Soberbia, pecado capital
Señores directores: El lunes 29 de octubre de 2007 amanecí con una tremenda opresión en el pecho; angustia que le dicen. No tengo dudas de que la causa es ajena a toda cuestión enraizada con problemas de cualquier índole personal directa, pues a esa rutina estoy acostumbrado. La causa pasa por otros planos indirectos más intangibles y sagrados como el de la esperanza o la ilusión, ambos cimientos en la fe, en esa fe que puede mover montañas. De esa fe o creencia que promueve al individuo en particular y a la sociedad en general hacia lo bueno, más allá del origen cierto o equivocado que le dé sustento. Un tema complejo, que para esta reflexión no viene al caso.
Lo que sí viene al caso es el hecho tan cierto como incomprensible registrado con motivo del acto eleccionario nacional, por el cual uno de los candidatos se autoproclamó electo cuando todavía no había finalizado el escrutinio, ni siquiera se había alcanzado un porcentaje suficiente como para habilitar la proclama dentro de lo decoroso.
Este hecho (a mi modo de ver y lo digo con todo respeto) inusitado, desprolijo y torpe, fue avalado con la presencia y manifiesta complacencia de las máximas autoridades de la Nación, ante el país y ante nada menos que unos mil quinientos medios periodísticos internacionales acreditados para divulgarlo en directo y simultáneo a todos los rincones de la Tierra.
Desde niño aprendí que "para ser travieso, hay que ser cuanto menos prolijito", y que "la mentira tiene patas cortas". Cuando mi padre me preguntaba �a quién se lo atrapa más rápido, a un mentiroso o a un rengo?, yo sabía que me esperaba una penitencia. En esa época yo era un pibe �Cómo es posible que gente mayor, de alta investidura, pueda permitirse la licencia de tomar con tanta ligereza el acto fundamental del sistema democrático de esta bendita nación?
Se me ocurre que sólo un grado superlativo de soberbia colectiva de gobierno puede menospreciar tanto la capacidad inteligente de los ciudadanos argentinos y la capacidad de juzgamiento que el mundo haga de nosotros.
A propósito, vienen a mi memoria unos sanos consejos de mi abuela y de mi madre: "Nene, comportate con compostura, mirá que después la gente comenta". Y agregaba: "No colgués los trapos sucios al sol, porque los van a ver los vecinos". "No te olvides que para muestra, basta un botón". "No te olvides que importa y mucho lo que los demás piensen que sos". "Recordá que no sólo hay que ser, sino parecer". "Actúa siempre con mesura y humildad, mirá que la soberbia es mala consejera".
Ercilio J.M. Rudi - DNI. 6.259.695. Ciudad.