Natalio Botana
"Estamos ante el peligro de la democracia de la calle"
Sin disimular su preocupación y hasta azoramiento por la crisis en Córdoba, el politólogo e historiador advirtió sobre la capacidad jurídica de preservar la autonomía y el papel de las fuerzas políticas en ello.
Horacio Serafini (CMI)
-¿Cómo define los sucesos de Córdoba?
-Es otro acto de la crisis de la representación política que se agravó a partir de 2001-2002. La particularidad de Córdoba está en que desde 1983 hay un sistema bipartidista que se fragmenta cuando estalla la crisis y genera el Partido Nuevo. Pero, cuando hay una crisis de representación, como ciudadanos atravesamos un espeso caldo de sospechas.
-¿Reconoce causas de fondo en esta crisis?-Ante todo, el sistema político cordobés. Desde el punto de vista jurídico, la gobernación queda en manos del partido del candidato que salió primero. No es un sistema de mayoría, sino de pluralidad de sufragios; de haber sido de mayoría, tendrían que haber ido a segunda vuelta. Aun cuando no hubiera habido denuncia de fraude, el gobernador que salió del comicio es débil. Ninguno de los dos sacó menos de 40 por ciento.
-Ese "espeso caldo de sospechas", ¿es patrimonio de Córdoba?-Ni de Córdoba ni de la Argentina. Lo que pasó en México (en la presidencial de 2006) es prácticamente idéntico a lo que sucedió en Córdoba. Cuando hay una elección muy pareja, se requiere contar con una cultura política basada en la confianza y no en la sospecha. La acusación de fraude creo que tiene fundamentos. Como simple ciudadano desde Buenos Aires, quedé atónito ante el bochorno que provocó la demora del escrutinio. Ese momento crea el estado psicológico de fraude, no sólo en Córdoba, sino en todo el país. Y una vez que se larga este proceso, interviene en Córdoba un elemento fatal: la conciencia subjetiva de fraude.
-¿Qué consecuencias puede tener este estado de sospecha generalizada?-Córdoba históricamente representó ensayos previos muy importantes. Hacia la presidencial, las distancias electorales son tan grandes que harían pensar que es imposible. Pero, siendo tan alambicado el régimen electoral, pueden producirse situaciones delicadas. ¿Obtuvo o no más de 40 por ciento el primero, y el segundo, más o no del 30? En la Argentina, está afectada la infraestructura de la democracia, que es la democracia electoral.
-¿Cómo explica que una crisis semejante haya tenido lugar en una provincia con tradición de progresismo? En Córdoba se inició la reforma universitaria de 1918 y se produjo el Cordobazo.-El problema más serio que tuvo Córdoba es que tenía un sistema bipartidista casi perfecto. La singularidad está ahora en que es un juego a tres bandas, y dentro de ellas, a dos bandas...
-Bandas en términos billarísticos...-También de las otras. En Córdoba hizo crisis el carácter perverso de la política transversal de Kirchner. Hoy podemos ver un enfrentamiento abierto entre De la Sota y Juez, pero, si bien De la Sota tuvo la consagración del Príncipe a través de Kirchner, Juez también estuvo apoyado por elementos del gobierno de Kirchner.
-¿Qué es lo que más le preocupa del estado actual de la crisis?-La ausencia de una regla a acatar. Cuando se producen las denuncias recíprocas sobre fraude o no, se pone en tela de juicio la regla de juego. En primer lugar, del sufragio en cuanto tal y, en segundo término, el bochorno que todos padecimos del escrutinio provisional. También están en tela de juicio -y esto es lo más preocupante- los otros pasos que hay que realizar. ¿Cuándo estará el escrutinio definitivo?
-El miércoles se informó que en 15 días más...-Pero, ¿qué pasa si el resultado definitivo no es aceptado por la fuerza que impugna por fraude? La Justicia tiene la última palabra. ¿Y si tampoco se acepta la Justicia? Estamos, entonces, ante el peligro de la democracia de la calle. ¿Dónde está el árbitro? Una democracia sin árbitro no existe. Córdoba ofrece en este momento al país una lección de pedagogía política muy importante. Cuando esas cosas ocurrían en la vieja República, antes y después de 1912, actuaba el remedio de la intervención federal. Acá está en juego cuál es la capacidad jurídica de la provincia para mantener firme su autonomía y, sobre todo, cuál es la actitud propia de las fuerzas políticas para preservar esa autonomía. Y la mejor manera es aceptar a un árbitro neutral.
-¿Vislumbra alguna salida a este intríngulis?-La aceptación de esa vieja noción de que la democracia tiene reglas que todos debemos acatar. De lo contrario, como se trata de una provincia, podrán actuar instancias nacionales. La democracia supone tanto la ética de la victoria como la ética de la derrota.
-En medio de esta crisis hay quienes postulan convocar a otra elección...-Preocupa que se propongan salidas no previstas en el ordenamiento institucional de Córdoba. Otra elección significaría operar arbitrariamente en la provincia. Tenemos muchos ejemplos en la historia reciente de la Argentina sobre otra elección, pero siempre medió la intervención federal.
"A veces es un régimen oligárquico"
Para Botana, el gran problema abierto en 2001-2002 es la fragmentación de los dos grandes partidos. La consecuencia de esta fragmentación son partidos que carecen de vida interna, hasta para generar candidaturas.
"Basta con ver cómo se arman las listas de candidatos. Es muy poca la gente que interviene. Por momentos, estamos ante una política propia de regímenes oligárquicos, con baja participación, antes que un régimen democrático, con alta participación", observa el especialista.
Según la visión de Botana, en el plano de los partidos políticos estamos viviendo en un régimen al que define "de provisoriedad". Y en ese sentido afirma que "los argentinos han perdido los mecanismos principales de mediación de las democracias. Eso hace que las alternativas sean opacas y veamos un desfile de candidatos que se mueven de un lado a otro".
También advierte sobre los "partidos ocasionales". ¿Quién se acuerda del Frepaso, que salió segundo en las elecciones de 1995?, se pregunta. "Todos estos partidos, al final de cuentas, terminan incorporados a otras formaciones".
-El presidente, y su candidata en particular, prometen una "nueva institucionalidad" a partir de diciembre.-No se trata de una nueva institucionalidad sino concretamente de precisar qué se va a renovar. Más que nuevas leyes, hay que derogar muchas leyes. Jurídicamente ya tenemos conformada desde 2003 una democracia hegemónica, no republicana, basada en el decretismo presidencial. Donde más se ve es en el juego de estos dos últimos meses, que ha provocado un aumento colosal en el gasto público a partir de los decretos de reasignación presupuestaria con los que actúa el gobierno.