Mesa de café
La ciudad
Por Erdosain

Marcial se queja de la ciudad. Dice que puede disculpar los mosquitos, el calor y la humedad, pero que no puede disculpar el abandono, las calles rotas, la inseguridad.

-Digamos que tus quejas no son contra la ciudad sino contra lo que algunos hombres han hecho con ella- le digo como para darle pie.

Abel que hasta el momento escucha en silencio, interviene para decir que cuando era joven se dedicaba a sacarle el cuero a la ciudad, pero con los años se ha reconciliado con ella y hoy la acepta como es. -Mi destino es Santa Fe- dice- no es el mejor destino del mundo, pero tampoco es el peor... me parece un signo de inmadurez vivir quejándose de la ciudad donde uno vive.

-Por primera vez en mucho tiempo estoy de acuerdo con vos. -dice José- La ciudad es como la cara de uno, puede ser linda o fea, pero es la que tenemos y en cierto momento de la vida la sabiduría enseña que hay que aprender a convivir con ella.

-La otra alternativa es irse- digo.

-Si para mí la ciudad fuera insoportable, seguramente que optaría por irme- dice Abel.

-�Y vos Marcial, que estás tan enojado con tu ciudad -dice José- por qué no te fuiste?

Marcial toma un trago de café y piensa un rato antes de contestar. Después dice: -No me fui porque no tuve la oportunidad, pero el hecho de que me haya quedado no quiere decir que esté conforme; ustedes, por el contrario, se resignan a vivir como la mona.

-Conozco el mundo- le respondo- y te aseguro que Santa Fe no es el peor que nos ha tocado.

-Esta es una ciudad muy ingrata con su gente -reitera Marcial- pero además es una ciudad en donde en vez de mejorar empeoramos. Hace veinte o treinta años Santa Fe tenía el mejor teatro independiente, el mejor cine club... hoy todo eso se ha perdido... hace años Santa Fe se parecía a una ciudad europea, hoy parece una villa latinoamericana.

-Estás equivocado Marcial, porque entre otras cosas teatro se sigue siendo y el cine club continúa funcionando -le dice Abel- Lo que sucede es que en la memoria de algunos el pasado siempre les parece mejor que el presente, pero Santa Fe estaba muy lejos de ser un paraíso hace treinta o cuarenta años, y si me apurás, te diría que hoy es una ciudad mucho más moderna.

-A los hechos me remito -responde Marcial- Hoy hay más pobreza, hay más delincuencia. Hace cuarenta años teníamos industrias importantes, un puerto que más o menos funcionaba, hoy a todo eso lo hemos perdido... �de qué ciudad linda me hablás... quién es el fantasioso... yo, que veo las cosas como son... o vos que te resignás a vivir ignorando que todos los días nos enterramos un poco más?

-Yo creo que los dos están exagerando- interviene José- Nadie dice que Santa Fe sea un vergel, pero de allí a decir que es una basura hay una gran distancia.

-Yo diría que Santa Fe es nuestra ciudad, diría, además, que es una gran ciudad, pero que desde hace años ha ingresado en el plano inclinado de la decadencia.

-Los responsables de la decadencia son los gobiernos peronistas -acusa Abel. -Yo sabía que en algún momento iba a salir el gorila- dice José con tono resignado. Después agrega: -Ahora les toca gobernar a ustedes. Vamos a ver lo que hacen, pero hagan bien o mal las cosas lo único que les pido es que se queden los cuatro años, que no repitan la cantinela de siempre: abandonar el gobierno a la primera dificultad.

-No nos vamos a ir antes o, mejor, dicho, nos nos vamos a ir sin antes hacer una ciudad en donde hasta el amargo de Marcial esté contento de vivir en ella- retruca Abel.

-Mejor que decir es hacer- dijo el general- concluye José.