En el salón de actos del Colegio de Don Bosco de nuestra ciudad se celebró una reunión entre los vecinos y dirigentes de "Los sin techo" con las principales autoridades electas en la ciudad y la provincia. El objetivo del encuentro promovido por el padre Atilio Rosso fue dar a conocer a las nuevas autoridades la problemática de la marginalidad, una triste realidad que abarca a casi el 30 por ciento de la población santafesina.
Diversos dirigentes vecinales hicieron conocer sus problemas y reivindicaciones en temas tales como salud, educación, seguridad y vivienda. Más que un acto protocolar, la reunión privilegió el diálogo, y de alguna manera fue una jornada de trabajo entre las futuras autoridades estatales y organizaciones de la sociedad civil. En esos términos lo expresaron el padre Rosso, el intendente electo Mario Barletta y la vicegobernadora Griselda Tessio.
Se insistió en que el Estado es indispensable para promover políticas sociales inclusivas, pero se advirtió que para poder realizar plenamente estos objetivos se necesita de la colaboración práctica e intelectual de las entidades intermedias y el voluntariado social. A la inversa, la militancia abnegada de las organizaciones no gubernamentales es impotente si no cuenta con la asistencia y los recursos del Estado.
En definitiva, lo que importa, y lo que se destacó en todo momento en la mencionada reunión, es sumar esfuerzos para integrar al sistema a los cientos de miles de excluidos que viven en deplorables condiciones de vida. Desde el punto de vista institucional, lo más interesante fueron las críticas al clientelismo, a las estrategias estatales de subordinar a las organizaciones sociales a la voluntad estatal o a la voluntad del partido dominante.
También se probó que la marginalidad es un problema que se puede empezar a resolver. Importa la voluntad política y la claridad de los objetivos a lograr. Dicho con otras palabras: la marginalidad es un problema económico, pero su resolución reclama decisiones políticas, la decisión de no aceptar que miles de personas vivan marginadas de los beneficios de la educación, la salud y la vivienda.
Conviene recordar que la marginalidad es una categoría precisa que no debe confundirse con la pobreza. En la marginalidad lo que se impone es el reino de la necesidad cuyos efectos impactan en los padres, pero sobre todo en los niños. Una sociedad con multitudes de marginales no sólo es injusta e inhumana, sino que desconoce o niega los fundamentos que la constituyen. Es asimismo, una sociedad donde la convivencia se hace difícil, por lo que deja de ser el problema de un sector para transformarse en el problema de todos.
El valor del encuentro realizado en Don Bosco consiste en que por primera vez en muchos años autoridades políticas y organizaciones no gubernamentales se proponen trabajar juntos para mitigar la tragedia social. Por supuesto, estos enunciados deberán confrontarse con el rigor de los hechos, pero ya es importante que públicamente todos se hayan comprometido a trabajar en una determinada dirección.