Néstor Fenoglio[email protected]
Casilda (Enviado especial).- En su sombreada y bella plaza central, la comunidad de Casilda a pleno rindió un merecido tributo a su fundador, el prohombre español Carlos Casado de Alisal, en el día del centenario de la elevación al rango de ciudad de esta progresista localidad ubicada al suroeste de Rosario.
Durante muchos años, la ciudad (sus autoridades, sus entidades, su gente: suelen marchar todos en el mismo rumbo) amagó con ejecutar por fin un monumento -más que merecido- a quien fuera no sólo el fundador de Casilda, sino también a quien creó toda una infraestructura y una cultura de producción agrícola pensada para la exportación, de la cual hoy se cosechan, literalmente, los frutos. Es que Casado, un español nacido en Villada, Palencia, apostó a estas tierras y no sólo "fundó" la Villa Casilda, comprando tierras del terrateniente rosarino Mariano Grandioli.
A poco de estar, llevó el ferrocarril, creó el Banco de la Provincia y se aseguró la estructura vial y portuaria para enviar el primer cargamento de trigo a Europa. Pronto, lo siguieron otros emprendedores pero bien puede decirse que el momento de gran brillo de nuestro país y nuestra región nace de la apertura de este esquema agroexportador que abrió Casado.
Desde la misma declaratoria de ciudad, allá en 1907, en adelante, siempre se quiso hacer un monumento para recordar la figura del fundador. Hubo incluso varios intentos y proyectos y hasta una comisión que en la década del 90 avanzó en la idea, sin poder concretarla.
Le tocó al actual intendente y senador electo (en ese enroque funcional que, votos mediante, hicieron con Juan Carlos Bacalini, quien es el actual senador e intendente electo), el justicialista Eduardo Rosconi, saldar por fin esa deuda con el fundador. Y se lo hizo a lo grande, porque el proyecto que diseñó Cracogna con la estatua del prócer incluye una fuente con chorros e iluminación que ponen en valor la iniciativa y dejan para la posteridad un tributo elegante, sobrio y bien hecho, un símbolo mismo de toda la ciudad.
Presidió el acto el ministro de la Producción, el también casildense, Roberto Ceretto (el gobernador Jorge Obeid no vino a este acto central como tenía previsto, pero lo haría en horas de la tarde para presidir la inauguración de las obras de refacción y puesta en valor del cine teatro Dante Alighieri, obras que se hicieron con aporte provincial); el intendente de la ciudad, Lic. Eduardo Rosconi; el senador departamental, Juan Carlos Bacalini; estaba también el diputado nacional Agustín Rossi; el vicario rosarino Emilio Cardarelli; el presidente del Concejo local, Andrés Golosetti; descendientes del fundador (incluso el español Fructuoso Ballestero Gago, quien vino con su esposa para participar del homenaje). Y, lo más importante, mucha, muchísima gente, la gente de Casilda que hoy cerró sus negocios para participar de "su fiesta".
Uno de los aspectos más notorios de esta ciudad está dado precisamente en la profunda interrelación entre entidades y autoridades, conformando una red de alta calidad cívica que es a la vez motor y control para la localidad. Desde su fundación, ésta fue planificada para ocupar el lugar que hoy tiene: el de una ciudad de inmigrantes, asentada en la bonanza de sus tierras y en el culto al trabajo y al comercio.
Su planta original hoy alberga todavía con comodidad el indudable crecimiento general del sitio, desde esa pequeña "villa" a esta orgullosa ciudad con alrededor de 40.000 habitantes, que es cabecera de departamento y que sigue apuntalando con sus granos, dirigidos a los puertos rosarinos como entonces, el crecimiento de la provincia y el país.
Perfil.
Casilda se encuentra ubicada en una región fundamentalmente agrícola, donde existe un fuerte predominio de cultivos como la soja, el trigo y el maíz. En lo relativo al perfil industrial, cumplen un papel importante las pequeñas y medianas empresas dedicadas a la fabricación de implementos agrícolas. Completan ese cuadro empresas de otros rubros, al tiempo que se le ha dado un importante impulso al área industrial.
Carlos Casado del Alisal, español y empresario que trabajó en el sur bajo el impulso colonizador, fundó en 1870 la Colonia Candelaria, en tierras adquiridas de la estancia "Los Desmochados". Desde esas mismas tierras salió el primer cargamento de trigo para Europa -en 1878- y desde entonces, la agricultura marca el paso de la región, de muy buenas tierras y estratégica proximidad con los puertos sobre el Paraná.
Otro hito importante fue la instalación del Ferrocarril Oeste Santafesino, en 1883, con lo que la consolidación de la villa se aceleró y diversificó con molinos harineros, acopio y comercio en general.
Este proceso estuvo acompañado por un marcado crecimiento poblacional, pero Casilda se jacta y con razón de un armonioso crecimiento, planificado a partir de los buenos vecinos devenidos en dirigentes, que tuvieron el tino -raro para nuestro país- de planificar.
Hoy mismo la traza urbana de Casilda, prolija, es fruto de esa temprana normalización a partir de la tarea de comisiones de fomento, que fueron trayendo mejoras de manera ininterrumpida: alumbrado, forestación y canalización, obras viales y la regulación, ya en 1886, de la actividad del matadero, los mercados, la construcción de los edificios de las escuelas primarias y la supervisión misma de la calidad de la enseñanza.
Estos elementos seguramente son los que pesaron a la hora de decidir, hace cien años, transformar la Villa Casilda y elevarla al rango de ciudad, hecho que consumó el gobernador Echagüe un 29 de setiembre de 1907.