Las faltas de "primeras líneas" fue tan notoria tanto en el sector público como en el privado, como parece ser la constante desde los Coloquios de Idea desde 2000. En rigor, cada vez es más claro y patente que el kirchnerismo busca cerrarse sobre un grupo de empresarios que le resulta incondicional, como la Unión Industrial Argentina (UIA) y las cámaras de Pymes.
Allí parece sentirse muy cómodo, hablando en un mismo idioma que no es el de las políticas de mercado. La semana que viene, en la Conferencia Industrial Nacional de la UIA en Pilar se podrá ver otra cosa. En los industriales encuentra una de las patas del pacto social que impulsa Cristina como eje de su plan de gobierno.
En Idea, ese tipo de pensamientos no cuaja. Aunque hubo inscriptas 637 personas al que se considera "el evento empresarial más importante de la Argentina", muy pocas de ellas podrían ser consideradas "empresarios de fuste". Los "grandes" estuvieron un mes antes en el Sheraton, cuando la entonces candidata Cristina Fernández presentó su propuesta.
No hubo funcionarios con rango de ministro; la única representante oficial fue Beatriz Nofal, titular de la Agencia de Promoción de Inversiones, encargada de convencer a empresarios de afuera para que vengan a poner plata en la Argentina. Así, el escenario estuvo a disposición para las figuras de la oposición, como Ricardo López Murphy, Francisco De Narváez y Santiago del Sel, además del empresario textil Juan Carlos Blumberg, y del gobernador electo de Santa Fe, Hermes Binner, pero tampoco lo supieron aprovechar.
La grata experiencia de haber contado con la ahora presidenta electa en un encuentro de Idea antes de las elecciones despertaba alguna expectativa de una nueva relación con el gobierno. Pero, por el momento, nada concreto.
Hubo presiones sobre panelistas en el caso de la mesa de energía, en la que un expositor fue reemplazado en medio de noticias de intervenciones del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Otra versión indica que el presidente Kirchner se molestó por las críticas de varios empresarios en una mesa de intercambio cerrada, donde se habló de corrupción.
La pregunta que cabría hacerse es dónde estaría el límite de la paciencia de los grandes empresarios argentinos ante la falta de interés del gobierno en sus asuntos. Claramente se ve, hacia el final del mandato de Néstor Kirchner, que, a pesar de las críticas en voz baja, estos sectores han ganado dinero y que, mientras eso siga pasando, la discreción es el mejor camino.