Lengua viva
El adolescente y la cultura

Evangelina Simón de Poggia - evasimon @citynet.net.ar

Si anclamos en la problemática del adolescente frente a su cultura no tendremos más remedio que volver nuestra mirada hacia el "modernismo y posmodernismo", lo que Casullo (Modernidad y biografía del ensueño) entiende como "...la controversia de una época que se siente en mutación de referencias y debilidad de certezas".

Ese mundo modernista organizado, en donde la creatividad y la libertad se sienten como un derecho propio del hombre desde su interioridad, que tiene a la razón como un nuevo ideal legitimador de la organización de la humanidad, ese mundo concibe a la cultura desde la ciencia, el arte y la moral mancomunadas en pro de la búsqueda de certezas absolutas.

Hoy la pregunta es ¿sigue vivo ese espíritu de unidad? ¿Sigue siendo la creencia en el progreso global lo que emancipará y unirá a la humanidad? Lo cierto es que los ideales modernistas se fueron debilitando para dar paso a una nueva visión de la vida y del hombre. Grandes transformaciones se sucedieron. Ahora el devenir de la humanidad se rige por una pluralidad de códigos, los valores no son los mismos para todos, desaparecen las antinomias y, como diría Cristina Reigadas, la cultura moderna empieza a perder vigor y todos aquellos aspectos que en la modernidad vivieron en conflicto, hoy conviven sin fuerza ni pasión. Estamos frente a un nuevo orden mundial y los medios de comunicación están ahí junto al mercado como grandes colaboradores en el eje de la nueva organización cultural. El culto al cuerpo legitima los valores del capitalismo en aras de una pretendida realización personal. Hay tal abundancia de información e impacto visual que no pueden ser elaborados para su "comprensión e interpretación", produciendo la indiferencia del consumidor, el cual llega a la conclusión de que todo es válido. Este debilitamiento de las ideologías, el todo vale, etc., nos puede llevar desde la perspectiva ética a la pregunta ¿no estaremos cayendo en un vaciamiento del conocimiento?

La Argentina vive el clima de la posmodernidad (Beatriz Sarlo) y nuestra juventud está inmersa en él, desarrollando su individualismo en la utopía de la libre elección consumista. Nuestros jóvenes no escapan al mercado de las modas, publicidad, vestimenta grotesca y a un cuerpo con el aspecto deseado. Podríamos seguir refiriéndonos a la práctica del zapping, gran consumidor de la cultura televisiva y su interacción computacional junto a la práctica del chateo como grandes canales de comunicación.

Pero volvamos a la Cultura, ese saber universal al que aspiramos para nuestra juventud, el conocimiento como constituyente del individuo se imparten en nuestro sistema educativo. Pero, ¿qué ha pasado? ¿en qué eslabón se perdió la figura que inspiraba autoridad y respeto y, que era referente "del saber, del conocimiento"? ¿por qué nos cuesta contrarrestar, en las instituciones educativas y en el aula, los efectos de los hábitos adquiridos desde la proyección posmodernista? ¿Acaso estamos dejando que se instale esa cultura utilitaria y consumista de la que hablaba Echeverri (La tragedia educativa), permitiendo que invada la mente y el espíritu de nuestros educandos?

Tal vez, tengamos que reflexionar sobre posibles estrategias que nos ayuden a concienciar a nuestros alumnos de la importancia del conocimiento para su crecimiento espiritual, intelectual y como persona. Que sin él su vida será muy limitada, que no podrá incursionar en estratos superiores de pensamiento, en los procesos cognitivos, en su integración social desde lo laboral, económico, etc. Que "el conocimiento" es como si abriéramos las ventanas, permitiendo que entre una bocanada de aire fresco y nos atraviese. Decía Mallea que "cultura es coronación de grandes y majestuosos sufrimientos. Cultura es todo aquello que no gana, sino que hace ganar. Cultura es todo lo que no triunfa, sino después. Cultura es la esperanza".