Anotaciones al margen
Ajusticiar a Kundera
Por Estanislao Giménez Corte - [email protected]

"... que la vida es una trampa lo hemos sabido siempre"

MK (*)

"palabras que llegáis tarde / no os creo / yo creo en el silencio".MK (**)

I

¿Pero qué viene a contar Milan Kundera?; ¿qué cuenta esencialmente en sus obras?, me decía un amigo de la infancia cuando, entrados en la post adolescencia, yo leía con fruición una tras otra las creaciones del checo y él se involucraba en la filosofía. No tenía respuestas o, en todo caso, no tenía diáfanas respuestas que dar. Sólo podía decir que me gustaban enormemente sus historias y que, desde el hallazgo de ese volumen negro de Tusquets de seductor título -"La insoportable levedad del ser"-, encontrado en la biblioteca de la casa paterna (creo que comprado por un pretendiente de una de mis hermanas), había sido consecutivo con esa firma, acaso por un fenómeno de identificación. Me detuve irregularmente en "La broma" (1967), "La vida está en otra parte" (1969), "La insoportable..." (1984), "La inmortalidad" (1988), "La lentitud" (1994) y el ensayo "El arte de la novela" (1986). Creo ahora que, tanto después, después inclusive del abandono de Kundera por otros autores, después del olvido a las que son sometidas las lecturas, después de los años que nos forjan un impiadoso juicio con los gustos de antaño, puedo ensayar una consideración. La irrupción de Kundera en esta columna, y antes en mi memoria, y antes en lo que él llama el homo sentimentalis ("siento, luego existo"), no es casual. Esta semana le fue otorgado, a sus 78 años, no sin polémica, el Premio Nacional de Literatura de la República Checa. El punto de debate es que, como se sabe, el autor reside desde 1975 en Francia, a la que llegó casi huyendo del cerco impuesto por el bloque soviético desde el Pacto de Varsovia (y la invasión rusa del 68), y desde entonces publica sus obras en la lengua de Baudelaire, apenas permitiendo, así, que muy pocas de ellas llegasen a los lectores de su patria de origen. El argumento de Kundera es la búsqueda de la precisión en la traducción, cosa que aparentemente no (se) logra.

II

¿Qué cuenta, entonces, Kundera?; ¿por qué se lo reconoce en todo el mundo pese a que jamás, intuimos, estará en la lista de los `monstruos sagrados'?. Cuenta, de una forma única, unívoca, precisa, la perplejidad de sus personajes (todos, en mayor o menor medida, alter egos del autor); ¿qué perplejidad?: la del poeta novel frente al mundo de la creación; la del hombre que crece frente al mundo de lo amatorio y de lo femenino; la del hombre frente al desquicio de las sociedades contemporáneas y la tecnología; ¿qué perplejidad?: la proveniente de la sospecha de que todo puede ser un error atroz, la originada en las extraordinarias posibilidades de la vida cotidiana y de relación; la nacida en las lecturas filosóficas y su aplicación al perfil de los personajes; la parida de la observación del absurdo de la sociedad totalitaria de la cual huyó, espantado, tanto que no quiere regresar a su país ni por un premio, ni por volver a ver los rostros de sus nativos; tanto, que su negación a crear en su lengua por el dolor del desterrado no puede, sin embargo, forjar otro escenario a sus ficciones que no sea Praga o Brno.

*) MK en "El arte de la novela" **) MK en "La broma".