El equipo de ministros de la presidenta electa Cristina Fernández fue anunciado con inusual anticipación, tal vez para evitar que la ola de rumores y trascendidos terminaran condicionando su capacidad de decisión.
A primer golpe de vista, la personalidad política de los ministros permite señalar que la continuidad se equilibra con el cambio, situación previsible si se tiene en cuenta la relación política existente entre Cristina Fernández y Néstor Kirchner.
Al respecto, es posible afirmar que en la dialéctica continuidad-cambio lo que se impone es la continuidad. A nadie debería sorprender esta afirmación atendiendo las singulares condiciones políticas del actual dispositivo presidencial en Argentina. La continuidad, básicamente, se expresa en la presencia de Julio de Vido y Aníbal y Alberto Fernández, tres ministros paradigmáticos de la gestión Kirchner y, seguramente, los más controvertidos, pero también los más importantes de su gobierno.
En la misma línea pueden ubicarse, por ejemplo, Nilda Garré en Defensa, Jorge Taiana en Relaciones Exteriores y la propia hermana del presidente, Alicia Kirchner, en Bienestar Social. Carlos Tomada, en el Ministerio de Trabajo, no sólo es continuidad sino reafirmación de la política a implementar con el movimiento obrero organizado.
La presencia de Juan Carlos Tedesco en Educación, Florencio Randazzo en el Ministerio del Interior o Graciela Ocaña en Salud, más que un cambio implica una promoción, en tanto que estos funcionarios se identifican con la estrategia del oficialismo desde hace años. En todo caso, lo que hay que destacar es que se trata de personas prestigiosas por su labor intelectual, su capacidad de gestión o su integridad moral.
La gran novedad ha sido la designación de Martín Lousteau en reemplazo de Miguel Peirano en el Ministerio de Economía. El funcionario designado ha despertado razonables expectativas por su juventud y sus calificaciones académicas. A tal punto que importantes dirigentes de la oposición, como López Murphy, lo han ponderado.
Lousteau mantiene buenas relaciones académicas con González Fraga y Alfonso Prat Gay. El dato debe señalarse porque son los principales economistas del arco opositor, es decir, las coaliciones lideradas por Lavagna y Carrió.
Habrá que prestar atención a los grados de autonomía que dispondrá Lousteau, sobre todo atendiendo a los condicionamientos que recibieron Miceli y Peirano, pero en principio se trata de un funcionario con buenos antecedentes académicos, quien expresa a través de sus saberes el sentido común mayoritario de la sociedad en materia económica.
Sin duda, los nombres de los ministros interesan a la hora de evaluar a un gobierno, pero queda claro que la prueba decisiva a la que deberá someterse el equipo de gobierno será su propia acción. La mayor o menor autonomía de los funcionarios es importante, pero sobre todas las cosas interesa la calidad de la conducción política y de los proyectos de nación a desarrollar en el mediano y largo plazo.