Los subsidios a las agriculturas de los países ricos son una de las causas de la desertización en los países pobres o en desarrollo, que para poder competir en los mercados se ven obligados a impulsar cultivos extensivos que degradan el suelo.
Así lo afirmó Octavio Pérez Pardo, director de Conservación del Suelo y Lucha contra Desertización de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Gobierno argentino, que participa en Madrid en la Conferencia de la ONU sobre Desertización.
"Condenamos la política desigual de subsidios agrícolas, porque estamos compitiendo en inferioridad de condiciones con nuestra producción", dijo Pérez Pardo en una entrevista con medios de ese país.
Argentina, recordó, tiene el 75 por ciento de sus territorios en zonas áridas y semiáridas, donde vive un 30 por ciento de la población del país y se genera casi el 50 por ciento de la riqueza.
Es por esta razón que el gobierno que encabeza Néstor Kirchner tiene especial interés en adoptar y abordar medidas eficaces contra este problema medioambiental desde una perspectiva multifactorial.
Según Pérez Pardo, no se trata sólo de frenar el avance del desierto con medidas localizadas, sino también de ser conscientes de que hay un importante componente económico que tiene que ver con la manera en la que funcionan los mercados internacionales.
Citó como ejemplo que "el mercado internacional de granos y sus precios son injustos y no reflejan el auténtico valor de los productos" y pidió que se aborde este problema desde una perspectiva internacional, incluida la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La comunidad internacional ha de ser consciente, argumentó el representante argentino, de que "la parte ambiental y la parte económica son dos caras de una misma moneda" y que "no podremos tener una economía sana destruyendo el ambiente".
También hizo un llamado a la imaginación, a la manera de "encontrar un camino clarito" para favorecer "con algún beneficio de mercado" a los productores de zonas secas que hacen un manejo racional de su producción y conservan sus suelos.
De esta manera, "se estaría facilitando a Argentina, y también a países de África y Asia, el acceso a los mercados de un producto diferenciado por el manejo racional de los recursos", en contraposición a la tentación de acudir a los cultivos intensivos.
Argentina, subrayó Pérez Pardo, basa sus ingresos en los productos agropecuarios y sus derivados, que dependen del buen estado de la tierra, por lo que la conservación de este recurso natural "es un tema prioritario" para la administración.
El gobierno central trabaja junto a los Estados provinciales, aportando "pautas mínimas de conservación y de coordinación de políticas", y tiene en cuenta las características especiales de las distintas regiones de la Argentina en riesgo de desertización