Darío Pignata - [email protected]
Todos los nervios que no trajo Almirante Brown a Santa Fe, sabiendo que está 20 puntos para atrás -ése será el descuento al final de la temporada afista por los incidentes en las finales pasadas- y que cada fin de semana es un calvario, los tuvo Unión. Porque si al navegante le sacan veinte, Unión pareció anoche un equipo al que le van a sacar veinte... mil. No se puede jugar tan mal a la vista de los ojos porque en definitiva, por más que el negocio económico de todos sea cada vez más grande, este juego llamado fútbol no deja de ser un espectáculo. Espectáculo que algunos disfrutan, otros sufren y varios toman como una especie de psicoanalista barato: dos sesiones a la semana a cambio de 20 mangos.
Acaso para estos tiempos que corren, jugar bien sea sinónimo de inteligencia y jugar mal implique torpezas o equivocaciones. Y anoche, durante todo el partido, Unión jugó equivocado. Y, la verdad, no dejó demasiados lugares vacíos para los rubros: equivocó la estrategia, el dispositivo táctico y las decisiones técnicas individuales de los jugadores en el mano a mano. Para colmo, desde afuera, algunos asomaron más apurados que nunca, como si la gente no se diera cuenta de que no está más el torneo corto donde había que hacer "todo rápido" para ganar el primer chico que otorgaba las chances de ascender. El cóctel de anoche en el 15 de Abril fue letal: rival limitado que se encierra, defectos propios para caer en la trampa y un nerviosismo impropio de una cuarta fecha para un torneo que tiene 38 capítulos. Es cierto que el hincha, como siempre pasa con el simpatizante, fue a la cancha para verlo a Unión ganar, jugar bien, golear, quedar puntero y esperar que Belgrano se caiga. Y, en todo caso, si había que resignar algo, con ganar alcanzaba.>
La realidad marca algo: un poco más de contundencia para acá y otro poco menos de contundencia para allá, Unión volvió a jugar anoche a la pelota con las mismas limitaciones de identidad que tuvo frente a Chicago y Defensa. La principal diferencia, entre esos rivales y anoche, fue el resultado final. Por eso, escribíamos que lo mejor que generaban las victorias vacías de juego eran las posibilidades de corregir las cosas ganando. Pero, por lo visto, se corrigió poco y nada.>
La radiografía del partido fue clara: entre los dos desconocidos marcadores centrales y el más o menos conocido Sebastián Penco, se sabía perfectamente desde el vamos qué cosas Unión no debía hacer: 1) Unión no debía tirar pelotazos; 2) Unión tenía que marcar de al lado a Penco en las pelotas quietas. Conclusión: el equipo se cansó de tirar pelotazos improductivos de todos lados: de atrás, del medio, desde los costados. Y además, lo dejó saltar solo al único que había que custodiar, con una consecuencia más que lógica: fue gol de Almirante Brown.
En el fútbol, cuando un equipo no juega bien pero gana y sube en la tabla, casi siempre los jugadores se agrandan. De la cabeza y de los pies. Y cuando un equipo gana sin merecerlo, con pelotas sacadas de la línea sobra la hora, balones en los caños y haciendo figura a su propio arquero, también habitualmente ese equipo se agranda. Nada de esto pasó con Unión, que no supo aprovechar las dos victorias seguidas para levantar su autoestima futbolística. Ni siquiera se agrandó ante la posibilidad de quedar puntero solo o cuando pisó el 15 de Abril y fue recibido por su gente como si estuviera a un paso de ser campeón.>
En cuanto a lo futbolístico, el análisis no es tan simple. Porque a pesar de que Unión en cuatro fechas no había encontrado "el equipo", igualmente anoche quedaron en claro las evidentes diferencias de jerarquía entre jugadores titulares y suplentes. Porque el equilibrio de Jorge Torres en la banda, la potencia de "La Chancha" Zárate arriba, la salida permanente que le da al equipo el tucumano Fontana por derecha y la falta de contención en el mediocampo por las inmediaciones del anillo central quedaron como un faltante en evidencia. Es cierto que lo más complicado es entrar y jugar en un equipo que viene armado, pero también es cierto que hayjugadores alternativos de Unión que viven desaprovechando sistemáticamente las posibilidades para ser titulares. No incide en exclusividad por la levedad de anoche, porque si en algo fue coherente Unión como equipo ante Almirante Brown es que "todos jugaron mal", sin diferencias ni divisiones: los titulares que son titulares y los suplentes que fueron titulares.>
El otro día marcábamos que Unión está necesitando, sí o sí, un jugador referente o caudillo. Porque, para colmo, si alguno de los actuales profesionales fue creciendo en simpatía y adhesión popular en los últimos tiempos, ése fue el "Turco" Assef bajo los caños. Y esto queda en claro más allá de su doble error de anoche: se paró mal para esperar un centro que no iba a salir a buscar y se quedó sin reacción, algo que después explicó ("me quedé clavado, porque la cancha abajo estaba pesada... había barro"). Pero, en este tipo de circunstancias, se necesita un caudillo que corra cerca de la pelota y la toque con los pies. Por eso tantas expectativas de varios puestas en Juan José Serrizuela, que dicho sea de paso se recupera de un desgarro y nunca jugó en la "B".
Hoy por hoy, la gente aplaude alguna jugadita de Pereyra y se levanta con el fútbol tipo "oasis en medio del desierto" de Paulo Rosales, pero ahí paramos de contar para todo el viaje. Entonces, aunque el entrenador pueda tener responsabilidades puntuales y específicas en todo -armado del equipo, elección de la táctica, imposición de la estrategia y realización de los cambios-, los jugadores deberán hacerse cargo de su parte. No escuché a un solo futbolista decir anoche desde la autocrítica: "La verdad que hoy fui un desastre y no tengo más ganas de hablar". Y eso que la búsqueda generaba varios lugares para encontrar el tesoro.>
Capítulo aparte lo del entrenador. En algunas cuestiones de manejo, como las del periodismo y la gente, el "Cabezón" parece haber involucionado. Como si fuera hoy, 20 años después, el mismo silencioso ayudante de campo de Humberto Zuccarelli. Sorprenderse y enojarse, a esta altura, porque algunos plateístas, relatores, comentaristas o vestuaristas no comparten sus decisiones, debería ser algo superado. Nada para un entrenador puede ser más importante que su equipo y hoy creo que Trullet gasta demasiada energía y tiempo en pensar en esas "otras cosas" que particularmente considero secundarias para este momento de Unión.>
Ningún análisis puede llevar más tiempo para Carlos que reconocer y admitir que anoche Unión no armó dos paredes seguidas en toda la noche. Después, si fue mérito de Almirante Brown o defecto de Unión es otra historia. Pero esas cosas son importante. Como los pelotazos improductivos y la liberación de marca de Penco en el gol visitante.>
"Ganamos un punto", dijo Trullet. Y en verdad, ironías al margen en la respuesta, tiene razón. Porque en la única jugada donde a Unión le salió algo -centro perfecto de Pereyra, peinada de Marcos Torres y definición de Paulo Rosales-, fue gol, empate y final. Porque si bien falta un puñado de días todavía para la Primavera, anoche agónicamente floreció Rosales cuando Unión era sólo espinas, con un partido que le hizo doler como si anduviera caminando descalzo en medio de púas.>