Litoral