"Desde los 13 años estudio música, pero cuando terminé la escuela secundaria decidí elegir esta profesión con todo lo que implica, con las dificultades que significa vivir de la música en Santa Fe. He recorrido un trecho y sigo estudiando. Me estoy por recibir en el Instituto de Música de la UNL. Estoy haciendo lo que me gusta, así que no me puedo quejar. Toco en varios grupos, tengo la suerte de estar en Jazz Ensamble que es un grupo muy importante para la cultura de Santa Fe por todo lo que aporta y lo que hace por el jazz, una música que me apasiona".
"La vocación nació en mi casa, donde siempre se escuchó mucha música y buena. Siempre tuve ese interés, me gustaba mucho cantar. En 7° grado había empezado a venir al Liceo, después seguí con un profesor que iba a San Carlos a dar clases de saxo y más tarde, a través de Cristian Bórtoli, llegué a los primeros ensayos de la Ensamble Junior. Lo conocí a Víctor (Malvicino) y escuché por primera vez sonar un instrumento como lo escuchaba en los discos. Tenía 16 o 17 años".
"Es una responsabilidad por lo que significa para la cultura de Santa Fe, y para todos los músicos que trabajamos por pasión, por ganas de juntarnos a tocar en una big band. Es una experiencia única y para la gente también. Es un placer, un lugar de aprendizaje, de amistad, donde uno se encuentra con gente amiga, además de excelentes músicos. Todo eso hace que para mi sea muy importante".
"Ahora estamos armando con el guitarrista Sebastián López un proyecto que vamos a presentar en diciembre en el Patio del Rectorado, con temas míos y de otros músicos. Y sigo estudiando. Otra de mis ideas es irme a Buenos Aires a estudiar, pero siempre con la idea de volver porque hay que seguir trabajando por la cultura y la música de la ciudad, tratar de sumar a las experiencias como las de Jazz Ensamble. Muchas cosas se generaron a partir del grupo, como el Festival de Jazz, uno de los más importantes del país".
"Jazz y rock también. Cuando empecé con la música, lo hice con el rock por una cuestión de edad. Lo que tiene el jazz es que el sonido cobra una importancia muy preponderante, más allá de la letra, de la actitud del grupo y aparte por la creatividad del instrumentista a la hora de improvisar. Me gustaba mucho eso de improvisar, de generar una composición a partir de las ideas que surgen en el momento y cómo todo eso exige una exploración en el instrumento. A nivel expresivo me llegó mucho más que otra música. Me gusta mucho la música clásica también, pero no es mi fuerte".
"En Santa Fe, la gente joven se acerca al jazz. De hecho, la Jazz Ensamble Junior existe y ha organizado muchas actividades de articulación con instituciones. Hay lugares en Santa Fe donde uno puede ir a tocar. Hay un recambio de gente y de público. �Qué tiene en común el público de jazz?. Es el gusto por la música, nomás. Una música que tiene un origen popular pero es exclusivamente para escuchar. Si bien en su origen fue bailable, a partir de la década del '40 empezó a ser una música de arte, aunque conserva esa raíz que le permite llegar a la gente".
"Tengo un grupo de funk que se llama `NewJazz Groove', con el guitarrista Sebastián López, que está estudiando en Buenos Aires, José Viggiano en la batería y Nano Silva en el bajo. Ahora se sumó Francisco Lo Vuolo. Con él estamos tocando bastante junto al contrabajista Gonzalo Carmelé y con el baterista Francisco Larpin. Toqué también en grupos con Pedro Casís. En los comienzos, en San Carlos tocaba en `La Fuga', un grupo que recuerdo con mucha ternura. Eso también tiene que ver con la razón de haber elegido la música. Era un espacio en el que la pasábamos bien y compartíamos cosas muy importantes. Empecé cantando, pero eso quedó rápidamente en el olvido, por suerte (risas). Después empecé a estudiar saxo más seriamente y tarde o temprano escuché a Charlie Parker y músicos que son grandes inspiraciones. Lo que me pasó cuando conocí a Víctor (Malvicino), a Charly (Avveduto) y a Carlitos (Michellini) fue que eran los primeros saxofonistas que escuché en vivo y sonaban como en los discos. También toco en Sig Ragga, un grupo de Santa Fe que está muy bueno".
"El año pasado trabajé en un crucero. Fueron tres meses por el Mediterráneo y parte de Asia. Fue una experiencia muy interesante. Es difícil, no tanto a nivel profesional como a nivel personal. Estás lejos y pensás: `estuve en esos lugares...' pero no es tan así. Se trabaja de lunes a lunes. Pero fue una experiencia muy buena.
Bruno Rosado nació en San Carlos Centro hace 28 años. Estudió en el Colegio Sagrado Corazón y está a punto de terminar la Licenciatura en Música con orientación de Saxo en el Instituto Superior de Música de la UNL. Estudió improvisación con Carlos Michelini y Adrián Barbet, "que ahora está en Río de Janeiro y fue un profesor muy importante para mi". Se perfeccionó en saxo con Víctor Malvicino y actualmente con Diego Nuñez. Tiene sólo palabras de reconocimiento para sus colegas.
Opina que "ser músico es una decisión de vida que implica, como toda profesión, dedicarle todos los días tiempo al estudio, a tratar de mejorar y a cumplir con todas las obligaciones".>
Vivir de la música "es difícil; uno trata de hacer todo lo posible y buscar alternativas". A su carrera musical suma la enseñanza con clases particulares y reemplazos en escuelas.>
"Los músicos tenemos la responsabilidad de cuidar los espacios y una forma de hacerlo es que la propuesta tenga una buena calidad para que la gente se siga sumando", concluye.>