En libro que es un clásico de las ciencias sociales, Alexis de Tocqueville señala que la democracia funciona gracias a una serie de instituciones, pero sobre todo gracias a la existencia de demócratas. En el mismo tono, afirma que la libertad sólo puede realizarse plenamente en sociedades en las que sus integrantes la valoren. En definitiva, lo que el autor de "La democracia en América" sostiene es que sin el gusto por la democracia y la libertad, y sin las responsabilidades que de allí se derivan, ningún sistema puede sostenerse históricamente.
Valgan estas consideraciones para reflexionar acerca de algunos comportamientos cotidianos de los argentinos y, muy en particular, aquellos relacionados con los derechos y las conquistas de las libertades. En estos días, varias noticias informaron sobre presidiarios que por buena conducta pudieron acceder a la libertad. En todos los casos, los beneficiarios de estas conquistas abusaron de ellas ya sea reincidiendo como delincuentes o en el caso de la libertad domiciliaria no regresando al penal.
Desde principios del siglo pasado hubo una intensa movilización intelectual para proteger los derechos de los presidiarios. La legislación penal liberal, de claros objetivos humanistas fue un producto de estas movilizaciones que lograron mejorar las condiciones de vida de las cárceles. Sin embargo, en los últimos años, en la Argentina y en muchas partes del mundo, crecen las presiones sociales para recortar estas libertades, sobre todo cuando el sistema permite la libertad de delincuentes que reinciden en sus crímenes o se valen de estos derechos para burlar la ley.
En nombre de las convicciones y los valores humanistas se seguirán defendiendo estas conquistas, pero está claro que si los abusos por parte de sus beneficiarios crecen, será la misma sociedad la que reclamará su supresión o por lo menos que se reduzcan algunas disposiciones en la medida en que sus beneficiarios no saben ser dignos de ellas.
Reflexión parecida, aunque referida a un tema distinto, merecen los acontecimientos de indisciplina protagonizados por los estudiantes del Otto Krauze, uno de los colegios emblemáticos de la Argentina. Según las imágenes televisivas y las propias denuncias de padres y autoridades, más que actos de indisciplina habría que hablar de acciones delictivas, en algunos casos tan violentas que su contención escapa a la reglamentación habitual de un colegio de enseñanza media.
El Otto Krauze es un establecimiento con un sistema educativo ejemplar, que incluye la participación de estudiantes, docentes y padres. En sus mejores momentos temas tales como la asistencia a clase o las evaluaciones habían sido reformadas ampliando la libertad e invocando para ello la responsabilidad moral de los estudiantes. Hoy estas experiencias pertenecen al pasado. Seguramente las autoridades de este colegio debatirán sobre lo sucedido y las medidas a tomar para impedir que episodios bochornosos como los que adquirieron estado público se reiteren, pero está claro que más allá de las decisiones que se tomen, también en estos casos seguirá vigente el interrogante planteado por Tocqueville: �Estamos a la altura de las libertades que el sistema nos reconoce?