ANALISIS
La hora del establishment
Por Julia Izumi (CMI)

Néstor Kirchner definió ayer el terreno en el que se jugará la eventual gestión presidencial de su esposa Cristina: el del diálogo directo con el establishment, sea éste el político -potencias mundiales-, el económico - visita a la Reserva Federal, disertación en el Council of Americas- o el religioso, si se tiene en cuenta el definitivo alineamiento con los dirigentes de la comunidad judía local y estadounidense que concretó ayer en Nueva York.

Tal fue el esfuerzo del jefe de Estado por despedirse de la ONU de esa manera, que hasta los propios familiares de las víctimas del atentado a la AMIA que responden a la estructura institucional comunitaria admitieron sin sonrojarse que lo expresado en el discurso había sido "mucho más" de lo que esperaban. En las horas previas se hablaba de un supuesto cambio de tono, que apuntaría específicamente al reclamo de colaboración con la Justicia, pero a la hora de la verdad, el presidente se encargó de que el mensaje fuera inequívoco.

Desde el gobierno se intentará destacar el presunto "equilibrio" entre la crítica al poder financiero mundial o la defensa del multilateralismo y la concreta acusación contra Irán en las propias narices del presidente Mahmud Ahmadinejad, quien nada dijo sobre el tema al sucederlo en el uso de la palabra. O advertir que los ejes sobre los que basó su alocución fueron los que caracterizaron su gestión: la defensa de los derechos humanos, el cuestionamiento al Fondo Monetario, la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y el esclarecimiento de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA.

Kirchner pronunció un discurso con "tono" pero no con "espíritu" de despedida. No podía hacerlo, teniendo en cuenta que quien lo sucederá en ese rol el año próximo será su propia mujer; una figura que hizo de su relación con el Comité Judío Norteamericano uno de los pilares de la construcción de su imagen internacional.