Señores directores: Esa es la pregunta que nos hacemos la mayoría de los santafesinos. ¿Qué sucederá de aquí en más?
Casi todos hemos sido testigos involuntarios de una despiadada campaña electoral, que no observó ni siquiera las más elementales normas a tener en cuenta en pos de una civilizada convivencia. Para el contrincante, nada, ni tolerancia, ni respeto, ni valores morales.
Con una liviandad que aterra se puso en práctica el "todo vale" con tal de convencer al votante, subestimando la capacidad analítica de muchos ciudadanos.
Por otra parte, la ciudad sufrió también una intolerable agresión con afiches y carteles de todo tipo, tamaño y color que se superponían sin descanso.
Cuando paredes, postes y toda otra superficie aprovechable muestran aún restos decolorados que debieron ser removidos, y las aceras aparecen tapizadas con los girones que nadie se ocupa de recoger, asistimos a una nueva actividad proselitista que -sin duda- incrementará el estado deplorable que comprobamos propios y extraños.
Pero esa no es la única preocupación. Nos afecta el calamitoso estado de las veredas y calzadas, sumado al demencial tránsito vehicular que no sólo atenta contra la integridad física sino que -además- aumentan de modo alarmante la cantidad de víctimas fatales.
Nos alarma la inseguridad que se acrecienta día a día provocando que a Santa Fe le corresponda el deshonroso primer lugar en las estadísticas nacionales.
Muchas otras falencias se conjugan para que múltiples veces se eleven a diario reclamando por urgentes soluciones: propaganda impresa que se deposita en umbrales o se arroja en jardines y el viento se encarga de trasladar libremente, mascotas que deambulan sin control lo que permite que al frente de las viviendas aparezcan bolsas de residuos semidestruidas y que sus excrementos nos sorprendan en los lugares menos apropiados, vecinos que desaprensivamente utilizan los contenedores particulares ajenos de obras en construcción, baldíos y todo otro sitio que no sea su casa para dejar los desechos que a diario reúnen y los envases vacíos que ya no utilizan.
Es preciso que se realicen constantes campañas de concientización, radiales, televisivas, periódicas (consiguiendo la participación de las escuelas y vecinales) para que la ciudadanía comprenda que la responsabilidad es de todos, aunque debemos convenir en que al municipio le corresponde establecer las normas y encargarse de hacerlas cumplir para que no siga reinando la anarquía.
Para los que gobiernan la tarea será, pues, lograr una actitud participativa de los gobernados y para éstos dejar de ser simples observadores comprometiéndose en el quehacer y manteniéndose expectantes para impedir que se incumplan las promesas electorales.
Inda Marioni L.C. 6.105.135, ciudad.