| Color de Maracaibo
El seleccionado argentino se midió ante su par de Venezuela en medio de una jornada con picos de cuarenta grados de temperatura y la preocupación de los organizadores del cotejo porque el expendio de las entradas más caras no salió como "pan caliente". Hay calores y calores. El de Maracaibo se vuelve, por momentos, insoportable. El sol perfora todas las capas de la piel, las ropas se pegan al cuerpo en menos de cinco minutos, los humores comienzan a mutar hacia el fastidio, y especialmente entre los argentinos, quejosos por naturaleza. Por suerte, la amabilidad y predisposición de los habitantes para resolver problemas técnicos, alcanzarle agua a los enviados argentinos que extrañan el clima de Buenos Aires y estar atentos a cada detalle, hacen olvidar el sauna a cielo abierto que es el estadio "Pachencho" Romero. Los organizadores soñaron que gracias al histórico triunfo de la "vino tinto" sobre Ecuador por 1 a 0, en la altura de Quito, se produciría una locura popular en busca de las entradas para recibir a la poderosa Argentina, pero lo cierto es que los precios de las plateas más caras a más de 92 dólares, produjeron que al mediodía, todavía quedara media cancha sin vender. Las taquillas más económicas, a unos once dólares, sí se agotaron rápidamente.
Alrededores
Afuera del estadio, los puestos de venta de ropa ofrecieron el más amplio colorido de ofertas y precios. Desde la camiseta oficial de Venezuela a unos cincuenta dólares, a la imitación de la "vino tinto" y de una casaca argentina por 25 dólares, a gorros de lana (si lograron vender sólo uno con esta temperatura, ese empleado merece el ascenso) por diez; musculosas para mujeres y niños o remeras en la espalda con los nombres de todos los jugadores, de ambos equipos. En materia de merchandising, Venezuela supera a lo ofrecido en los estadios argentinos, por goleada. Para emparejar el récord de 17-0-0 con el que llegaron los albicelestes dentro del campo. Una hora y media antes del cotejo comenzó a sonar el merengue y la salsa en los altoparlantes. Para ser sinceros, sería pegadizo en un volumen normal y no como se escucha: parece un recital de Kiss en la Bombonera. En el medio suena el himno argentino por quincuagésima vez. Ya está probado, funciona, ¿para qué seguir? Se van poblando las tribunas, de a poco, aparece en escena una brisa reparadora e impagable. Algunos argentinos, con sus camisetas se ubican sin problemas en las tribunas más caras, junto a los dueños de casa. Baja la temperatura, el clima es más agradable. Faltan pocos minutos para que los equipos salten a la cancha y se termine de una vez la salsa, que de pegadiza se tornó insufrible.
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