Von Wernich, la Justicia y la Iglesia Católica

La Justicia ha condenado a reclusión perpetua a Christian Von Wernich, sacerdote católico que en tiempos de la dictadura militar fue capellán de la Policía de la provincia de Buenos Aires. La Justicia argentina lo halló culpable de los delitos de tormentos, homicidios y privación ilegítima de la libertad.

Importa aclarar, en primer lugar, que Von Wernich no fue condenado por sus creencias religiosas o su pertenencia a una determinada fe, sino por delitos tipificados en el Código Penal. En la legislación moderna, quienes responden ante la Justicia son personas individuales, esto quiere decir que los delitos de Von Wernich no son los delitos de la Iglesia Católica.

El fallo de los jueces era previsible por dos motivos: porque las pruebas en contra del capellán de Camps eran abrumadoras, pero también porque existió un clima político favorable a la condena, clima que en algún momento incluyó la tentativa por parte de dirigentes de organismos de derechos humanos de poner a la propia Iglesia Católica en el banco de los acusados.

No cabe duda que la conducta de Von Wernich es condenable. Incluso sus últimas palabras en el juicio no estuvieron a la altura de lo que se espera de un sacerdote. Su sermón religioso no hizo ninguna referencia a las imputaciones judiciales, como si la Justicia de los hombres no le importara o no lo alcanzara.

Su abogado defensor admitió que en los años del Proceso existieron secuestros y torturas, pero señaló que su defendido sólo se limitó a cumplir con sus tareas de capellán sin involucrarse con el terrorismo de Estado. La opinión de los teólogos señala que un sacerdote no puede ser cómplice de hechos que afrentan a la condición humana. Desde esa perspectiva, el comportamiento de Von Wernich estuvo reñido con la ley y el Evangelio.

El tramo más interesante del alegato de los abogados defensores estuvo referido a las responsabilidades equivalentes de los que estuvieron a cargo de los operativos guerrilleros y los autores del terrorismo de Estado. El tema por lo menos merece discutirse, porque si bien la doctrina señala que el terrorismo de Estado siempre es más grave, ello no significa que los guerrilleros sean inocentes.

Por su parte, las jerarquías eclesiásticas recibieron la noticia con preocupación y respondieron con prudencia. Se sabe que las escrituras en que arraiga la religión Católica suelen ser textos ricos en ambigüedades. En principio, la Iglesia expresa su dolor por lo sucedido, sugiere que la responsabilidad del sacerdote es personal y que aguarda de su parte un arrepentimiento público.

El tema es complejo, porque más allá de las responsabilidades personales de Von Wernich está claro que su conducta se consumó en el marco de su actividad sacerdotal. Por otro lado, es de público conocimiento que sectores de la Iglesia Católica apoyaron el golpe de Estado y más de un obispo avaló la guerra sucia. La Iglesia ha pedido disculpas a la sociedad por lo que hizo o dejó de hacer, pero hoy debe resolver lo que hace con un sacerdote condenado por la Justicia, el primero en América Latina.