Al margen de la crónica
Una sombra ya pronto serás

Al cubano José Martí se le atribuye la frase: "Un hombre para ser completo debe tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro". Cada una de las tres acciones tiene su grado de complejidad aunque algunos, con no poca ironía, sostienen que lo más difícil es plantar el árbol. Es que, describen sonriendo, hay que conocer cuál es la época del año apropiada, a qué profundidad plantarlo, hay que saber preparar la tierra, guiarlo en los primeros tiempos, cuidarlo de las heladas... en fin, una dura tarea que lleva varios años. Las otras acciones, concluyen, son mucho más sencillas y requieren de algo de empeño para concretarlas.

Más allá de la gruesa broma, la frase apunta a la vida en tres de sus formas más interesantes: la continuidad de la familia por vía del afecto ("El hombre para ser completo..."); la multiplicación de la vida en la naturaleza y la apuesta al legado cultural.

Sin embargo cuando se recorren las calles de Santa Fe se observa que aquel legado está lejos de cumplirse. Es que por la gran cantidad de nuevas viviendas o por las remodelaciones de otras, los árboles están siendo sometidos a la sentencia del hacha para dar paso a ventanas en bow y aleros de tejas francesas para rematar paredes de ladrillos vistos. La función de recreación visual como la refrigerante (imprescindible para nuestra tórrida ciudad subtropical) del arbolado público se está perdiendo ante la fuerte demanda de edificios, cocheras y frentes.

Lo llamativo es que no siempre hay personal municipal al frente de las tareas y queda la sensación amarga de no saber si el talado tiene el visto bueno de las autoridades o se trata de un arrebato personal. Más allá de las justificaciones habrá que pensar que si un árbol tapa una cochera y es arrancado, otro, unos pocos metros más allá deberá suplantar a los amigos verdes que, en pocas semanas más serán nuestros aliados.