Editorial
Derechos humanos y actos violentos

El teniente coronel Walter Rom fue atacado por un grupo de manifestantes que reclamaban la aparición con vida de Julio López. Los hechos ocurrieron hace unos días en la provincia de Neuquén. El ataque contra Rom se produjo como consecuencia de las agresiones que los manifestantes realizaban contra viviendas y propiedades de militares. Rom intentó explicar que las agresiones eran injustas y recibió como respuesta un palazo y luego golpes, escupitajos e insultos.

Curiosamente, los agresores dicen defender los derechos humanos y en nombre de esa causa agredieron a un oficial cuya única falta pareciera ser su condición de militar. Manifestaban reclamando la aparición con vida de López, una consigna que comparten todos los argentinos, incluido el propio gobierno. Pero en este hecho el reclamo por los derechos humanos mostró su rostro oculto, dejando ver el dibujo de una coartada que, por un momento, exhibió sin tapujos la voluntad de imponer un discurso ideológico o liberar sus pulsiones violentas.

Desde hace tiempo, en nombre de la indiscutida causa de los derechos humanos, grupos políticos con tendencias extremas han encontrado un buen pretexto para desarrollar estrategias políticas que la inmensa mayoría de la población rechaza. En nombre de los derechos humanos se defiende la dictadura cubana o la banda terrorista de la ETA. Patológicamente adheridos al pasado, se aferran a él porque su agitación fantasmal les permite un cierto activismo imposible de realizar en otros campos de la sociedad.

Rom ingresó al ejército en 1985, es decir durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Si la violencia contra una persona en todos los casos es condenable, mucho más lo es la que se ejercita contra un inocente cuya exclusiva falta no son sus actos, sus aciertos o sus errores, sino su profesión.

El Ministerio de Defensa ha condenado los hechos, pero los organizadores de la manifestación hasta el momento no han dicho una palabra. Con respecto a las autoridades políticas, es importante que haya habido un pronunciamiento de solidaridad con la víctima. No obstante, producen conmoción ciertas conductas antisociales que recuerdan a las prácticas del fascismo, en tanto se inscriben en el ejercicio de la violencia como método y en la estigmatización de las personas no por lo que hacen sino por lo que son.

Con respecto a los autores de este acto de barbarie, hay que decir que lo sucedido no es el producto de la inconducta aislada de algunos marginales. Según las crónicas, los ataques contra los militares fueron protagonizados por la mayoría de los manifestantes. De modo que no estamos frente a un incidente de circunstancias sino ante una acción deliberada promovida por quienes ideológicamente consideran a los militares como enemigos.

En los últimos días, dirigentes políticos nacionales advirtieron sobre los ataques a las Fuerzas Armadas y sobre las humillaciones a las que son sometidos sus integrantes. En la misma línea se manifestaron dirigentes religiosos y reconocidos intelectuales. En definitiva, se trata de velar por la convivencia y proteger a las instituciones de la república, que incluyen a las Fuerzas Armadas de la Nación.