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Escenarios & Sociedad
Edición del Lunes 24 de setiembre de 2007
ALEJANDRA PIZARNIK
La última inocencia
 "Lo primero que llama la atención cuando se leen sus diarios es el número de veces que menciona la palabra angustia". Foto: ARCHIVO EL LITORAL

El martes se cumplen 35 años de la muerte de una de las poetas argentinas más significativas del siglo XX. Autora de "Las aventuras perdidas", "La tierra más ajena" y "Los trabajos y las noches", Alejandra Pizarnik nació en 1936 en Avellaneda, Buenos Aires. Murió un 25 de setiembre, por una sobredosis intencional de barbitúricos, cuando pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada. Su obra es considerada una de las más influyentes dentro de la poesía contemporánea.

"En textos fulgurantes, de prodigiosa síntesis, Pizarnik potencia el impacto inmediato de cada palabra y, más aún, los silencios. Según palabras de la propia autora, `la poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de todo lo que no es su libertad o su verdad'. A veces como invocaciones o conjuros, los poemas se mueven entre la nostalgia de una antigua inocencia y una vitalidad que se exacerba hasta, tratando de romper cualquier límite, añorar su propia destrucción. El suicidio de la poeta, más allá de la inevitable asociación con su obra, atrajo poderosamente la atención sobre Pizarnik y produjo, en la década del 70, una multitud de epígonos", sostiene el libro "Historia de la literatura argentina", del Centro Editor de América Latina.

Segunda hija de un matrimonio de emigrantes rusos de ascendencia judía, Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en un típico barrio de clase media. Estudió Filosofía y luego Letras; y también hizo una breve incursión en la carrera de Periodismo. Más tarde estudiaría en el taller de pintura de Batlle Planas.

1960 la encontró en París, donde permaneció durante cuatro años. Allí trabajó para la revista "Cuadernos", publicó poemas y críticas, colaboró con publicaciones, tradujo a Artaud, Michaux, Cesairé y Bonnefoy. Fue en ese período donde entabló amistad con André Pieyre de Mandiargues, Octavio Paz, Julio Cortázar y Rosa Chacel.

A su regreso a Buenos Aires, publicó tres de sus principales volúmenes: "Los trabajos y las noches", "Extracción de la piedra de locura" y "El infierno musical", así como su trabajo en prosa "La condesa sangrienta".

POR FIN, EL FIN

Según la visión de la escritora, la poesía era la única capaz de darle razón y sentido a la vida. Así lo expresa en "El deseo de la palabra": "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir".

"Su obra es una de las propuestas más rupturistas y de mayor influencia en la poesía contemporánea, sobre todo en la escrita en lengua española por mujeres -sostiene el Centro Virtual Cervantes en el apartado dedicado a la poeta-. Emparentada con el conde de Lautréamont y André Breton, la vida y la obra de esta autora puede definirse como una extraña tentación de traspasar los límites, siempre tanteando el milagro, aun a riesgo de asomarse a la locura. Amiga de Cortázar, exploró como él ese otro lado de la realidad en el que se instala lo fantástico".

Sus reiterados estados depresivos e intentos de suicidio la llevaron al camino de la reclusión. A mediados de 1972 estuvo internada cinco meses en el hospital Pirovano, de Buenos Aires. El 25 de setiembre de ese año, en un permiso de salida, se produjo finalmente el desenlace, con una sobredosis de seconal.

"Lo primero que llama la atención cuando se leen los diarios de la poeta y narradora argentina Alejandra Pizarnik, es el número de veces que menciona la palabra angustia: `He descubierto que cuando no estoy angustiada, no soy'. También habla de su vieja carencia, sus miedos, su tristeza primitiva: una `herida inmemorial anterior a la palabra'. Se llama a sí misma la abandonada, la huérfana, la inadaptada. ¿Por qué tanto pesimismo y tristeza? La respuesta la da la misma Alejandra: su profundo desgarro frente a la elección de aceptar o rechazar al mundo", afirma Tania Pleitez Vela en el artículo: "La angustia de captar o rechazar el mundo. Los diarios de Alejandra Pizarnik".

Los intentos de reunir toda la obra de Pizarnik fueron varios. A principios de los 80 se editó una antología en francés; luego, en 1982, "Textos de sombra y últimos poemas" incorporó escritos inéditos o dispersos en revistas y, dos años después, el Fondo de Cultura Económica, bajo el título "Semblanza", publicó una selección de poemas que incluyó fragmentos de sus diarios íntimos.

Una abundante correspondencia de Pizarnik fue reunida por Ivonne Bordelois (Seix Barral, 1998) y Antonio Beneyto (2003). Las antologías publicadas en España "Poesía completa" (2001) y "Prosa completa" (2002), tampoco alcanzaron a abarcar todo el material producido por la escritora: muchos de sus artículos críticos y reseñas permanecen aún dispersos. Sus últimos textos publicados fueron sus "Diarios", en 2003.

La autora

publicó siete libros de poemas:

. "La tierra más ajena" (1955)

. "La última inocencia" (1956)

. "Árbol de Diana" (1962)

. "Los trabajos y las noches" (1965)

. "Extracción de la piedra de locura" (1968)

. "El infierno musical" (1971).

DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL





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