Aunque para los extranjeros el término "filete" se asocie en su mayoría con la comida, Buenos Aires encontró hace un siglo un nuevo significado para esta palabra, convirtiendo al "filete" en un tipo de decoración compuesta por dos elementos: un breve mensaje escrito y otro icónico realizados en vivos colores y formas muy definidas.
El filete ha dado una imagen particular a Buenos Aires, cambiando los clásicos carteles de las tiendas y las fachadas sobrias de las casas en obras de arte fileteadas, con letras diseñadas de formas originales y pintadas con finos pinceles de pelo de vaca.
En plena revolución tecnológica, donde el diseño gráfico y los ordenadores son las estrellas de las campañas publicitarias, los fileteros tradicionales son reclamados por grandes empresas internacionales para obtener publicidad original.
"Dentro del mundo globalizado en el que entramos, los filetes son algo diferente y original para romper la monotonía", explicó a Efe Alfredo Genovese, fileteador desde hace más de 20 años y autor de un cuaderno educativo sobre este arte.
"El filete es una expresión netamente urbana, pero sobre todo es un emergente de la sociedad de Buenos Aires. Se apela al lenguaje típicamente urbano para contar los acontecimientos de la capital argentina", afirmó en el prólogo del cuaderno Leticia Maronese, miembro de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de Buenos Aires.
El filete tiene, según Genovese, tres valores que le dan un atractivo local e internacional: "implica lo tradicional o lo antiguo, remite a Buenos Aires, al tango, a Argentina, y remite también a lo artesanal o muy elaborado".
"Originariamente fue marginado por la elite porteña en tanto que era considerado la expresión de sectores populares y por ende vinculado a la cultura popular de los arrabales", cuenta Maronese.
La tónica cambió en los últimos años y Evian, Much Music y Danone son algunas de las empresas que se han animado recientemente a incluir diseños fileteados en su publicidad.
La máxima modernización de esta expresión que empezó como "un arte popular con una cadena de producción artística marginal" se encuentra en su aplicación en el body painting.
"Las nuevas aplicaciones muestran cómo el filete ha dejado de ser un arte de suburbios para representar la elegancia y la originalidad, ya sea en cuerpos pintados o en tatuajes", explicó a Efe Alfredo Genovese, quien también crea diseños para ropa.
A simple vista, un filete puede parecer fácil de pintar, pero la técnica para realizar estos diseños dista mucho de ser un juego de niños, ya que requiere ante todo mucha imaginación y después precisión.
"Primero se dibuja en papel vegetal el diseño, luego se perfora la silueta y se sitúa encima de una lámina negra. Entonces se pasa un trapo con polvo por encima y queda grabado el dibujo en la superficie oscura y se puede empezar a pintar", afirmó Genovese.
Esta técnica varió en los últimos años por el interés del público en transportar estos diseños al mundo textil. Así, son ya miles de personas que reclaman tener fileteados sus pantalones, sus zapatos y por qué no también las camisetas.
"El filete en la indumentaria es algo muy novedoso, no sólo por ser una nueva moda sino porque implica trabajar en otras superficies y por lo tanto hay que tener en cuenta otros aspectos en el momento de pintar", apuntó Genovese.
De este modo, cuando un fileteador diseña un dibujo para pintar en la ropa debe tener en cuenta que si se trata de una venta al por mayor el diseño debe estar digitalizado y a la hora de hacer el original se tiene que pensar en cómo quedará digitalizado.
"Cuando pintamos diseños para ropa se debe pintar en más detalle porque es diferente que hacerlo en directo, ya que esta vez se retoca por ordenador", explicó.
Una de las características esenciales de los filetes que no se ha perdido con el paso de los años son las leyendas que en ellos se inscriben, no tanto como una forma de lucha social, de reivindicación, sino que son leyendas en las que el hombre asume que su vida está en manos de Dios o el destino.
"Vivir sin arriesgar no es vivir", "Sagrado Corazón en vos confío", "Jesucristo es mi copiloto" o "Gracias a mi esfuerzo" son algunas de las clásicas leyendas que aparecían en carros y autobuses.
Ahora, el humor también ha hecho su incursión en el mundo del filete y muchos son los carteles que se venden con frases como "Se doman suegras a domicilio", "Ronca, pero no duerme" o "Lo mejor que hizo la vieja, este pibe que maneja".
Dependiendo de la complejidad de la obra, el filetero puede tardar más o menos en realizar el proyecto. Así, para filetear un coche se puede tardar dos meses y cobrar alrededor de mil dólares y pintar unos pantalones puede llevar tan sólo una semana.
La pasión por el fileteado en los autobuses llegó hasta tal punto que era casi imposible distinguir las diferentes líneas y hasta 2006 estuvo prohibido el pintado de insignias, arabescos y adornos.
El filete nació en Buenos Aires de manos de unos inmigrantes italianos que se dedicaban a pintar los carros y comenzó "siendo una decoración muy simple que se ha ido enriqueciendo con los años", dijo Alfredo Genovese, fileteador desde hace más de 20 años, quien apuesta por creaciones originales y no los clásicos motivos para souvenirs.
"El filete se centraba antes en ser la iconografía del tango y en decorar los autobuses con banderas nacionales y motivos del imaginario popular, pero ahora esta clase de diseño se dirige sólo al turismo. Ahora se experimenta más", afirmó Genovese.